Azael

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XI-I

No estoy preparada para lo que está a punto de pasar.

Tomo un poco de aire, y lo suelto lentamente, mientras dejo que Ethan me ayude a mantenerme en pie.

Hacía dos horas que había terminado su extraña reunión sobre lo que me pasaría; en ese tiempo estuve sola en la habitación, ya que Ethan debía estar presente, hasta donde sabía, era el único que me apoyaba, y sabía toda la historia., porque a pesar de que estaba segura de que Azael también estaba al tanto sobre cómo llegué a su mundo, no me quería allí, y aún más sabiendo que su Zoe al fin había desaparecido completamente. No sé lo que se dijo en ese intercambio de palabras, pero cuando Ethan abrió la puerta de la habitación, solo comentó que los demás querían conocerme, y que no me preocupara.

Claramente estoy preocupada.

Lo único que deseo es volver a mi hogar, pero ni siquiera sé si es posible.

Caminamos con cuidado por los pasillos de madera que crujen a medida que sienten nuestro peso. Mi nariz se frunce un poco ante el olor nauseabundo mezclado con moho que hay en la casa. Con algo de melancolía, observo lo deteriorada que está, mostrando con claridad que ha sido abandona ya hace muchos años. Hay suciedad, vidrios, papeles, en el suelo, todo destrozado; las paredes son idénticas a la de la habitación en donde me encontraba antes, solo que hay zonas donde se han caído grandes pedazos de yeso; no hay luz eléctrica, pero cada dos o tres metros, hay velas iluminando nuestro camino.

Aprieto la mano de Ethan cuando estamos a punto de cruzar el umbral, asustada por lo que pueda pasar, desacelero el paso, quedando detrás de él. Sé que me comporto como una niña, pero simplemente no puedo aminorar o desaparecer el terror que estoy sintiendo. Él se da la vuelta en el momento en que nota que no estoy a su lado-¿Estás bien? ¿Te duele demasiado?

-No, yo, yo tengo miedo-me sincero en un susurro, sin quitar la mirada de la puerta cerrada.

-Estaré a tu lado, no debes temer. Azael y Race no estarán, si es eso lo que te preocupa-sus palabras me calman, pero no lo suficiente-Las chicas están incluso emocionadas, seguramente te preguntarán muchas cosas, pero no lo harán con maldad, lo prometo.

Asiento insegura, mientras abre la puerta, y lo sigo con lentitud. Lo primero que noto es que la habitación se encuentra iluminada por el fuego dentro de un contenedor de basura; las ventanas están selladas, y solo hay un gran sillón cerca de calor, donde se encuentran tres personas. Estas no se dan cuenta de nuestra presencia al inicio, pero rápidamente el silencio se hace presente al vernos.

Ethan coloca una de sus manos en mi espalda baja, dándome un leve empujón para acercarnos completamente hacia ellas.

Guío mi mirada hacia cada una, estudiándolas.

Todas llevan el mismo uniforme que ahora estoy usando.

Mis ojos caen rápidamente en las gemelas, quienes están sentadas una al lado de la otra. Ambas tienen un largo cabello pellirojo, sus rostros son suaves y juveniles, grandes ojos verdes, pequeñas narices, barbillas afiladas, pecas cubriendo la mayor parte de sus mejillas. Son idénticas, a excepción de que una de ellas tiene una cicatriz demasiado grande en su bello rostro, bajo uno de sus ojos, hasta la comisura de su boca. Me observan con detenimientos como yo lo hago, pero no con odio o temor, tal vez con curiosidad.

-Hola, Zoe-dice la muchacha, ubicada sobre el apoyabrazos. Muevo la vista hacia ella.

Es demasiado pálida, y delgada, incluso puedo notar con facilidad que su ropa es al menos dos tallas más grande que ella; sin embargo, no parece enferma, sino que simplemente es así su físico; posee un cabello corto, oscuro como el mío, el cual está atado en una coleta; sus ojos son rasgados, y sus labios rosados, y pequeños. Inspira una pureza e inocencia casi abrumadora.

Una sonrisa se hace presente en su rostro, y por alguna razón me calmo un poco.

-Hola-murmuro algo incómoda.

-Me llamo Sook, ella Victoria-apunta a la chica con la cicatriz, quien asiente en forma de saludo-Y ella Ann ¿Te gustaría sentarte con nosotras?

Ante su pregunta, miro a Ethan, pero este solo me sonríe.

-Eh, yo...

Todo sigue siendo tan extraño, pero por alguna razón, a aquellas chicas parece no importarles el hecho de toda esta locura, y no estoy segura de cómo proceder, tantas preguntas están en la punta de mi lengua, pero sé que tal vez, la mejor forma de no enloquecer mientras trato de encontrar una manera de salir de este lugar que no me pertenece, es aceptar la amabilidad que estas muchachas me brindan.

-Ven-es Victoria quien se levanta de su asiento, y se acerca a mí. Toma mi mano con cuidado, como si estuviera tratando con algo demasiado frágil. Por un momento, sus ojos quedan fijos en mi rostro, pero rápidamente baja la mirada. Antes de que pueda comprender lo que sucede, estoy sentada en medio de las chicas. Coloco las manos sobre los muslos, sin saber dónde ponerlas, mientras dejo mi espalda apoyada sobre el mullido sillón. -No debes estar tan nerviosa, ya sabemos lo que ocurrió, y aunque suene loco, confiamos en ti.

¿Saben todo?

¿Confían en mí?

-Bueno, para ser sincera, ayudó mucho el hecho de que Azael no te matara, ¿sabes? Aunque todo es demasiado retorcido, entendemos un poco la situación, y no fue tu culpa...-comienza a decir Ann, colocando una mano sobre mis hombros, en señal de apoyo.



Lourdes Benitez

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En el texto hay: amor, suspeso, accion

Editado: 25.11.2019

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