Atentamente. Con cariño.

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Epílogo.

LUCIA: ¡Abuelo!

GONZALO: ¿Qué pasa hija? ¿Por qué gritás así?

LUCIA: Perdón. Encontré algo en una de las cajas de la mudanza. Sé que no debí leerlas, pero no pude aguantar las ganas. Sabés que soy curiosa. No te enojes, por favor.

GONZALO: No te entiendo Lu. Hablale más despacio a este viejo. ¿Qué es lo que encontraste?

LUCIA: Las cartas. Supongo que eran tuyas y de la abuela. Recién terminé de leerlas. ¿Por qué nunca me contaste esa historia? Siempre dijiste que se vieron por primera vez en su fiesta de graduación, y es verdad en cierto modo, pero nunca me hablaste de lo que pasó antes.

GONZALO: En primer lugar, no debiste leerlas sin permiso. Y en segundo lugar, no te lo conté porque era un secreto entre tu abuela y yo. Ahora ya lo sabés, y espero que esto quede entre nosotros. No quiero que se lo cuentes a nadie. ¿Puedo confiar en vos?

LUCIA: Si. Pero...

GONZALO: ¿Pero?

LUCIA: Ya que leí las cartas aunque no debía, ¿podrías contarme qué pasó después? Hay muchas cosas que no me quedaron claras, y otras que sospecho pero no estoy segura de tener razón. Por favor, no seas malo.

GONZALO: Bueno. Supongo que contarte un poco más no va a cambiar nada. Pero no le vayas a mencionar a tu abuela que hablamos del tema. ¿Está claro? Ya no estoy en edad de andar renegando.

LUCIA: Esta bien abuelo, no te enojes. Yo no tengo la culpa de que esa caja haya estado ahí. Solo la encontré y quise ver si era algo importante. Pero bueno, ya no menciono más el tema. Contame qué pasó cuando se encontraron.

GONZALO: Bueno. Como habrás leído, en mi última carta le escribí que me retrasaría un poco. Recuerdo que estaba tan emocionado aquel día que ese "poco" me pareció una eternidad. Quería llegar antes para verla, pero los padres de Diego tardaban bastante en llegar. Creo que...

LUCIA: Esperá. ¿Diego? ¿El tío Diego era el chico del equipo?

GONZALO: Insisto en que no es justo que a él le digas tío y a mí, abuelo. Es un año mayor que yo. Y sí, él era el chico del equipo. ¿Continúo?

LUCIA: Si, joven abuelo, continúe por favor.

GONZALO: Gracias. Como iba diciendo, la espera se me hizo interminable. Para cuando los padres de Diego llegaron ya había dejado un surco en el suelo de tanto ir y venir. Nunca antes había estado más nervioso. La forma en que me enamoré de tu abuela no podría explicarla, pero me hacía querer estar únicamente con ella. Incluso pensé en romper el romanticismo y buscarla apenas llegara, pero tu "tío" me convenció para que no lo hiciera.

Llegamos al salón media hora antes de medianoche, más o menos. Vi a tu abuela reunida en una mesa con sus amigas. Estaba hermosa. A pesar de los 60 años que llevo a cuestas, jamás olvidé un solo detalle de esa imagen.

Llevaba el pelo suelto y ondulado, cayendo sobre sus hombros. Se había puesto un vestido largo color salmón, muy bonito. Y estaba sonriendo, con esa preciosa sonrisa que al día de hoy no me canso de ver. Si hubiera tenido alguna duda sobre lo que iba a hacer esa noche, habría bastado verla para que desapareciera.

LUCIA: ¡Que romántico! Nunca imaginé que su historia era tan hermosa.

GONZALO: Si, lo fue. Y lo sigue siendo. Sigo amándola tanto o más que el primer día.

LUCIA: ¿Y qué pasó después, cuando llegó la hora?

GONZALO: Me mantuve lejos de su radar hasta entonces. Como imaginarás, estuvo recorriendo el salón con la mirada todo el tiempo, esperando encontrarme. Cuando al fin llegó la hora la vi caminar al centro lentamente. Se notaba que estaba asustada, y supongo que era lógico después de lo que había pasado. Esperé un rato para acercarme porque también tenía miedo, pero no tardé mucho en recuperar el coraje.

Me encontró antes de que acabara de llegar. De haber tenido una cámara en ese momento habría capturado todas y cada una de las expresiones que puso al verme. Recuerdo algunas como confusión, sorpresa, enojo, y hasta diversión.

LUCIA: ¿Por qué? ¿Se supone que no se conocían? Sé que hablaron en algún momento pero, si eso hubiera sido suficiente para reconocerte, lo habría hecho mucho antes.

GONZALO: Es verdad, antes de empezar con las cartas habíamos hablado una vez, pero fue una charla tan superficial que no la recordaba. Sin embargo, hablamos algunas veces más después de comenzar la relación, y de esas sí se acordaba.

LUCIA: ¿Hablaron? ¿En qué momento? No leí nada de eso. A menos que...

GONZALO: Si, justamente ahí.

LUCIA: Esperá. ¿Me estás diciendo que vos eras...?

GONZALO: Si, yo era ese supuesto amigo del parque que le daba las pistas. También fui el amigo que cruzó por su lado hablando del tal J. Claro que nunca me referí a mí mismo como "un amigo". Eso fue una conclusión de tu abuela que no quise corregir. Aunque, en mi defensa, nunca dejé de recordarle que estaba más cerca de lo que ella pensaba.



E. D. Laurent

Editado: 29.12.2018

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