Aventura De Una Ama De Casa Desesperada #3

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Día 21

Domingo, 26 de octubre

Me remuevo, siento mis huesos hechos gelatina y me quejo al mismo tiempo por mi cabeza a punto de estallar. Siento como si me hubiera tomado la barra entera. Tapo mis ojos con mis manos, en un vano intento de traer a mi mente alguna imagen que salve mi reputación, pero es inútil y me odio al instante. Lo último que recuerdo es abrazar a las chicas cuando brindábamos por los nuevos bebés de la familia.

Eso es todo.

¿Por qué tendré que ser así? Es tan frustrante.

¿Será que Gavin iría?

   Aunque no creo que él quisiera que lo vieran. Suspiro y me siento en mi cama, pero me congelo al ver mi cuerpo desnudo. Toco mi entrepierna, el alivio llega al notar que tono allí abajo sigue igual de abandonado, pero... ¿por qué estoy húmeda y sensible allí?

No me habré tocado, ¿cierto?

Espero que sí, pero mis pechos mordisqueados y sensibles me hablan de otra cosa muy perturbadora. Esto es una locura y ahora mismo deseo salir corriendo a esconderme debajo de una piedra y permanecer allí hasta que mi pellejo se diseque.

¿Sí sería él?

—Por lo menos espero que lo haya sido.

Si no fue así, muero, aunque tampoco me entusiasma mucho la idea... ¿Por qué?

Palpo la cama y la humedad se siente, y mucha, además del tibio calor y cierto aroma que recuerdo haber sentido antes, pero no viene a mi cabeza qué. Alguien durmió a mi lado y pasaron muchas cosas, es la única realidad que puedo asegurar. Como si mis pechos y mi entre pierna, que me hace gemir con sólo cerrarla, no fueran suficiente evidencia.

Tomo mi teléfono con manos temblorosas por la nueva preocupación, lo enciendo para ver lo que he hecho. Conociendo a Paula, ha documentado todo lo que hice. Veo los mensajes en mi WhatsApp. Las chicas preguntan si estoy bien y aseguran que si tengo alguna laguna, que no dude en llamarlas. A todas. El último mensaje que tengo de Gavin, es él preguntando si quería que nos viéramos anoche.

—Dime que no he hecho algo vergonzoso —chillo una vez Paula contesta y ella ríe.

—No tanto —murmura somnolienta y ruedo los ojos cuando la escucho chillar como gato y a Brad decir algo parecido a «Quieta, mi señora, o estarás en peligro». Ella ríe antes de devolverme su atención. Si no fuera urgente lo que necesito saber ya hubiera cortado, para no enterarme de los preámbulos de este par—. Desapareciste, luego regresaste con tu labial corrido, tu cuello irritado, tu blusa mal puesta y sin zapatos, sólo dijiste que te ibas.

Toco mi cuello y corro al baño para mirarme. La irritación y la sensibilidad están, como si hubieran pasado una lija. Guao.

—¿No lo vieron?

—Lucy, que se fue con ustedes. Me aseguró que ibas en buenas manos, pero la desgraciada tiene la lengua amarrada. La torturaré hasta que me lo diga.

—Será todo un reto para ella. Batalla de embarazadas, ¡yupi!

—Te odio. —Guarda silencio por un rato y su suspiro me preocupa—. ¿Lucy te dijo anoche lo que pasó con ese tal Oscar, el chico de Georgi?

—¿Qué pasó?

—Es amigo del idiota Chase. Lucy lo reconoció cuando Georgi nos mostró su foto, por eso se fue contigo. Estaba muy asustada y ahora Georgina también lo está.

Y así nada más, mis problemas parecen estúpidos y pierden importancia. Corto la llamada sin esperar y marco el número de la morena. Afortunadamente contesta al primer tono.

—Sí lo conocí —dice sin esperar—.  Pero no te diré nada. Me hiciste jurar que no lo haría y él igual.

—Me preocupaba haber amanecido con alguien más, pero me importa aún más saber cómo estás tú. Paula me contó.

—Estoy bien. Alex acaba de llegar y está con Mark hablando al respecto. Heidy se ha llevado a Georgina a su apartamento para mantenerla segura hasta no saber por qué ese asqueroso sujeto está rondando a nuestra amiga.

—Esto ya debería ser cosa del pasado. ¿Cómo te sientes?

La escucho gimotear y froto mi pecho al imaginarla con su mano sobre su cuello. ¿Hasta cuándo ese sujeto seguirá lastimándola?

—¿Quieres que vaya, cariño? —le pregunto. Me angustia sentirla de esta manera, recordar esa vez que la encontramos golpeada en ese apartamento donde solía vivir, me parte el corazón.

—Estoy bien. Estoy en casa.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 09.10.2018

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