Aventura De Una Ama De Casa Desesperada #3

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Día 24

Miércoles, 29 de octubre

—¿Ya decidiste tu disfraz, Amy?

—Sí, mami. Seré la novia fantasma —dice, emocionada con su boca llena de cereal.

—¿Este año no serás princesa? ¿Creí que tocaba Jazmín?

Cada año se disfraza de una princesa diferente. Así es ese amor irracional que, cuando niñas, solemos adquirir por esos personajes ficticios que al final terminan siendo sólo eso, anhelos ilusorios que nos venden vidas falsas. Pero mi pequeña niña ya está creciendo.

Rio junto a Jake, cuando ella me mira como si estuviera loca, tuviera la cara pintada de payaso y los cuernos de satanás crecieran a cada segundo en mi frente. Los tres reímos como hace tanto tiempo no lo hacíamos. Es tan lindo estar de esta manera. Tranquilos y felices por estar juntos, aunque las cosas ya no sean, ni volverán a ser como antes. Mis niños han cambiado también y no sé si asustarme por ello. Amy habla de lo que ya tiene pensado, del vestido que Heidy asegura tener para ella y lo que le hace falta para completar su atuendo. El mal momento de anoche se fue y hoy parecen dispuestos a retomar sus rutinas como siempre, creo que sirvió mucho el haber pasado un rato en casa de Lucy.

Qué noche —pienso, dejando escapar un largo suspiro que no pasa desapercibido para mis hijos, agacho mi cabeza dispuesta a terminar mi desayuno y escapar de sus miradas. Es Jake quien ríe, y deseo taparle la boca con su pan.

—Mami. ¿Hoy puedo quedarme con Lucy y Matty toda la tarde? Dijo que me enseñará a ser niñera para ganar dinero. Ahora tendré muchos primos para cuidar.

Muchos bebés en camino.

Es una idea loca que sacó ayer de las mujeres independientes que se hacen pasar por mis amigas y que sólo incordian mi vida. Una niña, que pronto será una preadolescente, que ya le llaman la atención los niños y que quieres ser independiente. Pronto.

—Yo iré con Louis y Tara por nuestros disfraces.

—Que bien. Ustedes hacen planes divertidos y yo debo trabajar —les reprocho. Ambos ríen y se mofan—. Es hora de irnos o todos llegaremos tarde.

Mis hijos serán siempre mi constante y mi motivación. Mi motivación para levantarme de esta silla y salir a trabajar dibujando una amplia sonrisa en mi rostro, sólo para ellos. Subo por mi bolso y me tomo un segundo para ver el álbum que me hizo Gavin con su puño y letra. Anoche me senté a verlo y no pude evitar sentirme conmovida por sus palabras. Además de culpable. La llegada de Amy para dormir, lo sentí un aviso de que es lo correcto, el apartarme.

Abro la primera hoja, donde hay una foto mía, tomada desde la calle afuera de mi trabajo, y eso me asusta, porque no sé qué tipo de persona es él. En este sentido prefiero mil veces a Alexander, que sé un poco a qué a tenerme, con todo su control, su soberbia, esa encantadora sonrisa y esa dulce boca que me encanta.

 

«Tus ojos fue en lo primero que me fijé la primera vez que mi corazón te vio. Se veían tristes y casi parecían oro líquido a punto de quemar tus mejillas sonrojadas. Me pregunté que podía entristecer a una mujer tan alegre y fuerte como tú. Quise acercarme, pero en ese momento no existía para ti. Desde ese día te pertenezco, Sarah.»

 

Sonrío y cierro el álbum. Éste tipo de cosas hace que me sienta segura de desear terminar con este juego. Con el corazón no se juega, es demasiado frágil y ningún ser humano puede librarse de ese dolor cuando llega. Arrasa con todo a su paso, y yo no quiero ser la causante del suyo.

Escucho que tocan a la puerta principal y saco inmediatamente a Gavin de mi cabeza. Amy me muestra que está lista para irse y Jake abre la puerta. John, desde la puerta, sin atreverse a entrar, no deja de mirar a nuestro hijo. Jake aún sostiene la puerta y lo detengo al percibir su intención de cerrar. Antes de que su padre salude, corre escaleras arriba.

—Hola —dice, y le correspondo, con displicencia.

—Adiós, mamá —dice Jake, con afán al bajar con su maletín.

Besa mi mejilla y sacude la cabeza de su hermana antes de correr hacia el auto que lo espera.  No le da ni una mirada a su padre, lo que parece romper más el corazón de mi ex. John limpia una solitaria lágrima bajo sus ojos marcados por el cansancio, lo que me provoca bufar, y entonces se agacha para quedar al nivel de nuestra pequeña.

—Hola, princesa.

—Hola, papi.

—Te traje esto. —Saca un conejo de peluche de su bolso y se lo tiende, pero mi niña no lo quiere recibir. John suspira y se levanta—. Vendré a verte luego de la escuela.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 09.10.2018

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