Aventura De Una Ama De Casa Desesperada #3

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Día 28

Domingo, 2 de noviembre

Amy, un poco compungida, anuncia que ha terminado de recoger su ropa. Ayer, con ayuda de mis padres y de Alex, hemos empacado todos los muebles y demás cosas, habíamos dejado la ropa de último, así cada quien se tomaría su tiempo para estar a solas. Es algo que todos necesitamos, aunque Amy prefirió venir a dormir conmigo. Tuve la oportunidad de hablar con Louis antes de que se fuera con Alex y mis padres, y me entristeció saber que lo que más le duele es ver que personas ajenas a él sean quienes le estén tendiendo una mano y lo apoyen, mientras sus propios padres no lo quieren tener cerca. Espero decida quedarse y permanecer a nuestro lado, no me gusta la idea de que esté solo y desamparado.

Salgo de mi habitación con mis maletas y encuentro a mi niña allí, esperándome, acaricio su cabello y ella sonríe antes de tomar mi mano para bajar juntas arrastrando también su maleta. Esta casa la compramos cuando ella era una bebé de cinco meses, eso significó un gran alivio para nuestra carga económica, y fue el único lugar que consideramos nuestro hogar, el lugar que sería donde nos asentaríamos finalmente y donde envejecería junto a John. Nuestros hijos crecieron, jugaron y se formaron en este lugar, fuertes e inteligentes; también vieron cómo su familia se consumía poco a poco, como el fuego aletargado de una fogata, vieron cómo el amor de sus padres desaparecía.

Dan nos ve bajar los primeros escalones y se afana a ayudarnos. Él y los tres hombres que lo acompañan se encargan de bajar nuestras cinco maletas sin dejarnos mover un dedo más. Amy me abraza y los vemos moverse de un lado a otro, bajan también las cosas de Jake cuando lo ven aparecer. Mi niño me abraza y nos quedamos allí en medio de la sala vacía, cada quien lidiando con su propia despedida. No sólo dejamos una casa, dejamos también una vida que formamos, una familia que dejó de ser lo que era desde hace mucho tiempo ya, sin que nos diéramos cuenta.

Agradezco que Alex se haya llevado a mis padres anoche, no creo haber podido lidiar con esto, con ellos criticando cada paso que doy.

—Vamos, ma —dice mi niño y asiento.

Arreglo sus sacos para que queden bien cubiertos, el clima parece que será oscuro hoy. Tomo las manos de ambos y salimos de allí, cierro la puerta con seguro y le doy una última caricia a mi casa. Le entrego las llaves a Dan para que se las entregue al nuevo dueño. A ese horrible hombre. Se lleva el carro de la mudanza y a sus hombres con nuestras maletas. Nosotros nos quedamos atrás para irnos en mi auto.

—¡Sarah! —escucho el grito de Lucy y los tres miramos hacia ellos.

Nos tomamos nuestro tiempo para despedirnos, Lucy se ve muy triste y no deja de abrazar a Amy, se unieron mucho gracias a Matty y al gran amor de mi hija hacia los bebés. Mark se despide, también con pesar, no oculta su molestia hacia John, pero no hay nada más que hacer. Dicen que no hay mal que por bien no venga.

[...]

No tengo idea de por qué me sorprendo. Nada que tenga que ver con Alexander Collins tiene que ser sutil o sencillo. Si él llama a esto una casa, no me imagino como le dirá a un castillo. Bueno, no es así de grande, exagero, pero si es mucho más de lo que creí o esperé ver, bueno, luego de ver su apartamento debí sospechar algo semejante. Hemos sido recibidos por una enorme reja negra que nos abría paso ante dos enormes paredes blancas, nada sutil o común.  Quizás para él sí lo sea.

Amy exclama impresionada al ver la casa aparecer frente a nosotros, también blanca y de tres pisos, con enormes ventanales y bonitos arbustos, aunque sin su jovial follaje, rodean los lados de la casa. Lo vemos salir de la casa y mi hija bate sus manos hacia él. Va de traje, negro esta vez, y se ve tan bien. Ellos bajan del auto una vez me detengo. Me quedo allí, observando cómo se saludan y niego. Mis padres también salen de la casa, hoy se ven relajados y aprehensivos, con unas muy bonitas sonrisas. Alex camina hacia el auto mientras mis padres llevan a los niños adentro, se inclina y mete su cabeza por la ventana, justo a mi lado, para robarme un beso que me hace sonreír genuinamente. Por primera vez en esta mañana.

Suspiro y tomo su cabello entre mis dedos para profundizar el beso. Es increíble cómo se puede extrañar algo que hasta hace poco tienes. Sólo hemos pasado una noche juntos, ahora me encantaría poder despertar a su lado y hacer todas esas cosas que hicimos ayer, como si fuésemos una familia.  Su lengua es torturadora, se mueve con lentitud envolviendo la mía, con esa pereza que me desespera, pero que también disfruto.

—Extrañé esto —dice sobre mis labios y lo mordisquea, arrastrando sus dientes.

—Y yo te extrañé a ti.

—Ganaste —dice, me da un corto antes de alejarse y suspiro.

Abre la puerta y me tiende la mano para ayudarme a salir. Ya estamos aquí. Miro al cielo y confirmo la torrencial lluvia que parece que caerá dentro de poco. Caminamos juntos de la mano, cada paso que doy me hace sentir más pequeña.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 09.10.2018

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