Aventura De Una Mujer Libre #2

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Capítulo 7

No voy a negar que la noche fue sensacional. La rubia se empezó a divertir luego de un par de tequilas y vaya que me disfruté tomándole fotos cuando bailaba con esos dos calientes desnudistas que ardían como el infierno al que sé que iré. Adoro cuando se desinhibe de esa manera. Es una lástima que sólo sea cuando toma y que al día siguiente no recuerde absolutamente nada. Por eso me encargo de dejar la evidencia.

Sarah se ha ido muy temprano esta mañana y me he quedado solo con Georgi soportando a la tonta novia con sus nervios finales. Anoche, Lucy estuvo muy nerviosa tomando margaritas vírgenes y comiéndose las uñas. No recuerdo cuantas veces tuve que golpear sus manos para que dejara de hacerlo. Hace crecer mi ansiedad y ya no lo soporto.

—Mark, deberían empezar a entrar.

—¿Estás segura de que ya viene?

Río y le muestro el mensaje de Georgina donde dice que ya han salido. Asiente algo aliviado y anuncio que ya pueden pasar a la iglesia. Esto es lo que Mark deseaba, una manera de atar a su morena sin que ella pueda renegar. Nada de matrimonios civiles y la madre del novio no dudó en convencer al cura para que los case así de rápido.

Este par de nuevos esposos son tan desconfiados en lo que hará el otro. Lucy atravesó por una dura y enferma relación que la hace ser desconfiada, pero eso hace que Mark tema y crea que su chica va a salir huyendo de un momento a otro. Espero que solucionen eso. No será bueno para el bebé crecer en un ambiente tan inestable.

Pero sé que se aman a pesar de esos temores. Por eso siguen juntos luego de casi un año y medio de relación.

Sonrío al ver el rostro aliviado de los presentes por poderse refugiar del frío y la nieve que empieza a caer y cubrir las calles. A pesar de que no somos más de cien personas, todos se ven muy felices por los novios. La madre de la novia con su novio, los padres del novio y amigos cercanos de ambos.

Afuera sólo esperaremos Sarah y yo para acompañarla en su entrada. Veo a la rubia darles un beso a sus hijos y por último a su esposo. Siempre me han gustado los ojos de John, pero me parece un sujeto algo extraño, demasiado callado para mi gusto, pero perfecto para mi amiga.

—Hola, pelirroja —susurran a mi oído y me sorprendo.

—Capitán. —Me doy vuelta y sujeta mi cintura con algo de fuerza y posesión—. Creí que ya no vendrías.

—No me perdería este día por nada del mundo. Mucho menos por lo que nos espera al final del día.

Sonrío y lo tomo por la solapa de su saco con fuerza pegándolo a mí. Me encanta que no se intimide y le guste el juego. Toma mi nuca y me besa con fuerza. Su sabor mentolado me envuelve y disfruto de esa sensación tan agradable que me provoca este hombre. Siento su lengua rozar mis labios y sin dudar, la mía también lo busca. Gimo al sentir mi cuerpo vibrar y desear más. Se pega a mi cuerpo aún más al suyo permitiéndome saber que tanto me desea. Creo que estamos igual de ansiosos por sellar finalmente esta relación.

—Estamos en una iglesia. —Rio sobre sus labios al escuchar a mi rubia—. Capitán Lucas, ya deberías estar adentro.

—Lo siento, Sarah. — dice él, sin vergüenza. Mi amiga rueda los ojos al ver que nuestros cuerpos aún siguen muy juntos a pesar de estar mirándola a ella, y trata de no sonreír—. Nos vemos en el altar, Pelirroja.

Roo sin poder evitarlo y me vuelve a besar antes de finalmente soltarme.

—Dile al novio que en un par de minutos llegan. Ya hablé con Georgina.

—Claro, Sarah —dice antes de desaparecer.

—Dos meses. —Empieza Sarah—. Creo que es un récord para ti. Jamás te había visto tanto tiempo sola desde tu separación con Ethan.

—Y parece que ha valido la pena.

Mi rubia ríe y ambas salimos a esperar a la novia en la puerta. Cuando el auto se detiene, nos cubrimos para que la nieve no arruine nuestros cabellos y corremos a ayudarla a bajar. Se ve preciosa mi morena.

Corremos de vuelta para refugiarnos del frío y ayudamos rápidamente a la novia a quitar su saco dejando ver lo hermoso que hace lucir ese vestido de novia sin ningún tipo de decoración más que los bellos ojos verdes de la chica y la poca pedrería.

—Chicas. —Empieza a hablar mientras acomodamos el velo y la cola—. Gracias por todo. Ustedes son lo mejor que me ha pasado en la vida y nunca tendré palabras para agradecerles por haber salvado mi vida y haberla llenado de color.

Todas sonreímos y nos turnamos los abrazos. Cuando es mi turno le susurro.

—Tú también nos complementas. Desde que llegaste a nuestras vidas, es algo extenuante soportarte, pero eso nos entretiene.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 26.09.2018

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