Autos, tuercas y mentiras

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—¡Hey tuerquitas! ¡Apúrate o llegaremos tarde! —grito José desde la entrada de la casa.

—¡Ya voy viejo! —respondí desde mi habitación.

—Deja que se tome su tiempo. —hablo el menor de mis hermanos hombres—. Es difícil ponerse esas vendas.

—¡Listo! —baje a saltadas los escalones.

—¿Te la pusiste bien? —me pregunto Marcos—. Mira que esta vez no etrare al baño de niñas ayudarte arreglar esa cosa.

—Lo se. —respondí molesta.

—¡Ustedes! Vamos ya... —hablo desde afuera Richard.

Nos dirigimos a la escuela en el auto de José, nuestro padre le había comprado uno para que vallamos a clases más cómodos. 

Desde niña me han gustado los autos, por lo que al entrar a la secundaria, me hice pasar por chico para poder asistir al taller de mecánica. Mi padre, por ser el mejor amigo del dueño del colegio, habló con él para dejarme estar en ese taller como un chico. Aparte de mi padre y hermanos, los únicos que sabían mi verdadero nombre era mi mejor amiga y el dueño del colegio.

—¡Amor ya llegaste! —corrió hacia mí una chica de ojos grandes, color marrón, alta, con una figura envidiable, unos labios finos y suaves, el pelo le llegaba hasta la cintura, todo lo contrario a mi—. Y extrañe tanto —dijo mientras besaba mí mejilla.

—¡Ay Selena! No seas tan pegajosa —la alejé de mi mientras limpiaba mí mejilla—. Por estas cosas, algunos chicos me odian.

—¿No me extrañaste? —hablo haciendo un puchero, ignorando todo lo que le dije.

—Nos vimos ayer y hablamos hoy en la mañana…

—Y han pasado exactamente 30 minutos desde esa llamada —me volvió a abrazar.

Selena siempre ha sido así. Somos mejores amigas desde los 3 años, la he protegido desde entonces. Cuando entramos a primaria muchos niños ya andaban detrás de ella, y a todos los decía que yo era su novio, sin más remedio me hacía pasar por su "eso" ganándome el odio de ellos.

—La pareja de tortolitos —dijo Marcos—. Guarden su amor para ustedes.

—Cállate —dije—. Sele deja de pegárte tanto a  mí —la separe de mí.

—No me quites a mi flaquito —dijo José, ahora abrazándome—. Jamás te lo daré.

—No soy un objeto —golpeé su estomago.

—Todos saben que me pertenece —ahora me agarro Richard.

—¿Tu también? —lo miraste amenazante.

—Sabes que me amas a mi —me guiño el ojo como respuesta.

—Dejen de jugar conmigo —hable, ya molesta.

Siempre juegan de esa manera conmigo, diciendo que soy de cada uno de ellos y que no compartirán mi “amor” con el otro, pero ellos sabían que preferiría mil veces desarmar y armar un auto que a ellos.

En el taller de mecánica estábamos mi hermano José, Marcos y Selena. Si, a ella igual le gustaban los auto, aunque creo que solo estaba ahí por mi hermano Marcos, ellos se han gustado desde niños, solo que son tan idiotas que no se lo dicen entre ellos.

Mi hermano Richard estaba en el taller de administración de empresas, quería seguir con el negocio de nuestro padre, pero desde una oficina y no un taller.

Nuestro colegio tenia talleres que nos ayudaba a juntar puntos para ir a la mejor universidad respectivos de los talleres.

—¡Selena! —dije casi gritando—. No saques esa pieza.

—No me grites, no fue intencional —se defendió haciendo un puchero.

—Sin esto el auto no partirá —se la quité antes que maté a alguien.

—Es una pieza pequeña, ni que fuera importante esta cosa con dientes —se defendió mientras miraba fijamente el objeto.

—Es importante y no es cosa con dientes, se llama fusible —lo puse en su lugar—. Sigo pensando que no debiste venir a este taller solo por Marc… —no me dejo terminar ya que me tapo la boca.

—No digas su nombre —susurro mirando a su alrededor. Nadie escucho.



PARKLOVE

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En el texto hay: tomboy, homfobo, primer amor

Editado: 26.02.2019

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