Aventura De Una Chica Obstinada #1

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 17

Mark

Estiro la mano para atraerla a mí, consciente de la grandiosa noche que pasé con mi insaciable novia. Ella en verdad es mucho más de lo que esperé encontrar, entregada, dulce, amorosa, algo loca, pero eso no eclipsa en nada lo mucho que me hace quererla con sólo esa sonrisa. Es complaciente, caliente y complaciente. No tiene nada que envidiarle a su amiga, la pelirroja. Al sentir el vacío y el frío en su lado de la cama, me levanto de un salto y me meto dentro de una pantaloneta antes de bajar. Busco en mi baño, que tiene un leve olor a su champú. Tomo mi teléfono y lo pienso antes de marcar, primero debo cerciorarme de que ella no está, tengo que concentrarme y pensar con cabeza fría.

Es increíble lo tremendamente impulsivo que me vuelvo por ella. No quiero más que cuidarla, necesito saber que está bien y que nadie nunca la apartará de mi lado. Nunca, jamás en mi vida, había tenido este sentido de posesión que tengo con ella. Con Lety nunca me importó, incluso, esas salidas que tenía con supuestos amigos, la escuchaba alabarlos más de la cuenta haciéndome entender lo mucho que yo distaba de la perfección que ellos tenían. Eran sólo palabrerías, para mí.

—¡Lucy! —grito en medio de la sala, voy a la cocina y, al no verla, regreso enseguida para salir y hablar con el oficial West, quien se supone cuida la casa en este momento.

El hombre dice que nada sospechoso o fuera de lo normal ha sucedido y que no ha visto a Lucy salir. Regreso a la casa enseguida, consciente de que mi casa no es tan grande como para que ella desaparezca o siquiera me escuche al llamarla a gritos.

Cierro la puerta con demasiada fuerza y paso mis manos por mi cabeza, deseando tenerlo así sea dos centímetros largos, para jalarlos con fuerza. Busco su número en mi teléfono, como último intento antes de descontrolarme.

—¿Por qué sales a la calle en pantaloneta? No sabía que eras un travieso indecente.

El nudo que se instaló en mi estómago, al no encontrarla a mi lado, desaparece por arte de magia sólo con su suave y burlona voz. Sonrío, aliviado, y, sin contenerme, corro para tomarla en mis brazos y que me rodee con esas preciosas y fuertes piernas que tiene mi novia.

Mi novia. Ella es un sueño del que no quiero despertar jamás. El que sea mi novia me hace sentir único, sólo porque ella lo es. Su piel se siente fría, eso me da un ligero conocimiento de dónde se encontraba, niego, porque nunca pensé en buscar en el jardín. Nunca voy allí, la puerta de la cocina que da a allí siempre permanece cerrada. Todo allí es verde e insípido, nada especial que destacar más que el pasto verde. Nada más. Acaricio sus piernas para transmitirle calor y sonrío al sentir como se remueve, inquieta. Muerde ligeramente en lóbulo de mi oreja derecha y mi pene se tensa automáticamente, como si fuera un acto natural que ella me provoque con un simple gesto. Es así desde la primera vez que la toqué, aún peor con nuestro primer beso. Aprieto su culo con fuerza y sus manos acarician mi cuello, estremeciéndome con más fuerza.

Espero que eso signifique que somos perfectos juntos.

Le arrebato mi camiseta y sonrío con verdadera malicia. Nada más hay debajo que nos impida disfrutar el momento. Adoro esa piel canela y mucho más como se torna perlada cuando suda en medio del sexo, suave y exudando un dulce aroma que me impide soltarla.

—Hablando de indecentes.

—Una mujer puede soñar con tener mucho sexo salvaje por toda la casa.

Rio, fascinado por ella.

—Hazme una lista, linda.

Gime, en afirmación, y la siento sobre la mesa del comedor, me hago entre sus piernas y ella me apura, asegurando que ningún juego previo es necesario. Lo puedo sentir en ese calor tan fuerte que emana, sobre todo en su sexo, es una hoguera avariciosa que me quema. Cristo, deseo ser consumido por ese calor. Tomo su cara entre mis manos y devoro su boquita carnosa con ansias, disfrutando de su sabor mentolado. Con desespero baja mi pantaloneta y me toca con excesivo entusiasmo, hasta sacudir mi cuerpo con violencia. Este momento se vuelve un físico y básico deseo carnal guiado por un sentimiento de necesidad que ella crea en mí. Sentirla a ella, tan suave y húmeda, chocar nuestros cuerpos y escuchar cada uno de sus ascendentes gritos, me lleva a un imponente nirvana.

Sentir perderla me está enloqueciendo.

 

Acaricio su cabello, aún liso, y lo retuerzo entre mis dedos. Me gusta cómo se siente, pero siempre preferiré ese alocado e indomable cabello crespo. Así es ella, y adoro todo lo que es. Beso su hombro y la pego más a mi pecho absorbiendo su esencia, como un drogadicto encontrando su marca personal.

—¿Sucede algo? —pregunto.

Niega y gira su cabeza para mirarme, le doy un beso y me siento dominado por esa sonrisa.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 08.12.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar