Bailando con el diablo

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Capítulo 2

Caminó a casa metida en sus pensamientos, sin prestar atención a su entorno.

- Cuidado, chica – le dice un chico cogiéndola del brazo, haciendo que la chica se girara y saliera de su mente – Zaya – la reconoció.

- ¿Quién eres? - le preguntó totalmente confundida.

- ¿No te acuerdas de mi? - le devolvió, con ojos de malicia. Y ahí estaban otra vez esos ojos que le pedían a gritos que huyera, por los que extrañamente se sentía atraída. Negó con la cabeza, mirando sus zapatos, avergonzada por no recordarlo – soy Daniel, nos conocimos anoche, luego nos marchamos a tu casa en un taxi, casi no cabíamos todos en él – le sonrió, como si recordara ese momento - ¿vas a casa?

- Si, es...

- Por allí – la cortó, señalando la calle que tenía que cruzar donde casi la atropellan por estar metida en sus pensamientos. La cruzaron.

- Gracias, por eso – le dijo señalando con la cabeza hacia atrás.

- No hay de que – metió las manos en los bolsillos de su cazadora, esperando a que ella hablara.

- Mis padres me han dicho, hace un rato – señaló el tiempo –, que no me quieren cerca de ti – se giró a mirarlo – nunca me habían dicho nada sobre un chico... - no sabía por que se lo estaba contando.

- Suelo causar ese sentimiento en los padres – sonrió de lado, mostrándole a la chica que no estaba dolido por su comentario - ¿lo harás? - sacó una mano del bolsillo y la paró, quedando cara a cara.

- No lo sé – le contestó, mirando el suelo – no se como me siento al respecto, algo en ti me pide a gritos que les haga caso... pero otra parte te seguiría al mismísimo infierno si me lo pidieras – Zaya le miraba, intentando encontrar respuestas a sus preguntas. Dani sonrió por el comentario final de la chica.

- Me alegra saber eso, de verdad me agradas... no todas las chicas que conozco me dejan dormir con ellas y luego me hacen saltar por la ventana – se rió ante el sonrojo de Zaya.

- Lo siento por eso... - se disculpó, mirando sus zapatos mientras andaba. Dani la volvió a coger del brazo, pero esta vez en lugar de pararla la empujo hacia él, evitando que chocara con una farola – gracias por eso también, parece que hoy eres mi salvador.

- Bueno, no soy exactamente un ángel de la guarda... más bien soy todo lo contrario – la chica no contestó a su comentario y se quedó callada hasta que llegaron a su casa.

- Bueno aquí es – se paró, en la entrada – no se si decirte que pases o pedirte que te marches – en ese momento la puerta se abrió, mostrando a los padres de la chica de no muy buen humor.

- Pasad. Los dos – les ordenó él.

- Señor... - intentó excusarse Dani, pero con una mirada de la chica le bastó para bajar la cabeza y entrar en la casa.

- ¿Cuál es tu nombre, chico? - le preguntó el hombre de la casa, Fernando.

- Daniel – le contestó, sin mirarle a los ojos, nervioso.

- Muy bien, Daniel, me gustaría hablar contigo a solas – remarcó las últimas palabras.

- Pero, papá... - intentó quejarse Zaya pero su padre la miró seriamente durante un segundo, haciendo que se callara y se marchara a su habitación.

Zaya trató de guardar silencio, para escuchar lo que pasaba en el salón, pero al parecer su padre la conocía mejor de lo que ella pensaba ya que susurraban y ella no lograba escuchar lo que decían porque por mucho que ella estuviera quieta y callada, sus hermanos estaban jugando a videojuegos y estaban haciendo mucho ruido. Derrotada, suspiró y se marchó a su habitación, pero justo antes de que entrara escuchó un portazo, segundos después sus padres la llamaron.

- ¿Queríais algo? - les preguntó inocente, antes de bajar el último escalón de un salto.

- Siéntate – le ordenó su padre, señalando el sillón donde había estado el chico. La seriedad en sus palabras la alertó – si tu madre o yo te decimos algo, tu escuchas, sin peros – añadió al ver como Zaya abría la boca para protestar – no te queremos cerca de ese chico y no queremos volver a repetirlo, no es alguien de fiar.

- ¡No lo conocéis, no lo sabéis! - gritó levantándose de su sitio, enfadada, aunque en el fondo sentía que tenían razón.

- Cariño – intentó tranquilizarla su madre – vuelve a sentarte – le señaló el sillón, luego miró a su marido y este asintió con la cabeza. Zaya miraba atenta la escena – tenemos que hablar, de algo importante.



Dafne De La Vega

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En el texto hay: hibridos, demonios y angeles, amor

Editado: 15.09.2018

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