Bailando con el diablo

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Capítulo 1

La música inundaba la habitación de Zaya mientras se terminaba de maquillar. La melena castaña estaba recogida en una coleta alta, sin ningún pelo fuera de ella, el vestido azul marino con un ligero vuelo cubría su cuerpo al mismo tiempo que resaltaba algunas partes, como las largas piernas que terminarían en unos zapatos de tacón finísimo, con los que no todos pueden pasar la noche.

Daba los últimos retoques a su maquillaje cuando su mejor amiga, Reina, una joven rubia con unas curvas dignas de admiración , llegó a su casa.

- ¡Zaya, date prisa! - le gritó desde el piso de abajo, donde se encontraba sentada en el sillón, sabía que tardaría unos minutos, que encima de los zapatos que llevaba... era preferible estar sentada.

- ¡Ya voy! - le contestó, al igual que ella, gritando. Cogió el bolso de mano, metió la cartera, el teléfono y las llaves de su casa, luego recogió los zapatos y bajó – podrías ser un poco menos... - habló, cuando bajaba las escaleras – impaciente.

- Hemos quedado hace cinco minutos, ¡cinco minutos! - miró como su mejor amiga se ponía los tacones, pero antes de que terminara tiró de su brazo, haciendo que Zaya perdiera el equilibrio por un momento, pero antes de caer lo recuperó - ¡date prisa! - le gritó, soltándola del brazo y esperando a que terminara.

- Ya está, vamos – salieron de la casa de la morena y se subieron al taxi. Reina miraba a Zaya – oh, vamos, no me mires así – pero su amiga no le contestó – han sido solo cinco minutos...

- No me gusta la impuntualidad – se cruzó de brazos.

- Sabes que soy ligeramente impuntual – se giró a verla, pero Reina observaba las calles y la gente que las transitaba - ¡vale, lo siento! - se disculpó, lo que causó una sonrisa en su amiga.

- Muy bien...

- Chicas – interrumpió el taxista – ya hemos llegado – Zaya le pagó al hombre y se bajaron del vehículo.

- Por esto no me gusta la impuntualidad – señaló la cola que había para entrar al local – ahora tenemos que esperar, y mi atuendo – señaló el vestido negro que llevaba – no está como para estar en la calle, de noche, en otoño – remarcó.

- Solo hay cinco personas, estaremos dentro antes de que te des cuenta, ya veras – se pusieron las últimas de la fila y esperaron.

- Serían zero si fueras puntual – se volvió a quejar Reina.

- ¡Oh, vamos! ¿Otra vez con eso? Ya me he disculpado... y no sabes si hace cinco minutos había alguien o no, así que... - adelantaron unos pocos pasos, hasta quedar frente al portero.

- Hola, chicas – las saludó - ¿cómo estáis?

- Estaríamos mejor si Zaya fuera puntual – le contestó Reina, con una sonrisa, mientras sacaba su cartera para enseñarle la identificación.

- Déjala, Alex, está enfadada – le explicó Zaya, haciendo lo mismo que su amiga.

- Pasad – dicho esto entraron en el local.

Al abrir la segunda puerta un fuerte olor las golpeó. El local estaba lleno. A penas se podía distinguir la gente, ya que prácticamente la única zona iluminada era la barra. La gente bailaba al ritmo de la música y encontrar un sitio donde las dos podían bailar sin que las golpeasen fue una tarea algo complicada.

- ¿Qué día es hoy? - le gritó Reina a su amiga cerca de la oreja – esto esta a tope – se separó, Zaya solo se encogió de hombros, sin saber la respuesta.

- Puede que alguien esté celebrando algo aquí dentro – le contestó - ¿quieres algo para beber? - Reina la miró por un momento y luego negó con la cabeza. Un chico se acercó a la rubia y le dijo algo que Zaya no pudo escuchar, así que se marchó a la barra.

Las luces allí no eran muy fuertes, pero a diferencia de la pista de baile, allí si se podían distinguir las personas perfectamente. Se sentó en un taburete y cuando el barman pasó por delante le levantó el brazo ligeramente, indicándole que quería pedir algo. Un chico con el cabello oscuro y vestido de negro se sentó en el taburete de al lado y habló antes que ella.

- Dos cervezas – luego se giró en su asiento y la miró – espero que te guste la cerveza - le guiñó un ojo. Segundos más tarde ambos tenían sus bebidas.

- Muchas gracias – le contestó al hombre, mirándole. La verdad, es que era atractivo.

- ¿Qué haces aquí sentada? - le preguntó, luego bebió un trago.



Dafne De La Vega

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En el texto hay: hibridos, demonios y angeles, amor

Editado: 15.09.2018

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