Aventura De Una Chica Obstinada #1

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Capítulo 18

Lucy

Muchas personas creen que enfrentar la vida es sencillo, que avanzar y seguir adelante es como ir por leche al supermercado, escoges y sigues tu camino. Y en verdad lo intento, avanzar, seguir, dominar la situación. Pero no es fácil. Aunque, si lo pensamos desde la sabia perspectiva de Sarah, si puedo superar todo este tiempo y situaciones que viví con Chase, podré enfrentarme a lo que sea.

Cuanto desearía tener un poco de esa confianza que ella tiene en mí.

Mark toma mi mano y hago un puchero. Aún estoy molesta con él por haberme traído aquí sin siquiera prevenirme. Para cualquier otra mujer, una que amara su tierra y añorara a su familia con fervor, hubiera sido la más especial de las sorpresas, pero no para mí. Ya son seis años sin poner un pie en este lugar y me mantengo casi acostada en el asiento del auto evitando ver más de lo necesario. O que me vean a mí.

Mi novio sonríe, seguramente recalcando lo infantil que soy, pero él tuvo una infancia y una adolescencia perfecta, su familia entera lo ama y es una persona realizada en plenitud. Yo no he lograda nada con qué mofarme de ellos, con qué decir “Gracias por hacerme fuerte”. No hice nada.

—Quiero ir a casa —lloriqueo, peor que Amy, y Mark ríe.

Baja la velocidad, se detiene justo frente a la farmacia del señor Richards, el esposo de mi tía Marion, la hermana mayor de mi madre. Le ruego irnos, pero ríe con más fuerza.

Si tan sólo entendiera.

—Mírame, linda —dice, sus dedos rozan levemente mi barbilla robándose mis suspiros.

Cuánto quisiera estar de vuelta en el avión de Alex, en esa habitación tan fascinante que tiene. Cielos. A ese hombre le gusta tener lo mejor, si tan sólo yo no amara a Mark y él no…

Mi respiración se atasca y miro a mi novio, realmente impresionada, y siento como mis extremidades se debilitan como una suave espuma para café. Tiene esa sonrisa fascinante, dulce y estremecedora, esa sonrisa que me lleva a las nubes. Al infinito y más allá.

—¿Me escuchaste, Lucy? —pregunta y acaricia mi mejilla. Niego, porque esta nueva seguridad en mi corazón me ha dejado anonadada. Mark vuelve a llamar mi atención y me esfuerzo por escucharlo—. Dime una sola cosa que te hizo feliz en este lugar. Sólo una.

No tengo siquiera que meditar una respuesta, porque sale de mi boca con seguridad.

—Mi mamá.

Mi corazón siente ese calor y ese anhelo por verla. Mark sonríe y yo también lo hago al sentir cómo se acerca para besarme, casto y dulce, y comprendo, al fin, que nunca me he sentido de esta manera con ningún hombre. Increíblemente, en Minneapolis, encontré más de lo que deseé tener. Allí tengo las amigas más especiales que se podrían pedir, tengo un trabajo que me hace sonreír, porque estoy segura de que nunca me sentiría cómoda trabajando encerrada en una oficina, confinada a un escritorio, como Sarah, Paula y Georgina lo hacen; y encontré a un hombre impensablemente maravilloso que me ha mostrado que en verdad puedo llegar a ser amada sin tener que aparentar algo que no soy, con todos mis defectos y mis pocas virtudes.

—Ella no es una cosa, pero es válida la respuesta.

—Tonto —contesto, con una enorme e indeleble sonrisa.

Mark vuelve a reír y observo su perfil cuando arranca el auto para seguir nuestro camino hacia la casa de mi madre. Como siempre se me ha hecho difícil, casi rozando a lo absurdo, mantener mis emociones a raya, salto y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello para darle un profundo beso a su picuda mejilla. No tengo idea cómo hace para no perder el control, es como si esperara mi reacción. Como si me conociera y eso le embelesara.

Olvidando todo lo demás, al pueblo, a su gente, a las viejas y bien conservadas casas coloniales, y a mi pasado, decido pensar en ella. Nada más importa.

—¿Alex por qué hace todo esto por nosotros? —pregunto, recordando nuestra despedida en NY.

Dejamos a los niños en Moundsville, Ohio, el lugar de donde es Sarah, en manos de un par de sujetos encargados de mantenerlos a salvo, y entonces entendí el punto de Sarah. Alexander Collins es un controlador adinerado y no le interesa la opinión de nadie más que la suya propia. Luego fuimos a Nueva York a dejarlo a él para hacer sus cosas de gente importante y tuvimos el avión sólo para nosotros dos. Recuerdo la sonrisa de Alex, tranquila y adorable, antes de besar mi frente, como lo haría un hermano mayor, y me prometió que siempre me estaría cuidando.

—No tengo idea, linda, pero prefiero no meterme en la mente de un sujeto como él.

—Ufff. Ni yo.

Él es, definitivamente, abstruso.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 08.12.2018

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