Aventura De Una Chica Obstinada #1

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Capítulo 12

Lucy

Detesto los días cuando el idiota del pronóstico dice: "Es el inicio del verano, amigos, tendremos una gran y soleada temporada" y, a la media hora, el agua cae como si el cielo se estuviera cayendo a pedazos.

Afortunadamente la semana ha pasado sin contratiempos. Chase no ha vuelto a pasar para incomodarme y Mark me está cuidando aún más que antes. La historia de Lia ha sido realmente perturbadora y sé que teme que me llegue a pasar algo semejante. Yo también, no lo puedo negar, pero sé que, si lo dejo en paz, él lo hará también.

O eso espero.

Hoy es viernes y falta poco para saltar emocionada, como Amy lo hace cuando ve a su padre, cuando mis jefes dan la orden de cierre. Paula vendrá a recogerme esta noche y me quedaré en su apartamento para tener una noche de zorras. Mark tiene que trabajar en un caso especial del que no le puede hablar a mortales sin placa. Cosas secretas de policías y cosas así. Muero por conocer el lugar de la pelirroja. Me lo imagino bastante ostentoso como lo es ella, con colores vibrantes y llamativos.

Sarah se irá mañana con los niños para Albertville, donde vive su suegra, y los padres de Mark. La idea es que los niños pasen esta semana con su abuela, antes de enviarlos a Ohio con los padres de la rubia por un par de semanas. Fue divertido ver a los niños esta mañana tan emocionados porque al fin iniciaron las vacaciones de verano.

Pero no más emocionados que sus padres. Eso me parece genial, así la pareja tendrá tiempo para disfrutar. Se lo merecen.

He hablado con más frecuencia con mi madre en los últimos días por presión de mi policía y la noto feliz y más animada que nunca, emitiendo siempre una risita aguda que nunca le había escuchado. Me encanta saber que está bien y que la vida a su alrededor parece mejorar. Se siente como si todo en nuestras vidas, por fin estuviera tomando el curso debido después de siete años.

Me despido de mis jefes y compañeras, todos abren sus paraguas y se alejan por sus respectivos caminos, sonrío cuando la pelirroja me escribe para decir que estará aquí en cinco minutos. Afortunadamente, todavía hay personas andando y hay bastante tráfico a pesar de la torrencial lluvia. Lia no se ha quedado conmigo esta vez, tiene una cita con un chico del que no ha parado de hablar toda la semana y la ha tenido suspirando con cada mensaje que le llega. La señora Clark nos regaña constantemente por ello. Yo ando igual de distraída por Mark.

Ellos no tienen hijos, por eso su vida está en la cafetería y nosotras, que le damos la alegría al lugar. Eso dicen ellos.

—¿Tu policía no vendrá hoy? —espeta esa escalofriante voz en mi oído.

Me arrebata el paraguas y el frío me hace estremecer cuando el agua toca mi cara. Empiezo a temblar, sé que no es precisamente por el frío. Siento su nariz en mi cuello y sollozo sin control cuando sujeta mi brazo con esa fuerza tan conocida para mi piel. Rodea mis hombros pegándome a su cuerpo y me fuerza a caminar junto a él, por el sentido contrario del que se supone llegará Paula. Bajo la cabeza, porque no quiero verlo, no quiero enfrentarme a esa mirada, seguramente colérica. Mi cuerpo aún lo recuerda, su calor penetrante, su aliento alicorado, sus manos duras y rasposas, y su voz gruesa y dominante. Lo recuerdo como si nunca me hubiera ido, y no de una manera agradable.

Sonrío levemente, porque Mark no se parece en nada a él. No puedo compararlos ni por error.

El temblor en mi piel persiste, el miedo me empuja a obedecerle, pero sé que tengo una opción, ahora sí. Antes no tenía en quien apoyarme.

—Déjame ir, por favor —ruego, e intento frenarlo para que no me aleje de ellos.

Escucho su risa divertida, como si no hubiera pasado nada y no hubiera pasado tres semanas. Con mayor fuerza aún, me jala a un callejón, mi corazón retumba dolorosamente contra mi pecho, temiendo lo que viene. Grito cuando golpea mi cabeza contra la pared a mi espalda. Llevo las manos a la cabeza y jadeo cuando mi vista se nubla. La lluvia que cae sobre nosotros y el frío que recorre mi cuerpo es lo que me dice que aún estoy aquí, sin permitirme abandonarme a ese vació, que deseé por mucho tiempo, me arropara desde que estuve a su lado. Desde que cambió.

—Claro que no, nena.

Sujeta con fuerza mi quijada provocando que mi llanto aumente y mi corazón vibre en mis oídos como un colibrí. Me encuentro con sus ojos rojos y sé que está drogado. Se ve deplorable, aún más que cuando estaba junto a él. Tiene unas grandes ojeras, su aliento apesta a alcohol y su mano se siente huesuda. Esto no es para nada bueno. Él me da lástima, está tan dañado.

—Tú eres mía, ¿recuerdas? Si no vienes conmigo, sabrás de lo que soy capaz realmente. Tienes veinticuatro horas para regresar por tu propio pie y convencer a todos para que te dejen en paz. Te extraño, Lucy. —Me abraza y pasa su cara contra la mía, raspando dolorosamente mi piel con su barba descuidada, su satisfacción es evidente cuando ríe por mi sollozo. Mis brazos quedan lánguidos a mis costados, sin fuerzas—. ¡ABRÁZAME! —grita, en mi oído, jala mi cabello y lloro cuando me besa, provocándome arcadas—. No quiero que le pase nada a tus amiguitas, Lucy. Sé que las quieres y sería una lástima dejar perder una cara tan hermosa como la de la zorra pelirroja, o quizás se extravíe alguno de los hijos de la horrible rubia de camino a casa, o mejor aún, tu amiga la de los gatos, ella siempre está sola.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 08.12.2018

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