Aventura De Una Chica Inocente #4

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Capítulo 19

Georgina

Alexander le da una última mirada al lugar y sonrío cuando asiente. Me siento como la organizadora de eventos que se encargó de la fiesta de Halloween, la pobre mujer parecía querer hacerse en los pantalones esperando la aprobación del millonario. Es que él es un hombre al que provoca complacer en todo lo que pida. No me malentiendan, es sólo que Alexander infunde respeto. Eso es todo. Camino detrás de él cuando se dirige a la amplia zona de descanso y dejamos a Amy encantada con las flores de colores de los nenúfares en el pequeño estanque, junto a la secretaria enamorada cuidándola. Adam no bromea cuando dice que Alexander la trata muy mal, la mujer se ve avergonzada y no levanta la cabeza para nada. El intentar llamar la atención de su jefe cuando él ya está comprometido, es algo horrible para hacer. Si no fuera a mi amiga a quien ha intentado lastimar, sentiría lástima por ella. Si supiera cuantas veces Sarah la ha defendido.

En el fondo del invernadero acomodé un área de descanso con sillones, casi tan amplios como una cama sencilla, en mimbre pintado de blanco, y cojines esponjosos en color azul claro, muy tranquilo para que Sarah se relaje; todo rodeado de helechos, lo que ambientiza al espacio con el resto del invernadero, con una preciosa vista hacia el lago. Por las noches se ve mágico, gracias a las velas que están sólo en esta parte y que utilizarán cuando deseen, obviamente. También tiene un espacio a la izquierda con mesas para que trabaje y cuide sus nuevas flores.

—Eres buena —dice, con esa bonita sonrisa que tiene siempre que Sarah está a su alrededor.

—Gracias —digo, avergonzada, y palmea mi cabeza como a un perrito.

No entiendo por qué estos hombres siempre hacen lo mismo. Me tratan como si fuera un perrito de billetera al que tienen que premiar en todo momento porque, simplemente, les causa ternura.

—¡Alex, podemos tener patos en el estanque? —grita Amy y corre hacia nosotros con su cabello negro revoloteando.

Él ríe y la levanta en sus brazos como si no pesara nada.

—Estoy seguro de que a tu madre le gustaría la idea, pero es un lugar muy pequeño para ellos, ¿no crees?

Amy lo piensa por un par de segundos, pero al final asiente.

—Bueno. Charlie dice que volverán en la primavera —dice ella, nuevamente emocionada.

Eso hace reír al futuro padrastro, porque ella es así, como su madre. Siempre positiva y alegre. Me encanta que haya cambiado; cuando la conocí era tan callada e introvertida, pero una vez ha tomado confianza, se lleva muy bien con quien la rodea.

Amy empieza a hablar de lo que más le gusta del lugar y Alexander está de acuerdo con ella cuando dice lo hermosas que se ven las orquídeas de colores que he plantado justo al lado del espacio de descanso. Requirió de mucho esfuerzo con tan poco tiempo, pero al ver el colorido y cálido lugar, me siento satisfecha. Contrasta mucho con el exterior, tan frío y blanco. En la entrada, con lo primero que nos encontramos es con el estanque que fascinó a la niña, ambientado con nenúfares y flores acuática, el lugar donde Amy quiere a los patos, y tiene una cascada artificial que le ofrece más relajación al jardín gracias a su sonido tranquilo, a su lado hay macetas con flores de diferentes lugares. Tulipanes, dalias, azucenas, crisálidas, y muchas más. Lo único que no hay son rosas, por petición del dueño de casa. La luz que entra es natural gracias a los techos de vidrio, grueso y seguro; para las noches he puesto luces en el piso como guiando un camino hacia las diferentes áreas y algunos faroles de luz tenue alrededor, el piso es de cedro y las divisiones de los diferentes tipos de flores fueron hechas en mármol, porque así él lo quiso. Adam tuvo razón después de todo, en que no limitara mi imaginación por el dinero. Por último, tenemos el mural junto a la entrada del área de descanso con una frase hecha en musgo que me dio él: «Betikotasuna ez da inoiz nahikoa» (La Eternidad nunca será suficiente).

Salimos del lugar y Amy corre hacia la casa mientras patea la nieve y toma bolas, seguro para echarle a sus hermanos. La secretaria camina detrás de nosotros contestando llamadas que Alexander rechaza.

—Gracias —dice él y me sorprendo.

—No tienes que agradecer. Fue un trabajo por el que pagaste y amé hacerlo.

—Desperdicias tu talento siendo una simple secretaria.

Sus palabras me hacen sonrojar.

—Tu novia también es secretaria.

Ríe y me asegura que no será por mucho. Dentro, somos recibidos por Charlie en el salón, con humeantes tazas de chocolate y galletas con figuras navideñas. Alex las mira con un gesto osco, pero rueda los ojos y come una. No puedo evitar reír antes de tomar una. El lugar ya está hermosamente decorado en tonos rojos y dorados, incluso el enorme árbol de navidad en la esquina junto a la chimenea y que ilumina la estancia. Sé que Sarah se ha lamentado mucho no poder haber hecho esto ella misma, y le molestó aún más el que sea la secretaria de Alexander quien se encargue, al igual que lo hizo para el cumpleaños de mi amiga. Le agradezco a Charlie cuando nos sentamos, y reímos al escuchar el grito de Amy y la amenaza de los chicos por la nieve en sus cabezas. Alexander la recibe y se sientan en el sillón más grande frente a la chimenea que humea con fuerza, y yo en un sillón más pequeño a su izquierda. El mayordomo se retira cuando Alexander se lo ordena, en un tono duro, y se lleva a la secretaria con él; aún no se gana el favor de su jefe por haber participado en el juego de Heidy. Parece que mi nuevo jefe es alguien un poco resentido. Pese a estar bien con Adam, con Heidy si está un poco arisco aún y la rubia medio-alemana parece estar resignada a que no la perdone totalmente.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 06.11.2018

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