B prophet

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Todo aquello resultó inverosímil para Seckau. Incapaz de concebir tal plan, no era sólo que únicamente se contactaba con el alma obviando su existencia y parte fundamental del ser. Sin embargo resultaba imposible aislarla y manipularla. Como el sentido propio de la vida uno podía influir pero al final escapaba a todo intento de control externo.

El inconsciente es el océano y el consiente la tierra de nuestro pequeño mundo interior. Nosotros fuimos incapaces de descubrir por completo sus misterios, lo mismo pasa con los aspectos más esenciales, uno solo puede suponer en la oscuridad por los bichos que se arrastran en la superficie.

Tras lograrse el primer trasplante cerebral—un éxito en cuestiones médicas.—El cerebro respondía de forma natural como si estuviese en su propio cuerpo. El comatoso al que le trasplantó abrió los ojos y se movió. Sus pupilas se dilataban con la luz y sus reflejos resultaban óptimos, pero al abrir la boca fue que el fracaso resultó evidente. En efecto ese cuerpo se movía y actuaba pero no había rastro de algo que lo diferenciara de un pez, de un animal siguiendo su instinto, sin la facultad que lo volvía un individuo, una persona. Al alterar una parte tan importante del organismo, alguna clase de flujo cósmico se había cortado. Una arteria invisible y de vital importancia y esa breve desconexión se llevó de golpe las dos existencias, como un agujero negro devoraba galaxias.

—La colisión de dos universos —incapaz de llevar aquello más lejos gruñó dando un trago a su absenta. Un satélite publicitario holomercial proyectó un clip musical de Biandetto de hace tres años. El joven llevaba el cabello negro púrpura y aún conservaba un brillo inocente en sus ojos. Hacía tres años se encontraba absolutamente enamorado de él.

El clip te arrastraba dentro como si todo sucediera a tu alrededor. Su melodiosa voz penetro en su cerebro estremeciéndolo. «Un año atrás fue la última vez que le vi a los ojos, a él y no a un prefabricado montaje y me cuesta creer que sentí su calor, rocé sus labios y escuche su respiración». Involuntariamente sus ojos se desviaron hacia el fondo del pasillo oscuro donde las luces de piso moduladas eran un parpadeo verduzco.

¿Forzaría su corazón a imponerse en su nuevo compañero?, con una sonrisa amarga se terminó el licor alucinógeno, cerrando los ojos.

«Si era ese el deseo de Biandetto...»

—¿Qué tal esta?

Diderot parpadeo ante el espejo estrechando las miras, su reflejo hizo lo mismo pero aún era incapaz de decir que aquel era él. El cabello de un rubio pajizo se mecía con vida propia alrededor de su cabeza dándole un aspecto suave y etéreo, montones de hilos suaves se aferraban a su cráneo como esos animales que no se movían en los arrecifes y asemejaban a plantas. Incapaz de contenerse llevó una mano y tiró suavemente. Las hebras se pegaron a su mano y el pequeño ardor en el cuero cabelludo le indicó que en efecto ese era su cabello.

Una mano presiono en su espalda con una firme palmada.—¡Está perfecto!, gracias.

Diderot apretó los labios fastidiado, rendido ya. Desde su llegada se había metido en clases de canto, de baile y actuación, a diario practicaba con diversos maestros desde buenos modales hasta piano, leía y se le inculcaba la forma correcta de hablar. Todo esto supervisado bajo la atenta mirada de Hereb. Seckau se convirtió de golpe en su tutor legal al descubrirse que era menor.

—Esta será la vida que llevarás de ahora en adelante, y deberás pronto acostumbrarte a ella.— Había dicho una semana después de su llegada y entonces los descansos casi no existían.

—Estas muy callado.— Sentado frente a un amplio escritorio que lucía como madera auténtica, Hereb garabateaba en la pantalla.

Diderot decidido a ignorarle le dio la espalda, envuelto en su frustración y desdén, como un gato arisco.

—Tu estuviste de acuerdo con esto por si no lo recuerdas las cosas que debes hacer eran...

El ahora rubio estalló mirándolo con ira contenida y los puños cerrados. —¡Fáciles!, ¿comunes?, para Biandetto...¡Lo sé!, ¡Maldita sea me lo has repetido cada maldito día!, he hecho todo sin quejarme, pero ni en mi tiempo de descanso puedes tu dejarme en paz!, ¡Eres un dolor en el culo, pedazo de asno!— Apuntando un dedo hacia el hombre que se mantenía indiferente gritó— ¡Tu...tu... ¡Crápula!

Y una sonrisa se estiró en los labios delgados del moreno, cerrando de golpe la pantalla que se desplazaba frente a su rostro dándole un aire maquiavélico. —Bueno podemos decir que tus clases están ciertamente rindiendo frutos, tu lengua ha perdido filo o mejor dicho se ha pulido de una manera...más que interesante.



Belucarmer

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En el texto hay: cyberpunk, soft romance

Editado: 23.03.2018

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