Aventura De Una Chica Inocente #4

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Capítulo 10

Georgina

Mis nervios van en aumento con cada paso que doy. Apenas hemos bajado del avión y ya quiero correr a la seguridad de mi hogar. Creo que no estoy preparada para hacer esto, y ver al resto de mi familia luego de cómo dejé mi hogar, siendo una vergüenza.

Lo único que logra relajarme, pero sólo un poco, son los mensajes de apoyo de mis amigas. Paula con su nada sorprendente «Patéales el culo», Heidy dice que no me deje amedrentar por nadie y que la llame para patear culos por mí, y Lucy sólo me envía mucha fuerza, la que también me servirá para patear los culos que dicen las demás. Claro, no podían decir nada normal. Ninguna de las tres, puede.

Alvin me abraza, como si supiera que necesito empuje para seguir. Le sonrío y tomo aire con mucha fuerza. Tulsa no es tan frío como Minneapolis, pero creo que mi temblor no se debe del todo al clima. Espero lograr salir de esto esta misma noche y mañana a esta hora ya estar en casa.

*Llegamos bien. Por si querías saberlo* —le escribo a Adam y guardo mi teléfono.

Sólo ha sido una hora de vuelo, pero pronto empezará a anochecer. Como se nota la llegada del invierno.

—Ahí está —dice Alvin, y me señala el camino.

Lo veo a lo lejos, a mi hermano mayor, Logan. No ha cambiado mucho, lo único notable es esa barba espesa que llega casi hasta su cuello y su enorme estatura, aún más que cuando me fui. Es el típico vaquero de corridas, siempre en jeans, camisas a cuadro, botas y sombrero. Es duro, al menos eso recuerdo, y muy callado. Mientras que yo no hablo mucho por timidez, él no lo hace porque no le gustan las personas a su alrededor. Así como lo hace ahora, observando a las personas que pasan a su lado con el ceño arrugado y con fastidio. Alex es un gruñón lindo, pero Logan...  es otro cuento.

—Al fin llegan —gruñe al vernos acercar, y empieza a caminar con afán hacia la salida. Alvin se encoje de hombros, pero sonríe. Así es él. Se detiene de repente y casi choco contra su espalda, más grande que la última vez que lo vi. Se da vuelta y me mira a los ojos—. Bienvenida a casa.

Abro mi boca para contestar y me sorprendo cuando me abraza, pero parece tan incómodo.

—No tienes que hacer esto. No es necesario —le digo y me suelta al instante.

—Eres mi hermana, se supone que así debo recibirte. —Así es él de extraño.

—Prefiero que seas el de siempre.

No estoy segura, pero creo que sonríe un poco. Es difícil definirlo con todo ese vello en su cara. Retomamos nuestro camino hasta el parqueadero del aeropuerto hasta su vieja camioneta monstruo, él mismo la armó, tres años recolectando piezas y trabajando en ella. Me ayuda a subir sobre las enormes llantas y sonrío al verla, no ha cambiado nada. No le gustan los cambios, lo que está bien no hay necesidad de cambiarlo.

Me distraigo observando los pequeños cambios en la ciudad, nuevos edificios, nuevas franquicias y muchas más personas. El tiempo ha pasado, pero los cambios no son tan notables.

Me pregunto si está bien haber vuelto.

—¿Y tu esposo? —pregunta cuando empezamos a dejar la ciudad atrás. Aún faltan veinte minutos de viaje para llegar a nuestro destino—. ¿Georgina?

Suspiro, porque no quiero contestar. No quiero seguir mintiendo con respecto a Adam, pero tampoco quiero que esta mentira termine. Quiero que él sea mío, aunque ambos estemos en sentidos opuestos a veces.

—Discutieron antes del viaje —contesta Alvin por mí y ruedo los ojos.

—No te pregunté a ti, le pregunté a Georgina.

Sonrío, porque no ha cambiado.

—Él está bien —contesto muy bajo y Logan hace un sonido de esos que muestran fastidio.

—Debió venir contigo. ¿Qué tipo de esposo no viene a conocer a la familia de su mujer?

No digo nada y Alvin tampoco. Seguir sus peroratas son muy agotadoras para mí, siempre lo fue. Lo prefiero callado.

Me yergo al reconocer el letrero que avisa de los altibajos de la carretera y me preparo, no por los saltos que sé que daremos, es porque estamos cerca. Logan acelera y me sujeto del techo del auto, Alvin ríe y yo sonrío. Es bueno recordar al menos un momento divertido en mi vida. Cada vez que Logan tenía que ir a la ciudad, nos invitaba, y esto era algo que hacía, hacernos saltar. Una vez Alvin llegó a casa con la frente herida, eso significó un fuerte regaño y castigo para los tres. Logan tenía veinte años, Alvin diez y yo trece.

¿Por qué será tan fácil recordar las partes más dolorosas y difíciles de tu vida?



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 06.11.2018

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