Aventura De Una Chica Inocente #4

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Capítulo 17

Georgina

Luego de toda una mañana soportando las burlas de Paula y de Lucy, sólo porque me pongo roja cada vez que pregunta algo sobre mi intimidad con Adam, al fin Sarah se compadece de mí dando por terminado nuestro desayuno semanal y nos vamos a su casa, donde él me espera. Quiero volver junto a él cuanto antes. Más bien necesito estar con él.

Hablamos de los preparativos para la navidad, ella insiste en que sea en su nueva casa y que nuestras familias vengan. Sería la primera vez que haríamos una gran fiesta. Siempre éramos las cuatro con John, Mark y los niños. Ahora ella se ve emocionada como nunca antes por hacer algo grande, quiere que invite a mi padre y hermanos, además del hermano de Adam.

—Nunca te había visto así de emocionada por algo.

Sarah sonríe.

—Creo que nunca tuve nada que me emocionara tanto —dice y me mira rápidamente antes de volver a prestar atención a la carretera. Ella misma se ve diferente, feliz—. No me lo tomes a mal, adoro a mis hijos, pero ahora se siente como si todo estuviera en el lugar indicado y me hace tan feliz que todos se estén llevando tan bien, a pesar de las discusiones entre todos porque uno u otro dice o hace...

Sonrío escuchándola parlotear por su familia y lo bien que se entienden todos, aún con los dos nuevos niños que ya los quiere como si fueran de ella. Aunque no sepa de la lascivia que despierta en Christian.

Llegamos a su casa y ella ni cuenta se dio de que no dejó de hablar de sus hijos, sus cuatro hijos, y de Alexander, lo que parecía agitar más su corazón, porque su voz cambiaba por una quebrada. Creo que cualquier mujer estaría así si tuviera un amor como el que Alexander le profesa y que ha resistido tantos años. Espero que en verdad sea feliz.

Me hace sentir especial ser partícipe de la sorpresa que su novio desea darle.

Mientras nos acercamos a la entrada de la casa ambas sonreímos, es inevitable al ver a su novio junto a mi esposo en la entrada observándonos llegar. Cuando bajamos, Alexander camina hacia ella, pareciendo ansioso, como si hubiera sido una eternidad la que hubieran estado separados.

—¿No hay un beso para tu esposo quien tanto te ha extrañado? —murmura a mi espalda y me hace girar. Sonrío y abrazo su cuello para besarlo, porque también lo extrañé—. Así está mejor.

Me vuelve a besar y esta vez escabulle una de sus manos debajo de la falda de mi vestido, bordea mis medias largas, las que me protegen de este terrible frío, y me estremezco, porque se siente muy bien.

—¡Los voy a denunciar por exposición indecente antes niños inocentes! —escucho a Jake gritar y nos separamos para mirarlo.

Adam ríe.

—¡Necesitas sexo, niño! —le grita Adam de vuelta y golpeo su brazo.

Jake, que viene llegando con unas bolsas en la mano, le muestra el dedo medio, pero sonríe.

—No metas ideas en la cabeza de mi niño —le reprocha Sarah, al fin soltando a Alexander, y caminan hacia nosotros.

Adam ríe con más fuerza cuando Alexander bufa, sabe que ni ella misma puede creer en sus palabras. Estos niños han dejado volar su inocencia hace mucho tiempo ya. Basta con escucharlos hablar.

Entramos a la casa y ellos retiran nuestros abrigos, se siente bien sentir el calor al fin. Sarah dice que irá a ver a Amy porque anoche tuvo fiebre y sólo fue al desayuno porque los cuatro hombres de la casa prometieron cuidar a la bebé de cabello azabache y ojos dorados.

—Vamos al estudio —me apremia Alexander y lo seguimos—. Me han gustado mucho tus bocetos y la propuesta, ¿crees poder preparar todo para dentro de dos semanas?

—Sí, pero tendré que contratar personal...

—Lo que necesites, puedo poner personal a tu disposición —dice y saca un contrato, me lo pasa para que lo lea junto a una tarjeta platino. Miro a Adam, quien solamente sonríe de pie junto a la ventana—. Léelo mientras voy a ver que Sarah no venga. ¿Se quedan a almorzar?

—Por supuesto —contesta Adam.

Tomo el contrato cuando escucho que la puerta es cerrada, pero me distraigo cuando Adam besa mi cuello, sin permitirme leer siquiera la primera palabra del contrato de trabajo con mi nuevo empleador. Para Alexander las cosas son así de sencillas, aún no me creo que esté tomando un contrato como este, haciendo algo que me fascina.

—Lo harás muy bien.

Ese susurro sobre mi nuca eriza por completo mi piel y me remuevo inquieta.

—Adam —gimo cuando besa el lóbulo de mi oreja y muerde con un simple roce que me hace picar.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 06.11.2018

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