Aventura De Una Ama De Casa Desesperada #3

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Día 26 - Parte III

Viernes, 31 de octubre

—Debo volver con mis hijos —le digo para acabar con las miradas retadoras.

Él parece no querer hablar, entonces debo seguir mi camino.

—No —dice, interponiéndose en mi camino, sin que le importen las miradas curiosas, y rio sin gracia.

—¿Perdón? —digo, con altanería, y él sonríe con humor.

Detesto cuando hace eso.

—Amy está aquí. —Y eso merece otro «¿perdón?»—. Por eso te había dejado sola, para ocuparme de que estuviera cómoda y tú pudieras disfrutar esta noche... a mi lado.

—¿Y te tomas este tipo de atribuciones con mis hijos porque...? —Este tipo de atenciones de su parte son las que me matan y él no ayuda en que quiera odiarlo hasta la muerte por este estúpido juego en el que nos ha metido—. ¿Sabes qué? No me interesa saberlo. Llévame con mi hija para irnos a casa.

Entro de vuelta al hotel dando largas zancadas, no es hasta que siento mis tobillos doblarse un poco y las manos de Alex sostenerme, que no reduzco la velocidad.

—Ten cuidado si no quieres que te lleve en mis brazos, Nire Eztia.

Y con sólo esas palabras ya me tiene derretida. Sí que soy tonta.

—Y así de fácil tengo que olvidar cómo tú y tus amigos me tomaron como el juguete del mes. Ustedes los ricos tienen una extraña manera de divertirse.

Intento hacer que me suelte, con mi enojo renovado, pero me sujeta con más fuerza y me guía el camino.

—Estoy segura que hacia allá no quedan las habitaciones —le digo cuando veo que me lleva de vuelta a la fiesta de disfraces.

—Sólo serán un par de minutos.

—Está bien, pero suéltame.

Resopla y me suelta. Camina a mi lado, a mi ritmo pausado, con mucha paciencia, con sus manos en los bolsillos y su frente en alto, siempre al frente. Lo miro de reojo, y me pregunto por qué no ha intentado decir algo, de explicarse. Quizás no lo cree necesario. Eso me decepciona. Se detiene en la entrada y me quedo allí con él. Me señala en una dirección, y no puedo evitar chillar de emoción como una colegiala al ver al Faraón rubio hincado ante una Cleopatra llorosa y emocionada, mostrándole un reluciente y enorme anillo. Cleopatra asiente y da graciosos saltos que hacen reír a su Faraón. Esto es algo que ninguna se esperaba, por lo menos no tan pronto, aunque con un par de bebés en camino, debimos imaginarnos que esto pasaría. Él toma la mano de su mujer, desliza el anillo y se besan, provocando una euforia alrededor. Agradecen y es entonces cuando ella nos mira, camino hacia ella al verla tan feliz, seguramente echándole la culpa de sus lágrimas a sus hormonas.

Llego hasta ellos y Pau corre a mostrarnos su enorme diamante. Bueno, lo llamo enorme porque yo nunca tuve uno de esos. Soy la primera en abrazarla, lo hago con tanta fuerza que sollozo emocionada al sentirla, y Lucy también llora diciendo que ella también quiere abrazo. Paula estira su brazo para acogerla y yo estiro mi brazo hacia Georgina.

—Estoy arruinando mi maquillaje —se queja Pau. Limpia con cuidado sus lágrimas.

—Así de buena eres para arruinar momentos —dice Lucy y golpea el brazo de Paula.

—Y es así como se terminan los momentos tiernos —dice ahora Georgina acusándolas a ambas con la mirada y todas reímos.

Paula y Lucy, con sus continuas y tontas discusiones, rompen cualquier momento dulce. Es como si les incomodara este tipo de muestras de afectos.

Más compañeros se acercan a felicitar a la pareja y nosotras quedamos relegadas por voluntad propia. Heidy se mantiene alejada, y nos mira con cierta súplica y necesidad. Es Georgina quien se encarga de llamarla para que se nos una, pero la rubia la ignora, y eso me recuerda que mi dulce amiga estaba al tanto del juego. Deseo creer que la tuvieron engañada a ella también, porque no quiero creer que permitiera que hicieran algo como esto.

—Ya era hora, ¿no creen? —dice Lucy, aparto la mirada de Heidy y miro a mi Paula antes de mirarla a ella.

—¿Es enserio? —pregunto con total ironía y ella ríe.

Lucy desaparece entre los brazos de su esposo y Georgi ríe.

—Serás la próxima —me dice la menor y mi sonrisa se borra.

—Baila conmigo, mi dulce minina —dice Adam, que ha llegado como un fantasma, estira la mano hacia ella con galantería.

Georgi se sonroja escandalosamente y los miro boquiabierta. Ella toma la mano y él sonríe, me guiña un ojo antes de llevarse a mi amiga. La toma en sus brazos y bailan una canción lenta que se escucha. ¿De qué me estoy perdiendo?



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 09.10.2018

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