Aventura De Una Mujer Libre #2

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Epílogo

Nuestro desayuno fue entretenido a pesar de la horrible noticia que nos ha dado Lucy sobre que se irá a vivir a otra ciudad muy lejos de nosotras. Traté de mostrarme un poco aprehensiva luego de las palabras de Sarah, pero no me creo capaz de ir a esa ciudad, que tan amargos recuerdos me trae, ni siquiera para ir a visitar a mi loca amiga. Ya no será lo mismo si no estamos las cuatro, ellas son mi familia y la única constante en mi vida.

Pero sé que es su vida y su lugar es con su familia.

Ahora, sólo hace falta que Georgina acepte volver con su familia ahora que la están buscando con tanta insistencia. Eso no lo soportaría. Muy a pesar de que ella diga que no lo hará, los extraña, lo noto en su melancólica mirada. Espero estar equivocada.

Ahora, lo más excitante que tenemos para entretener nuestros días, esa extraña relación de Sarah con un completo desconocido que la hace sonreír como hace muchísimo tiempo no la veía. Los dos primeros días, llegué a pensar que se trataba de John intentando recuperar su matrimonio, pero las palabras y esas lágrimas contenidas de mi rubia de hoy, además de esos costosos regalos que está recibiendo, me dan la certeza de que no es él. Sólo me queda una persona en la que pensar y deseo que no sea de esa manera. Adam Walker no es hombre para mi rubia, esos sujetos juegan mucho, los he visto, y mi Sarah no merece algo como eso.

En realidad, si ella me dice que dejará a su esposo, la apoyaré completamente. Es demasiado preciosa como para llevar una vida como la que John le está dando.

Sé que les he mentido con respecto al porqué de mi separación con Brad. Esa tal Ashley es sólo una amiga, cosa de la que me enteré después de verlos salir de la oficina, la primera vez que ella fue, abrazados con tanta confianza.

Sentí celos, sí, y esa fue la excusa perfecta que les di a las chicas para no decirles lo que en realidad había sucedido esa tensa mañana de septiembre. Luego de tres semanas, al fin ha vuelto a dormir en mi apartamento, aunque no me quiso tocar. En verdad hubiera aceptado si lo hubiera intentado. Lo extraño mucho.

Luego de haberlo dejado, o intentado dejarlo, se quedó conmigo durante un par de días nada más, pero dándome “espacio”. En la oficina me ignoraba, al salir me llevaba a cenar y luego me dejaba en mi casa, sin mediar palabra conmigo. Eso era muy desesperante para mí. Esa semana se fue por diez días a Toronto con su amiga y el esposo de ésta, y, al regresar, simplemente me ignoraba. Me llamaba cada noche para preguntarme como estaba, le contestaba y cortaba inmediatamente sin darme tiempo siquiera de gritarle por su estupidez.

¿No se supone que no me dejaría ir?

Y ahora, ha vuelto como si nada. Me encanta, lo reconozco, pero no entiendo su nuevo interés en volver.

—¿Estás bien? —me pregunta Sarah mientras caminamos hacia nuestros autos.

Georgina a preferido caminar y Mark ha pasado a recoger a Lucy y a Matty para ir a visitar a su familia a AlbertVille, donde viven los padres del policía. Ahora Sarah acaricia mi brazo y la miro sin saber qué decir.

—Sé que he estado distraída, pero me preocupas, Paula.

—Estaré bien.

Asiente antes de abrazarme y suspiro besando su mejilla. Ella es quien más necesita apoyo en este momento, pero prefiere enfocarse en otros, aunque agradezco que no se haya dado cuenta de lo que pasa.

—Sé que lo estarás.

Nos despedimos y la veo sacudir su mano antes de arrancar su auto. Al llegar a mi apartamento, una vez más, no está. No sé si sentirme triste por desear que se esfuerce más o feliz porque sé que no me dejará ir, tal y como lo prometió desde que empezamos a salir. Es un idiota. Ayer cuando salimos del trabajo y me obligó a irme con él, creí que me abordaría, pero no. Sólo se puso a trabajar y durmió en el sofá.

Que desesperante.

Paso el resto de mi mañana doblando mi ropa limpia y viendo una película antigua que no tengo idea de cómo se llama. Trato de sacar a ese idiota de mi cabeza y pienso en si sería lo mejor dejar de esperarlo y regresar a mi vida antes de él. Ya no es igual, no se siente igual salir y platicar con otros hombres sabiendo que mi corazón le pertenece a otro.

Escucho la puerta ser cerrada con algo de fuerza y me levanto inmediatamente con mi corazón latiendo de esa misma manera irregular, que sólo provoca él. Es la única persona que tiene llaves, después de todo. Lo veo cargar un par de bolsas plásticas hacia la cocina con un pequeño bolso donde, me imagino, lleva ropa.

—Creí que no volverías —digo, llamando su atención—, y que al fin me dejarías en paz.

Me mira de soslayo y niega antes de seguir su camino hacia la cocina. Vuelve y entra a mi habitación, donde acomoda su ropa mezclándola con la mía sin ningún cuidado, ruedo los ojos y llego a él arrebatándole lo que le falta. 



Marcia Cabrero (Skinny Heart)

Editado: 26.09.2018

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