Aventura De Una Ama De Casa Desesperada #3

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Día 16 - Parte II

Martes, 21 de octubre

Llego al instituto y recorro con afán los desocupados pasillos hacia la dirección, tratando de no desesperarme por tanto pensar en lo que le habrá pasado a mi niño. Ya no hay estudiantes, más que los que vi en el campo de fútbol. Al parecer, todo se ha dado a la salida de las clases. Veo a mi niño sentado afuera de la oficina del director y otro chico más fornido que él, con la nariz rota, a un par de sillas más allá. Levanta la mirada al escuchar mis pasos y se yergue cuando nuestras miradas se cruzan recorriéndome de pies a cabeza con el ceño arrugado, lo que provoca que quiera reír. Me detengo frente a él y me arrodillo tocando el moretón en su mejilla.

—¿Qué sucedió, mi bebé?

Baja la mirada, avergonzado, y sujeta mi mano estrechándola. Cierro mis ojos y le devuelvo la caricia. Sé que debe haber una explicación.

—Te ves linda, mami.

Sonrío y niego por su cambio de tema. Es todo un experto en eso.

—Gracias, mi amor, pero eso no te salvará del interrogatorio.

Sonríe y besa mi cabeza.

—Señora King, que gusto volver a verla. —El director saluda y me levanto para recibir su regordeta mano. Me mira de pies a cabeza y sonríe de una manera tan poco agradable, que me hace sentir incómoda—. Los padres del señor Whitaker no demoran en llegar. Gracias por llegar tan rápido.

Miro al chico junto a nosotros y veo cómo contrae su rostro y aprieta sus grandes puños. Me imagino que para sus padres no será algo lindo haber sido llamados para algo semejante.

—Gracias, señor Simmons.

Sonrío y él me corresponde, pero no de la manera que me agrada, y mi Jake parece notarlo.

Todos giramos cuando escuchamos unos pasos y no me pasa desapercibida la manera cómo se relaja el muchacho. Me extraño al ver a John acercarse y su linda sonrisa me hace sonrojar cuando me observa con apreciación. Eso es algo muy extraño en él, no recuerdo la última vez que me miró de esa manera, como si fuera algo que en verdad disfrutara. Mi niño bufa y se pone de pie, para alejarse de mí. Debo entender que aún sigue molesto. Espero que esto mejore pronto, y no lo digo precisamente por John, sólo no me gusta ver a mi niño así, triste.

Atrás de John viene una pareja y debo asumir que son los padres del otro chico. Este se pone de pie y parece nervioso.

—Hola, nena —saluda y se acerca a mi oído—. Estás hermosa.

Me obligo a sonreír, pero sé que me he sonrojado, y John besa mi mejilla sonriendo. Mi niño rueda los ojos y se cruza de brazos recostando su peso a la pared. Pero esta actitud tan repentina me ha dejado como piedra.

—¿Te encuentras bien? —le pregunto incrédula.

Rasca su cabeza y aparta la mirada. Hombres.

—Como ya estamos todos los interesados, podemos pasar —anuncia el director.

Nos abre campo para que pasemos a la oficina. Los padres del otro chico no abren la boca ni para saludar. Pobre niño. Todos nos sentamos y los chicos se quedan de pie, detrás de nosotros. El director empieza a hablar y lo escuchamos con atención.

—Buenas tardes, señores King y señores Whitaker. Es una pena para mí citarlos para este tipo de situaciones que, evidentemente, no es algo usual, ya que sus hijos son modelos en esta escuela…

—Vayamos al grano. No tengo todo el día —gruñe el padre del otro chico.

Ruedo los ojos y niego ante el mutismo de la esposa.

—Está bien —dice tranquilamente el director—. A los jóvenes se les encontró discutiendo acaloradamente y, posteriormente, se tornaron más agresivos en el pasillo de la escuela a la hora de la salida, pero ninguno ha querido decir a que se debió el altercado.

Miro a mi hijo, pero aparta la mirada, no se ve arrepentido. John sujeta mi mano y me susurra que en casa hablaremos con él, está seguro que todo debe tener una buena explicación. También lo creo, mi niño nunca ha sido agresivo. Arrugo mi entrecejo cuando deja su mano prendida a la mía como si fuera un hecho normal que una pareja divorciada, o separada, se trate con cariño como si aún se amara. Nunca me había sentido tan incómoda en mi vida.

Mi teléfono suena y me disculpo para apagarlo sin siquiera fijarme de quien se trata. Mi hijo es más importante en este momento y me preocupa que el tema de la separación le esté afectando más de lo que creemos.

—Nos veremos obligados a tomar represalias, esto no es un comportamiento que nuestra institución apruebe. Ambos serán suspendidos por lo que resta de la semana.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 09.10.2018

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