Aventura De Una Chica Inocente #4

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Capítulo 12

Adam

Este lugar es en verdad agradable y muy tranquilo, demasiado apacible para mi gusto, pero es bueno para vivir. Es increíble que Georgina haya crecido en un lugar como este, ahora entiendo un poco más esa manera de ser que tiene, tan mansa.

—¿Estás seguro de esto, Adam? —pregunta el padre de Georgi, a mi lado.

Suspiro y dejo de mirar el valle para verlo a él. Se ve preocupado y cansado, recuerdo que así solía verse mi padre luego de haber perdido a la bebé y de que mi madre se deprimiera. No me gustaría verme así en un futuro. Sabiendo que estoy perdiendo todo lo que más amo en el mundo. A ella.

—¿No le gusta la idea?

—No me gusta la idea de que te cases con mi hija cuando ella te ama, y ni siquiera tienen una relación.

—La tenemos, señor. Y quiero a su hija. Ella los extrañaba mucho y los ama a pesar de todo. Estoy seguro de que ella haría lo que fuera por darle algo de felicidad a su madre.

—Quizás nunca fui un buen padre para ella, pero no permitiré que la lastimes.

—Usted no sabe lo que su hija significa para mí, señor Fray, ella es mi hogar y la necesito. Haría cualquier cosa por ella, nunca en contra de ella.

El señor sonríe y frunzo mi entrecejo. Me da una palmada en el brazo y no me quejo, pero el hombre tiene una mano muy pesada, sin mencionar los cayos.

—Llámame George —dice, pero no parece muy tranquilo—. Me alegra que mi hija sea correspondida...

Deja de hablar y suelta un gruñido, miro hacia donde él lo hace y veo el polvo levantándose detrás de un sedán negro. Se acerca a toda marcha y frena en seco frente a la casa con el polvero arremolinándose. Un hombre sale, con una sonrisa chulera, arreglando su traje de media monta.

—George —saluda el sujeto y mi suegro se queja antes de empezar a caminar hacia él.

—Spencer, ¿otra vez por aquí?

El tipo sonríe y avanza por el camino de piedra. George lo recibe sin bajar del porche, sin ánimos de atenderlo. Ya sé quién es el sujeto, Alex me habló de él, esto me dará el paso para lo segundo que vine a hacer aquí.

—¿Cómo está tu hermosa hija? —Me yergo y miro ceñudo al hombre—. Anoche no pude despedirme de ella.

—Muy bien. Te presento a su esposo. —Me señala y el tal Spencer borra su sonrisa—. Adam, Spencer era amigo de Georgina, incluso creo salieron alguna vez.

El tipo ríe con nervios y niega.

—Es un gusto conocer a un amigo de mi esposa —digo «con gusto» y pongo mi mano derecha sobre su hombro para reducir a esta sabandija rastrera.

—Mucho gusto, señor...

Sonrío y miro a mi futuro suegro.

—Es bueno conocer a más vecinos en el sector. —El sujeto me mira extrañado y sonrío antes de soltar mi sorpresa—. Cuando mi esposa y yo volvamos de visita a nuestras nuevas tierras en la hacienda Coleman, será bueno tener con quien hablar.

El tipejo se pone pálido al instante y rio. George primero se sorprende, pero al ver a la sanguijuela frente a nosotros, ríe también. No sé nada de este tipo de negocios, pero las cosas pasan por algo, dice la madre de Alex. Los Coleman, sus vecinos, tienen una mayor hectárea de tierras de las que alguna vez tuvieron los Fray, y el viejo Coleman tuvo la mala suerte de tener a unos hijos que no les interesara el campo y los caballos. Este idiota de Spencer estaba esperando a que el viejo muriera y, mientras tanto, hacía negocio con los hijos, por las tierras por un precio más barato. No fue difícil conseguir reunirme con el hombre y ofrecerle un buen dinero por sus setenta hectáreas. Nada como un hombre decepcionado y el deseo de cuidar a mi Minina, para gastarme un tercio de mi dinero, es una suerte que no me guste gastar mucho, si llevara una vida con gastos como los de Alex, ya fuera pobre.

Aún no sé si debí decírselo a Georgina antes de hacerlo.

[...]

Una vez el sujeto, al que le gusta aprovecharse de otros cuando caen en desgracias, al fin se va sin que le demos tiempo de hablar de lo que sea que vino a decir, mi suegro no perdió tiempo para terminar de decir lo que quería. Y todo eso ya lo sabía. No hay nada en este mundo que desee más, que cuidarla de todo cuanto la rodea, de ver que nada malo le pase, y asegurarme de mantenerla a mi lado.

Creo que me he vuelto loco, pero es lo que sentí en ese momento que era lo correcto y ahora que he tenido un poco de espacio, mis propias palabras han vuelto a mi cabeza con más fuerza. A pesar de todo lo que ella haya pasado en este lugar, esta es su familia y ella los ama, los extrañaba mucho, sobre todo a su mamá. Siempre había visto cierto anhelo en su mirada que se hizo más fuerte al tocar a su madre. Fue perturbador, pero mi deber era estar allí para sostenerla; su madre se ve tan acabada y frágil. Lo más confuso es que no me he arrepentido de haber abierto mi boca. Lo que sí considero malo es mi manera de actuar alrededor de ella, como si fuera un idiota que suelta lo primero que se le ocurre, como si mi boca se desconectara de mi cerebro a su lado.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 06.11.2018

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