Aventura De Una Chica Obstinada #1

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Capítulo 7

Lucy

Hoy he despertado más cansada de lo normal. No logré dormir absolutamente nada. Por primera vez desde que salí de ese apartamento, he soñado con él. Los niños estaban en casa y él le hacía daño a mi pequeña Amy. La mera posibilidad de que algo así suceda me turba mucho, no soportaría que terceros se vieran afectados por mis problemas. Ellos no están seguros conmigo a su alrededor.

Ya he terminado de limpiar la cocina junto a Sarah y ambas subimos para cambiarnos e irnos a trabajar. Ella nota todo en mí con esa mirada perspicaz que tiene, le agradezco que no pregunte nada al respecto. Todas esperan que en algún momento hable, que les confíe lo que he pasado, pero no puedo.

Hoy retomaré mi trabajo, no veo caso en quedarme sin hacer nada todo el día, me incomoda quedarme a solas con el esposo de mi amiga todas las mañanas. Él es buena persona y jamás he visto hacer algo fuera de lo común, pero, aun así, es muy extraño estar a solas con un hombre que muy poco habla y que prefiere permanecer encerrado en su habitación, como si se escondiera.

Cuando bajo, John está besando la cabeza de sus hijos y besa los labios de su esposa levemente, Sarah sonríe y yo también lo hago, como si fuera un acto-reflejo hacia un acto añorado. Es una muy bonita imagen de postal.

—Estoy lista —digo.

Amy me mira y corre a mis brazos para abrazarme.

—Démonos prisa o llegaremos tarde —nos urge la rubia, con voz de general, y salimos.

Los niños suben a la parte trasera y yo me siento junto a Sarah. Emprendemos nuestro camino y mi amiga hace sonar el claxon cuando pasamos frente a la casa del policía. He tratado de no pensar en él, ocupando mi mente en otras cosas, pero esta mujer no ayuda. Todo el tiempo habla de él y lo buena persona que es, lo guapo y, peor aún, lo atento que es conmigo, recalcando que no es precisamente por su trabajo. Parece que me estuviera vendiendo unas vacaciones a algún irresistible y paradisíaco lugar. ¿Será que le está pagando para que lo promocione? Es demasiada la insistencia de Sarah.

El policía viene saliendo de su casa, viéndose irresistible con sus jeans de siempre y camisa blanca de mangas largas, debajo de su brazo izquierdo sobresale su arma, que cuelga de una funda negra sobre sus hombros. Eso me da escalofríos. Es horrible ver esa linda sonrisa que me hace sonrojar como una niñita con su primer flechazo. Nos saluda batiendo la mano levemente, sonríe complacido al verme, toco la preciosa pañoleta en mi cuello y aparto mi mirada de él. Los niños y Sarah les corresponden el saludo con grandes sonrisas.

—No seas maleducada y saluda —insiste la rubia y ruedo los ojos provocando su risa.

Aumenta la velocidad y, por el retrovisor, veo como los niños sonríen al igual que su madre. Celestinas baratas.

Dejamos a los niños en sus escuelas y partimos hacia el centro empresarial, donde están nuestros trabajos. Sarah trabaja como secretaria de recursos humanos en una empresa de publicidad a pocas calles de la cafetería donde trabajo. Las otras dos chicas también son secretarias en el mismo lugar, Paula lo es del jefe de publicidad y Georgina está en el área jurídica. No entiendo por qué Paula trabaja, si se supone que tiene dinero de su anterior matrimonio, pero no lo utiliza más que para lo necesario.

Hay personas que lo tienen todo y no lo quieren. Definitivamente...

Me despido de ella e intento aguantar sus burlas por la manera cómo se comporta Mark conmigo y sé que no me libraré, especialmente, de Paula. Ayer, Mark pasó por la noche y me llevó una pañoleta para mi cuello, es hermosa de un rosa apagado con flores blancas. Quisiera decir que me la he puesto por gratitud, pero la verdad es que me fascinó y adoro los regalos. Fue un gesto muy dulce, eso fue lo que me desarmó. Me hubiera gustado darle las gracias personalmente, pero se fue tan rápido como llegó.

¡Qué hombre!

 

El señor Clark me señala su reloj una vez me ve entrar, mi corazón se agita emocionado por ese gesto de normalidad que me ofrece. Tendré que despertar más temprano de lo usual para poder tomar el transporte público y estar aquí a la hora exacta. Aun así, mis jefes me reciben con bonitas sonrisas, igual que siempre.

No me esperé que reaccionaran de esta manera, que fueran comprensivos y no me miraran de esa manera tan extraña que siempre recibía de otros. Como si fuera un ser extraño del que hay que huir.

Las personas pueden llegar a ser más crueles de lo que se podría esperar, aun sin que ellos mismos se den cuenta, porque de esa manera fueron criados. No comprenden cuan odiosos son al criticar a alguien sin conocerlo realmente, sólo dejándose llevar por los prejuicios.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 08.12.2018

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