Azael

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II

El dolor de cabeza me estaba matando desde que desperté, era tan agudo y punzante como si me estuvieran arrancando el cabello con pinzas.

Un suspiro tembloroso se escapa de mis labios, mientras una ola de sufrimiento vuelve a cubrirme por completo.

Masajeando mis sienes, me detengo mientras espero que los demás estudiantes salgan.
No era fácil mantener la rutina del trabajo y la universidad, con esta pequeña tortura que se instaló en mi cabeza, pero debía superarlo. Hoy tuve mi último examen, y estoy segura que me fue bien, eso significaba que pronto obtendría mi título, y podría abandonar el trabajo horrible por el cual dependo.

Por fin las cosas parecen suceder relativamente bien.

-Zoe, por favor, muévete-dice una voz a mis espaldas, segundos después mi hombro choca contra algo, haciéndome caer sobre mis rodillas. Miro hacia la persona que acaba de empujarme, pero antes de que pueda decir algo, desaparece por el pasillo al igual que todos. Estoy segura de que me vieron en el suelo antes de escaparse, pero fui ignorada.

«Dios quiera que el tiempo no vuelva atrás»

Con cuidado, me levanto, y camino con lentitud, ayudándome de la pared como sostén. Llevando mi mochila a rastras, voy en dirección de la pequeña enfermería.

Durante mi trayecto, no puedo evitar pensar en mis padres, en mamá, si ella supiera lo que me está pasando, estaría ahora mismo en su cama con una taza grande de té de limón que tanto odio, pero que extraño. A los dieciocho quise dejar de ser un peso para mi familia, por lo que tuve que pasar por todo ese proceso de independizarme aunque ellos no estuvieran de acuerdo. Quisiera decir que los primeros meses fueron difíciles, pero aún lo sigue siendo, después de cinco largos años.

Porque no  soy tan  inteligente como para una beca, por lo que tengo el gasto de la cuota y alquiler. Aún así, eso me ayudó y ayuda a comprender al menos una porción de lo difícil que pueden llegar a ser las cosas.

"Siempre hay alguien que está en una peor situación".

Bostezo de una manera tan sonora que  me sorprendo.

Aún tengo  sueño a pesar de haber dormido un poco. Miro a mi alrededor, pero por suerte no hay nadie, ni siquiera el personal, por esa razón, y sin pensarlo dos veces, me dejó caer lentamente al suelo, y apoyo la espalda contra la pared, sin creer que no pude caminar  quince metros seguidos debido al dolor. 

Llevo las rodillas a mi pecho, abrazándolas, y cierro los ojos un momento.

Una luz me cegó por un instante en cuanto desperté. Por alguna razón estaba acostada de lado en el suelo. Mis brazos estaban bajo mi mejilla, funcionando como almohada.

Sin embargo, en los segundos en que tardé en procesar lo profundo que me había dormido, noté que las baldosas no eran la mismas que pertenecían a los pasillos. No era una persona detallista, pero podía recordar perfectamente haberme recostado sobre un suelo blanco, y ahora estaba en un oscuro, jamás había visto un piso negro, al menos mi mente no recordaba ninguno.

Me levanté con algo de dificultad, confundida ante la situación.

No estoy en la universidad-pensé con preocupación.

Y nada de esto está bien.

El miedo me abordó por completo, cada fibra de mi ser se cubrió de terror.

A unos metros de mi, se encontraban varios cuerpos tirados, estos estaban llenos de sangre. El corazón se me detuvo al ver la escena.

Estaba soñando, estaba teniendo una pesadilla, pero  no me encontraba en aquella "habitación".

En medio de la nada, en una calle.

¿Por qué estaba acostada en el asfalto?

¿Por qué los edificios y lo demás a mi alrededor se encontraba como un mundo apocalíptico?

Aquella luz que me despertó era el sol, pero el cielo no era como siempre, era gris, con nubes oscuras y tormentosas, y eso no tenía sentido.

Sintiendo la adrenalina correr por todo mi cuerpo,  traté de alejarme de aquella situación, pero en cuanto di un paso, comprendí que estaba herida. La ropa que llevaba, pero que no me pertenecía se encontraba cubierta de tierra, de sangre...

-¡Zoe!

Giré mi cabeza en dirección de la voz, varias personas me miraban a lo lejos, con desesperación, miedo en sus rostros, pero ninguno se acercaba. Miento, entre ellos, había un muchacho, el que había gritado mi nombre, este, por alguna razón intentaba liberarse de sus compañeros que lo sostenían fuertemente. Él era alto, y parecía fuerte, pero estaba llorando.

Me dolía el pecho.

Miré detrás de mí.

Varios seres se aproximaban con rapidez, pero no podía distinguir su naturaleza, porque parecían correr con dos piernas, pero la forma en que lo hacían parecía sobrehumano.

Antes de que pudiera reaccionar, antes de que incluso ellos pudieran llegar hasta mi, lo hicieron sus balas.



Lourdes Benitez

#66 en Ciencia ficción
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En el texto hay: amor, suspeso, accion

Editado: 25.11.2019

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