Aventura De Una Chica Inocente #4

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Capítulo 18

Adam

Miro a Finnigan con todo el odio que soy capaz de albergar, y estoy que estallo. Podría soportar cualquier cosa de este imbécil, pero jamás el que se haya acercado a mi Minina pretendiendo utilizarla en mi contra. Se ha metido con lo único que tengo en la vida y eso no se lo pienso perdonar. Cree que ha ganado algo al lograr que venga a este lugar a enfrentarlo, porque simplemente cree que tiene algún poder sobre mí, o que sigo siendo el mismo niño débil a quien disfrutaba golpear.

—¿Por qué te escondes, hermanito? —pregunta con una sonrisa enferma en su cara—. ¿Tienes miedo?

Rio, porque es gracioso.

—Sí, claro. Aún me da miedo que me golpees y me encierres en el sótano.

—Fueron momento muy divertidos.

Sí que está enfermo. Siempre lo ha estado, madre fue quien alimento esa mente depravada y débil que tiene, siempre prefiriéndolo antes que a nosotros. Incluso por encima de Damian, que tanto la necesitaba.

—Ella arruinó tu vida, ¿eh? —Arruga su cara intentando comprender. Idiota—. Madre. Te trataba como a un dios para que no te dieras cuenta de la basura que eres, te prefirió por encima de nosotros porque eres el más débil y te dio todo lo que pediste para que el vacío de tu enfermo corazón no te consumiera.

Empieza a enrojecer y aprieta sus puños.

—No tienes ningún derecho a hablar de ella —gruñe.

—Pero ella era igual a ti. Era débil. Por eso se suicidó. Nunca te amó lo suficiente como para quedarse por ti, nunca fue lo suficientemente fuerte para soportar un simple aborto. —Sé que mis palabras son demasiado duras, y estas últimas me llevan a pensar en mi dulce Minina. Ella sí es una mujer fuerte, ella pelea y vive cada día, afrontando la pérdida de su hijo, y nunca baja la cabeza por sus errores, todo sin perder su esencia dulce e inocente—. Y su muerte fue peor. Porque te enamoraste, pero a Betty no hacías más que repugnarla, tanto que prefirió a un viejo de casi cincuenta años, que a ti. Prefirió a papá antes que un niño débil, hijo de mami, bueno para nada.

—¡Cállate! —grita y hace lo que esperaba que hiciera. Ayudarme a comprobar el arma que escondía. Demasiado predecible. No me intimido cuando me apunta y eso parece exasperarlo más. Está en una posición estratégica como para que las mesas cercanas no vean lo que tiene en la mano—. No tienes ningún derecho a hablar de ella, era mi madre.

—También nuestra, pero siempre has sido egoísta, Finnigan —dice Damian a mi espalda, sorprendiendo a Finn. Toma una silla y se sienta a mi lado, ambos frente a él—. Nunca has sabido ser discreto, tus gritos se escuchan hasta afuera, hay gente llamando a la policía por escándalo.

Eso parece preocuparlo. Esconde el arma debajo de la mesa y resopla molesto.

—No lo pensaste muy bien antes de seguir a mi esposa hasta este restaurante para intimidarme, ¿cierto? Nunca fuiste el más inteligente.

Empieza a mirar para todos lados, como si buscara alguna salida, como si hasta ahora se diera cuenta de las fallas de su majestuoso plan. De reojo veo como Damian niega con burla. No voy a negar que tengo miedo, si no, no tendría sangre en mis venas, pero me considero con las suficientes pelotas como ceder ante él. Así me dispare, así me mate, nunca se saldrá con la suya. Lo único que lamentaría sería dejar a mi Minina sin cumplir esa fantasía que hemos estado ensayando poco a poco. Muero por llegar a verla usar algún día no muy lejano esa cola gato, metida en lo profundo en ese culito virgen.

Suspiro y me concentro en salir de esto.

—Se creen mejores que yo —espeta, Dam y yo nos miramos y sonreímos.

—¿Te refieres a las veces que papá tuvo que pagar a algunos profesores para que pasaras la escuela? —medito con burla—. Incluso en la universidad.

Damian ríe son poder creerlo.

—Ya decía yo que no tiene la malicia de un abogado —se mofa Damian.

Mueve su mano y pateo la mesa, golpeando su brazo y su estómago. Damian le arrebata el arma y lo golpea tan fuerte que cae de la silla, quejándose como siempre. Le pido el arma a mi hermano menor y me la entrega, aunque duda al ver lo enojado que estoy. Jamás ensuciaría mis manos con esta sabandija, y mucho menos sabiendo que mi preciosa mujer espera por mí.

—Mark —llamo y él se levanta inmediatamente de la mesa más próxima a la nuestra.

Finnigan mira a nuestro alrededor, a los diez hombres y mujeres que aguardaban, apenas enterándose que jamás tuvo una oportunidad. Este ha sido un paso muy arriesgado. Una vez Walter lo reconoció observándola y mi esposa le dijo donde pretendían almorzar, Mark puso manos a la obra. Se lo agradezco. No quiero seguir viviendo con temor a que algún día la toque.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 06.11.2018

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