Aventura De Una Chica Inocente #4

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Capítulo 6

Adam

Lo pienso mil veces antes de levantarme, siento que, con sólo pensarlo, mi espalda duele. No recuerdo cuando fue la última vez que dormí en el suelo, esta vez no fue por gusto, pero me lo merezco, aunque no haya logrado conciliar el sueño por escucharla sollozar. Mi Minina insistió en que durmiera en la cama y ella lo haría en el suelo, eso jamás. Sé que fui un idiota al decir lo que dije anoche, pero creo que hubiera sido un grave error el haberla besado como tanto deseaba. No me hubiera detenido allí, lo sé, hubiera tomado todo de ella hasta hacerla gritar mi nombre, pero no para que me detuviera.

Mierda. Debo de dejar de pensar en ella de esa manera o mi amigo cambiará de color. Esta erección mañanera no ayuda. Es una buena hora para salir a correr un rato y gastar un poco de energía, lástima no tener ropa para hacerlo. Sonrío al sentir el ronroneo de Achis sobre mi estómago y acaricio su lomo. Ambos gatos entraron a la habitación con Georgina luego de ella cambiarse y se acostaron conmigo. Ella sonrió con tristeza al vernos a los tres en el piso.

—Espero esto termine pronto —murmuro y restriego mis manos contra mis ojos—. Voy a terminar cometiendo un error contigo, Minina.

Me siento, luego de retirar a la gata perezosa, estiro mi espalda y mis brazos antes de levantarme. Apenas es domingo y no tenemos idea de cuando se irán los dos invitados. Espero sea pronto, no quiero seguir rodeado de esta tentación y tampoco durmiendo en el suelo por ser un idiota insensible.

Prefiero el suelo.

Miro hacia la cama, la encuentro vacía y arreglada. De igual manera no se me ocurre una excusa para huir durante todo el día, he decidido mantenerla lejos de ese supuesto tío de mierda, como también cuidarla hasta que sus visitas estén por aquí. Ese sujeto se atrevió a tocarla en el pasado y la lastimó, es lo único que he logrado entender. ¿Cuantos años tendría mi Minina? Trabaja para mí desde sus veinte y él no se ve muy joven para tener su edad. Espero que no sea lo que estoy pensando, porque no sale vivo de esta casa.

Recojo las cobijas y la almohada, las doblo con cuidado, las dejo sobre la cama, tal como a ella le gusta. Salgo de la habitación para buscarla, pero primero miro hacia la sala y el desorden que ha dejado ese bueno para nada.

—¿Quién diría que crecerías para volverte tan hermosa? —escucho que ese imbécil dice, cuando me acerco a la cocina.

No pierdo mi tiempo y entro a la cocina, justo a tiempo para verlo extender su mano hacia ella para acariciarla, o espero que sea eso, pero ella se ve paralizada. La conozco poco, aun así, es lo suficiente para saber cuando tiene miedo, cuando es feliz y cuando está tranquila. Este sujeto sólo le inspira miedo. No fue bueno lo que le hizo a mi Georgina.

Carraspeo con fuerza y ella se sobresalta, sus ojos se inundan de llanto y casi corre hacia mí esquivando al idiota, que empuña sus manos y la sigue con la mirada hasta que me abraza con ese mismo temblor estremeciéndola. Entonces me mira y tenso mi mandíbula.

—¿Estás bien? —pregunto tratando de no salirme de mis casillas, sólo porque ella está aferrada a mí.

Miro al maldito de mierda, que da un paso atrás, como el cobarde que en realidad es. Georgina me llama y la miro, resoplo al ver cómo lucha por contener sus lágrimas y evita que me acerque al supuesto tío. Este imbécil no va salir impune de esto. Vuelve a retroceder cuando nota mis intensiones de llegar a él.

—Adam —dice ella impidiéndome el paso y sujeta mi camiseta con fuerza—. Mírame.

Y lo hago. Toca mi cara y pierdo la noción de mis pensamientos cuando me besa. No es de esos besos que te hacen volar, pero ella es tan suave y tímida. Anoche por poco la beso, sólo la    voz de Alex me detuvo, porque sé que ella se arrepentiría de estar al lado de alguien como yo. Jamás he tenido una novia, nunca he siquiera pensado en tener una relación con nadie y ella es demasiado ingenua como para soportarme a su lado, y al día siguiente siga mi camino. Lo malo de este momento es que mi pene no piensa igual que me cerebro. Mientras yo quisiera estar lo más lejos posible de ella, mi pene trabaja como una brújula buscándola, desde aquella vez que durmió conmigo y desperté tan duro que tuve que tomar un baño frío de una hora. Si ella supiera como me pone.

Cierra sus ojos y sonrío antes de sujetar sus mejillas, porque parece que mi cerebro se ha inhabilitado. Con mi lengua me abro paso entre sus labios que no ejercen ninguna oposición, y mi estómago cosquillea cuando ella gime, como si se colara dentro de mi pecho. Sentir cómo me corresponde, tan dócil y hambrienta, no me ayuda a que quiera contenerme, sólo necesito sentirla tan caliente como lo estoy yo... La apoyo contra la pared y me aferro a ella cuando se remueve buscando el roce que no le niego.

—Mi Minina —susurro y beso debajo de su oreja, ladea su cabeza ofreciéndose, presiona con más fuerza nuestras pelvis y le correspondo, porque deseo con todas mis fuerzas desnudar ese pequeño cuerpo y follarla tan duro—. Siente lo que haces conmigo, Georgina.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 06.11.2018

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