Aventura De Una Chica Inocente #4

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Capítulo 4

Adam

Una larga noche. Eso es lo que he tenido y cada vez me siento más tenso. Ya saben, de las que tienes que encargarte solo o con compañía, pero no he podido. Parece que la edad me está cobrando mis andanzas y eso asusta. Últimamente he preferido la soledad de mi mano y no por gusto, pero aun así no funciona. Intenté tener sexo con Nathalie hace una semana y pasé vergüenza porque, porque, porque...

Ahhh.

No puedo ni decirlo.

—Buenos días, bebé —saluda Heidy con exceso de energía, como siempre.

Meto mi cara en mi desayuno y como para no prestarle atención. Cada día sólo habla de Georgina, me atosiga como lo hizo con Alex. Al menos mi amigo tenía oportunidad de estar con su mujer de miel, ¿pero yo que hago?

—Me volveré a mudar con Julia. Alex está pesado con eso de venir para estar con Sarah lejos de los niños.

Si, ese par me traumatiza, no me quiero imaginar lo que pasan esos pobres chicos. Sobre todo, desde que Jake los cogió infraganti cuando no tenían ni una semana saliendo. Mi amigo en definitiva se voló la barda.

—Yo también —digo con la boca llena de tocino y golpea mi cabeza.

—No seas asqueroso —dice y se sienta junto a mí.

En realidad, tengo casa, la casa donde crecí y que mi padre me dejó, pero no he ido desde hace tres años y medio cuando papá murió. Demasiados recuerdos y espacio en exceso para una sola persona. Mi hermano mayor, Finnigan, es un imbécil de mierda que pensaba venderla, pero papá me la dejó sólo a mí, y a mi hermanito Damian no le importa lo suficiente como para luchar por nada que no sea su béisbol y sus mujeres. Dam era muy pequeño cuando mamá murió y está demasiado interesado en complacer su propio ego, como para que le importe alguien más. De hecho, no lo veo desde el funeral de papá. Por lo menos llama cuando su equipo viene a la ciudad para algún partido de la Liga.

—¿No desayunarás? —le pregunto al verla sólo con una taza de esa cosa verde que toma.

—No —dice con una enorme sonrisa—. Desayunaré con las chicas. ¡Julia irá!

Nada más importante para ella que la acepten como es, que acepten a su Julia y que la quieran. Esas mujeres son una gran adición para nuestro pequeño círculo de amigos. Todo comenzó con la loca de Lucy.

—Dile a Lucy que deje de llamarme como acosadora enamorada.

—¿Cuándo te llamó?

—A la medianoche. Dile que ya lo sabía y no tiene que hostigarme. —Me mira sin comprender y rio—. Ella entenderá.

Se encoge de hombros y lleva su taza a la cocina. Al fin me quedo solo.

Solo, solo, solo.

Esa pequeña niña me hace mucha falta. Incluso para sentir el olor a fresas en su cabello que es tan suave como la seda, o para ir a su casa de fantasías para molestarla o vaciar su nevera. La vuelvo a llenar, lo juro. Es enfermo, pero es suficiente con eso.

Tomo mi teléfono cuando vibra y la señora Darling llega de quien sabe dónde, como el fantasma que parece, y retira mi plato. Rio al ver el mensaje de Alex preguntando si iré a la cafetería. Sé que no lo pregunta por mi situación con mi bonita minina, sino para que le diga algo sobre su «no» mujer.

Le llamo y contesta al segundo tono.

—Si ibas a estar en plan hostigador, no hubieras viajado, idiota.

—Lo dice el imbécil que pretendía presentarle un sujeto a la mujer que le gusta.

—Ella no me gusta de esa manera. —Nunca lo aceptaré al mundo. Joder, no.

Él bufa.

—¿Irás o no? Es un buen momento para que hables con «la mujer que no te gusta de esa manera» y arregles el desastre que hiciste.

—Y para que mire qué hace tu «no mujer» porque no se deja controlar como creíste que sería.

—No. No necesito tenerla controlada.

Sí, claro.

Hablamos un rato, pero nunca me dice por qué fue la discusión con Sarah ayer. No es que me importe, pero la curiosidad mata y cuando tengo curiosidad escarbo como un gato. Pero este idiota es duro. Sólo me cuenta las últimas hazañas de Finnigan y su nuevo divorcio con la hija de un francés millonario, donde le hicieron firmar un acuerdo prenupcial. Eso quiere decir que ha quedado sin fuente de ingresos, otra vez. Maldito vicioso de mierda, no demorará en volver a casa para pedir más dinero. Es lo que hace cuando su suerte se acaba o no tiene una mujer a quien encandilar y que pague sus cuentas. Eso hizo con papá desde que mamá murió hace veinticuatro años. Yo tenía once y él diecisiete, pero era el consentido de mamá y ya tenía este tipo de comportamiento manipulador; sólo que con papá utilizó la culpa.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 06.11.2018

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