Aventura De Una Mujer Libre #2

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Capítulo 22

—¿Ya tienes todo listo, nena? —me pregunta mientras camina con afán hacia su oficina.

Escucho las risillas y toses burlonas de mis compañeros del piso y ruedo los ojos. Brad les hizo saber sin palabras —ya se imaginarán como—, que había algo entre nosotros. Fue algo incómodo la primera semana, pero ya todos parecen haberse hecho a la idea y él no deja de comportarse conmigo como si estuviéramos en su casa.

Si. Aún, luego de tres semanas, estoy con él en su casa. Cuando le he preguntado por qué no estaba en su apartamento, reí por horas cuando me dijo que al llegar del viaje se enteró de que su ex lo había destrozado. Tuvo que comprar ropa nueva e irse a la casa que compartía con su hermano Nick. Eso sirvió para que la denunciara y la familia de la trastornada chica, finalmente tomara cartas en el asunto para evitar un escándalo que los perjudicara.

Hay familias muy especiales.

—Si —contesto escuetamente y se detiene.

—Irás, Paula —sentencia y ruedo los ojos—. Tomo mis cosas y nos vamos.

Lo odio. Ha tomado la invitación del cumpleaños de mi sobrina de mi apartamento sin permiso y con ayuda mis tres amigas, me han acorralado y obligado a aceptar este castigo. No sé qué he hecho para merecer esto. Hoy nos hemos presentado en la empresa por un par de horas porque había una de esas reuniones mensuales con los directivos, de lo contrario, desde anoche ya estuviéramos en mi adorada Seattle. Odio tener que hacer este viaje y lo odio a él por convencerme de ir a la fiesta de cumpleaños de mi única sobrina mañana por la tarde.

—¿Qué hay de malo en Seattle? —pregunta Leila y Gena se le une inmediatamente como la buena cotilla que es.

—Mi madre —murmuro, guardando mis cosas y dejando mi escritorio ordenado.

—Es sólo un fin de semana —dice Gena como si le fastidiara mi mal humor.

—Mi madre es como yo, pero con una versión oscura y malvada.

—¡Joder! —dice Leila aparentando asombro—. Y yo que creí que no podría haber algo más malvado que tú.

Ambas ríen y niego divertida. Pues lo hay.

Brad sale con su saco en mano y se despide de todos recomendándoles tener el trabajo al día para el lunes. El verano ha llegado y ya se preparan para las campañas de otoño y de invierno.  Por eso me sorprende su duro desempeño.

—Vamos, nena. Es tarde.

Me despido de todos y sujeta mi mano con fuerza, como si quisiera asegurarse de que no intentaré huir. Nos detenemos frente al elevador y sonríe con burla hacia mí.

—Te odio. ¿Ya te lo dije?

—Oh, si —susurra muy bajo y abraza mi cintura para pegarme a su cuerpo sin ninguna vergüenza, acariciando la punta de mi nariz con la suya. Levanto levemente mi mirada para buscarla suya y sonrío—. Pero el odio que más disfruté fue el que gemiste a mi oído anoche.

Ummm. También me encantó.

—Eres un descarado —murmuro abrazando su cuello y acaricio delicadamente mis labios con los suyos suspirando por él y lo bien que me hace sentir cuando mi corazón se acelera—. Deberé odiarte más seguido.

—Ódiame en el auto.

—Suena como una idea fabulosa.

—¡Busquen habitación! —grita alguno de los chicos y reímos.

—¡A eso vamos! —le grito de vuelta y sonrío más al escuchar las risas.

Brad se ha encargado de todo al ver mi poca disponibilidad. El hotel, los tiquetes, el auto alquilado y le encargó a Alicia, su cuñada que no es su cuñada —como extraña—, que hiciera mi maleta. Lo único que yo debía hacer, era confirmar mi asistencia como se requería en la tarjeta, pero si he de hacer esto, lo haré a lo grande. Las entradas triunfales con miradas sorprendidas, son lo mío.

Lastimosamente, la fabulosa idea del auto ha tenido que esperar por la obsesión de mi novio por no perder ese estúpido vuelo. Aún no puedo creer que esté utilizando esa palabra, pero lo más increíble y alucinante, es que no me da acidez al aceptar que una vez más, luego de no sé cuan endemoniado tiempo, vuelvo a tener novio. Quiero que la tierra me trague.

—Sé que no es el momento, pero creo que es algo que tengo que preguntar y si no lo hago ahora, nunca lo haré.

Lo miro apartando mi mirada de la Vogue en mis manos frunciendo el ceño al mirarlo. Sí sé que hay muchas cosas que no hemos hablado aún y lo mejor es zanjar temas de una vez por toda, aun así, no creo que la sala de espera de un aeropuerto sea un lugar oportuno para tratar temas personales.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 26.09.2018

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