Aventura De Una Mujer Libre #2

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Capítulo 23

—Viniste —susurra mi hermana menor, Laura, pareciendo muy asombrada.

—Por supuesto que ha venido —espeta mi madre haciendo sacudir ese bonito vestido azul. Es una lástima que sea tan hermosa a pesar de sus sesenta años, pero con una personalidad repugnante que la hace ver como el asqueroso sapo que es—. Por lo menos te hubieras vestido menos como una prostituta barata.

Mi padre dice que físicamente nos parecemos mucho, sólo nos diferencia mi cabello colorado y ojos verdes que heredé de mi padre, y ella que tiene su brillante cabello castaño igual al de mi hermana.

—¿Por qué? —pregunto con inocencia alisando la falda de mi vestido blanco, que parece estar pegado a mi piel, y termino con mis manos en mi firme trasero—. Mejor una zorra feliz que una dama frígida y amargada.

Sonrío cuando mi madre empuña sus manos y realmente deseo que me vuelva a levantar la mano como una vez lo hizo. Ese día dejó de ser mi madre y jamás volví a confiar en ella. Abrir los ojos y descubrir que las personas muestran sólo máscaras, es doloroso, pero jamás fui más feliz con mi vida, que la que he tenido lejos de aquí.

—Por favor —interviene mi hermana—. Es el cumpleaños de mi hija y hace mucho no veía a mi hermana.

—¿Tú hermana? —espeta mi madre—. Ella no pertenece a esta familia. Dios no le da una familia a mujeres despreciables como ella. Te ha castigado con un vientre tan seco como tu corazón.

Y si creí que mi madre no podría ser más cruel, estuve muy equivocada. Los brazos de Brad me rodean con fuerza y es cuando concibo lo fría y temblorosa que me he puesto, llamando la atención de mi madre, pero antes de que él intente hablar, alguien más lo hace.

—¡Ya basta, Karol! —grita mi padre sorprendiéndome. Él odia a mi madre y la engaña, pero jamás se le había enfrentado de esta manera—. Vuelves a decirle algo más a mi Paula y te vas a arrepentir.

—Oh, vamos —se burla ella—. No tienes las agallas, querido. Nunca las has tenido. ¿Acaso quieres quedarte en la calle como la arrastrada cucaracha que eres?

Miro a mi hermana desesperarse y niego deseando saltarle al cuello a esa...

—Tranquilo, papá. Nosotros nos vamos —murmuro dando un par de pasos hacia mi hermana.

Le tiendo a Laura el regalo para mi sobrina y ella empieza a sollozar al notar el incontrolable estremecimiento en mi mano; camino de vuelta hacia Brad, quien mira a mi madre con desagrado y ella no hace menos.

—Doy gracias a que mi mujer no es como usted. Ahora entiendo todo. —Escupe, literalmente, a sus pies y me jala para salir.

—Paula —llama mi padre y lo miro dándole la espalda a mi madre—. Me voy contigo, cariño. Lo siento, mi Laura.

Mi hermana asiente con lágrimas en los ojos y eso me sorprende mucho. La recuerdo más arpía y víbora como mi madre. Ella me sonríe y frunzo el ceño realmente contrariada.

—Si te vas... —empieza la bruja de mi madre, pero el grito de mi padre la detiene, además de las miradas curiosas de «sus amistades».

—¡Basta! Quédate con todo lo que te dé la gana, maldita mujer. Nada me hará más feliz que deshacerme de ti. ¿Quieres el dinero? Es tuyo. ¿Quieres aparentar tener una familia perfecta?  Pues lo siento. Sólo espero que Laura se decida pronto a alejarse de ti, porque yo ya lo he hecho. No sabes lo feliz que me sentí cuando mi princesa decidió seguir sus sueños y vivir feliz lejos de tus infelices garras.

—¡No te atrevas!

La ignora con una sonrisa orgullosa y brillante que jamás había visto en él, dejándola pasmada, y me toma del brazo, haciendo que Brad me suelte. Lo miro desconociéndolo, como si esas palabras lo hubieran liberado de un gran yugo. Mi madre siempre lo había amenazado con quitarle todo por lo que él, su padre y el padre de su padre, habían trabajado toda su vida, al tener pruebas de sus infidelidades.

Mi madre es una... No puedo ofender a más animales a su costa.

Se escuchan nuestros pasos resonar sobre el linóleo, creando un fuerte eco por el amplio y elegante pasillo. Nuestros pasos y más otro que me hace detener.

—Papá, quiero presentarte a alguien. —Mi padre sonríe y besa mi mano antes de hacerme girar hacia mi novio.

Brad tiende su mano hacia él con su sonrisa encantadora de siempre al notarme más relajada.

—Brad Hudson. Mucho gusto, señor Stuart.

Mi padre lo vuelve a mirar de pies a cabeza dejándolo con la mano estirada y rio.



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 26.09.2018

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