Aventura De Una Ama De Casa Desesperada #3

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Día 22 - Parte II

Lunes, 27 de octubre

Una vez en el auto con Dan y la otra mujer —ya olvidé su nombre—, les digo hacia dónde vamos e intento calmarme.  Es increíble cómo logra ponerme nerviosa, como si fuera alguien importante en mi vida. Al llegar al precioso hotel de fachada antigua, pero indudablemente lujoso en su interior con sus pisos oscuros y relucientes, paredes blancas y pulcras; quedo deslumbrada a cada paso que doy hacia la recepción, personas elegantes caminando de un lado a otro, nadie parece fuera de lugar, excepto yo, a pesar de no estar tan mal con mi sastre gris oscuro y mis altísimos zapatos color coral. Pregunto por él a la mujer de la recepción, por demás preciosa, aunque con exceso de maquillaje, y ella personalmente me guía hacia, el que se supone es, el salón de eventos donde se hará la importante fiesta de la agencia. La mujer, antes de desaparecer, dice que el señor me atenderá en un momento. Cuanto respeto. Recorro el salón con la mirada y realmente me gusta lo que han hecho, no hay nada malo con la decoración a mi parecer. Todo se ve terrorífico y fúnebre, tal y como se esperaría para una fiesta como la que se dará dentro de cuatro días y a la que todos ansían venir, sin mencionar el poco tiempo que ha tenido la mujer para organizar todo. Era la fecha preferida del señor Arthur, el padre de mi jefe, para darle un incentivo a sus empleados. En todos mis años en esta empresa, nunca he asistido a esta fiesta, prefiero acompañar a Amy a pedir dulces, pero he sabido que es una gran fiesta, a la que asisten todos los empleados, modelos, directoras y administrativos, Paula mencionó que desde que Walker está al mando lo ha vuelto más que una fiesta de empleados, es mucho de negocios combinado con diversión.

Camino dando vueltas por el amplio lugar cubierto por cortinas negras y rojas de apariencia desgastadas y maltrechas, calabazas decorativas con velas eléctricas apagadas, fantasmas colgados en el techo que, si fuera una niña, podría decir que son reales; y me detengo frente a un cuerpo «descompuesto» colgado a una soga. Nunca he sido fan de éste día en especial, pero sé que tendré que venir o me obligarán, sobre todo porque Paula y Heidy se están encargando de nuestros disfraces, y eso me asusta. Me hubiera gustado acompañar a Amy esa noche.

—Señora Williams.

Me sobresalto y la carpeta que sostenía en mis manos se me resbala como mantequilla caliente. Bufo y me agacho a recoger los documentos que han quedado desperdigados a mi alrededor sin dirigirle una mirada al causante de mi mal humor. Cuanto quisiera estar en casa con mis hijos, viendo una película y relajándonos como tanto nos gusta.

Siento su presencia detrás de mí, demasiado cerca, y suspiro, pero frunzo el ceño cuando su conocido aroma cítrico llega a mí combinado con otro, un tanto extraño, pero aún más delicioso. Este hombre podría ser la perdición de cualquier mujer.

—¿Cuándo dejará la maldita torpeza? —murmura, creo que, para él, y cierro mis manos en puños, aguantando las ganas de poner mi mano en su mejilla, no precisamente para acariciarlo.

—Es una suerte para usted no tenerme a su alrededor muy seguido —digo al levantarme y lo miro desafiante.

Esos fríos e intimidantes ojos, que hoy se ven de un gris tan tenebrosos como la neblina, me taladran y el miedo llega a mí. Trato de tomar fuerzas y recordar lo molesta que me siento con él, para no dejarme intimidar más. Da unos pasos acercándose a mí y levanto la mirada, trato de no amedrentarme por ese hombre que, cada día que pasa, me crispa más los nervios de una manera insana. Su aroma se siente ahora aún más atrayentes por la cercanía y debo contener el aliento junto al gemido, que sé, se me iba a escapar. Y las ganas que estoy conteniendo para no levantar mi mano y acariciar su barba.

—¿Para qué me han enviado aquí? —pregunto en un susurro embelesada por este imponente hombre. Mi piel se siente por completo erizada. Ya no vale negar lo innegable.

—Para que se ocupe de todo —murmura, su tono bajo hace temblar mis piernas, y no exagero—. Se supone que es la secretaria de Gerencia, eso la califica para cualquier trabajo.

—Parece que tenemos un concepto muy diferente sobre mi trabajo. —Frunce el ceño y trato de no sonreír. Este hombre me hace de pasar de un estado a otro en un nanosegundo—. Afortunadamente, no soy una de las suyas.

Un mensaje llega a mi teléfono y aprovecho el momento para apartar mis ojos de ese hombre. Estoy a nada de lanzármele encima y agradezco la distracción.

Gavin: Hola, preciosa. Me han dicho que saliste, así que tu regalo te estará esperando en casa. ¿Hablamos esta noche?

Sonrío por lo incansable que es este hombre, pero, de alguna manera, esto se siente mal. Mi corazón ya no se emociona como en un principio. Empiezo a escribir mi afirmativa respuesta. Definitivamente necesito hablar con él, sobre todo, para saber lo que en realidad pasó el fin de semana. ¿Dormimos o no, juntos?



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 09.10.2018

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