Aurora

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IV

Carrasco tomó la calle principal hacia Amat a toda velocidad. Su sentido de ayudar a los demás se había cultivado desde niño y con el pasar de los años ese pensamiento se fue fortaleciendo hasta el día q ingresó al cuerpo policial. Al llegar allí nada era lo que había esperado toda su vida. Todo estaba inmerso en corrupción, negociaciones con políticos, incluso con los mismos delincuentes que por unos billetes salían libres en un par de horas. Cuando llego a Amat diviso por entre los callejones a algún conocido que pudiese ayudarlo a encontrar a esa mujer. Apañado en oscuridad vio al Búho, un microcomercializador de drogas que ya era conocido en la estación por sus múltiples denuncias y por sus enormes ojos pronunciados q eran motivo de burla. Carrasco se acercó con la patrulla suplicando por un poco de suerte.

- Búho, hace un momento pasé por aquí y oí gritar a una mujer, parecía huir porque escuchó un disparo.

- si jefe, era una rubia de vestido rojo, muy bonita, la vi correr. Pero lo único que sé es que el único que ha disparado esta noche es Tula.

- ¿Tula? Esta bien, iré para allá. Gracias.

- Jefe, no se olvide de esta ayuda la próxima vez que vaya de visita, recuerde que favor con favor se paga.

Carrasco fruncio el ceño y sin dar respuesta fue a buscar a Tula, el travestí más avezado de las oscuras calles de Amat. Se encontraba recostado sobre una pared, fumando un hamilton y jugando con su cartera mientras ofrecía sus servicios. Bajo la luz correcta casi no se podía notar su rostro equino. Carrasco acercó la patrulla pero Tula se quito los tacos y empezó a correr, sus pasos de maratonista le permitieron huir de Carrasco unos momentos, pero una piedra en el camino la hizo tropezar. Carrasco bajó de la patrulla y se colocó sobre el.

- ¿Porque le has disparado? ¿Quien era? ¿Que te hizo?

- Tranquilo jefe, aun esta viva, no le disparé a ella. Disparé al aire para alertar a los demás. Era una rubia que siempre va a la comisaría, creo que es esposa se uno se ustedes.

Carrasco hizo memoria y la única rubia que visitaba la estación era Ursula, la esposa de Ventura.

- ¿Que te hizo ella para que dispares?

- Creí q era una soplona que pasaba por aquí para irle con el chisme a ustedes.

Eso no tenia sentido para Carrasco, los familiares de los policías estaban prohibidos de hacer estas cosas para proteger sus vidas. El oficial subió al vehículo, y cogió su celular para llamar a Ursula.

- ¿Hola?

- Hola Ursula, soy el oficial Carrasco, compañero de Ventura. Ya me enteré lo que ocurrió en Amat ¿Esta usted bien?

- Quiero explicarle todo en persona oficial - se le entrecorto la voz - no vaya a decirle nada a mi esposo. Por favor venga a mi casa en cuanto tenga tiempo, necesitó hablar con usted.

- Tranquila señora me dirijo para allá.

Mientras Tula veía alejarse el vehículo cogió una piedra y se la aventó sin mucha suerte, se volvió a colocar los tacos y se fue dando pasos cansados a la esquina donde frecuentaba a sus clientes.



Steven R. Kendwing

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En el texto hay: crimen, misterio, amor prohibido

Editado: 02.03.2018

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