Bailando con el diablo

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Capítulo 6

Zaya abrió mucho los ojos, una chica la estaba maquillando y otra, haciéndole un moño. No se sentía ella. Se miró al espejo. Seguía siendo ella, pero no lo sentía, algo había cambiado, algo era diferente.

Colgado a un lado de donde estaba, había un vestido largo de color blanco. Lo miró. Le pareció que era un vestido de novia y se asustó. No recordaba comprometerse.

- Princesa, hora de vestirse – le dijo la chica que la maquillaba.

Zaya se levantó sin saber la razón, ella no controlaba su cuerpo, cada vez se sentía más extraña. Se sentía como una mera espectadora y su cuerpo le parecía una marioneta, una que ella no movía.

Las dos chicas le ayudaron a ponerse el vestido, con todo el cuidado del mundo. Antes se puso los zapatos, también blancos y con tacón. Se volvió a mirar al espejo. No parecía ella, no sentía que fuera ella, pero la imagen que le devolvía aquella superficie reflectante, decía lo contrario.

Salió de aquella habitación. El miedo invadía cada fibra de su cuerpo. Caminó por un amplio pasillo que la llevó a un enorme salón, lleno de gente... no, de gente no, de ángeles. Miró cada uno de los rostros de todos los presentes. Ninguno le era familiar. Estaba sola. Por encima de todo se escuchó una voz masculina. Zaya no prestó atención. Unos minutos más tarde, la voz terminó de hablar y un chico se puso delante de ella. No lo conocía de nada. La cogió de la mano y tiró de ella hasta quedar en el centro del salón, junto con otras parejas de ángeles. Todos ellos vestían del mismo color.

La música inundo el lugar y todas las parejas empezaron a moverse al unísono, incluso ella. La música cesó y los bailarines volvieron a mezclarse con el resto de la gente. Alguien le dio una copa de champán y la cogió. Algunos invitados se acercaron a ella para felicitarla por el baile, igual que habían hecho con el resto de sus compañeros.

Cuando se quedó sola sintió un profundo deseo de salir al jardín. Abrió un ventanal y salió al exterior. El aire fresco la golpeó, se sentía muy real e irreal al mismo tiempo, todo era como un sueño.

Zaya empezó a andar entre los arbustos, los árboles y las flores y llegó a un estanque. Junto al estanque había un cenador redondo de madera oscura iluminado solamente por la luna y las estrellas. Bajo el tejado había un banco, también de madera. Zaya fue a sentarse allí, era como un impulso que le hacía realizar esas acciones.

Caminó lentamente, mirando su destino. A los pocos metros vio una sombra en la penumbra, sentada en el banco que ella iba a ocupar. Pero eso no la paró, siguió caminando hasta llegar allí y sentarse.

- Es peligroso – se sorprendió a ella misma, tampoco controlaba lo que decía.

- El riesgo merece la pena – le contestó una voz masculina que conocía muy bien, por todas las mentiras que le había dicho.

- Caín, está lleno de ángeles... no podías haber elegido un lugar peor – el demonio se rio bajo y la miró.

- Por ti, princesa, corro todos los riesgos que existen – Zaya lo besó, pero no se sentía correcto, ella no era ella y él no era él.

- Me habría gustado bailar contigo... - susurró, sin separase mucho de él.

- Aún podemos hacerlo – le contestó igual. La chica solo lo miró. Caín se separó de ella y se levantó, tendiéndole una mano. Zaya la cogió y se levantó. Pudo ver que él llevaba un traje igual al de su anterior acompañante, solo que era de color negro.

- ¿Sin música? - le preguntó, con una sonrisa.

- Tampoco necesitamos la música, podemos bailar a nuestro propio ritmo.

Zaya se acercó al demonio y empezaron a bailar al ritmo de una canción inexistente para los demás, solo ellos conocían la melodía que los movía.

El vestido giraba en torno de ellos, dando ligeros golpes a las piernas del chico, pero eso no le importó, siguieron dando vueltas por el porche de madera, sin romper en ningún momento el contacto visual, convirtiendo ese momento en un recuerdo único y especial a cada paso que daban.

- Me gustaría hacer esto contigo siempre – susurró Zaya, temerosa por romper la magia.

- Pero debes volver – dijo él, dejando de bailar y separándose de ella un paso– no puedes estar tanto tiempo fuera, aunque yo lo agradezca de todo corazón.

- Daría lo que fuera por quedarme más tiempo aquí – Zaya bajó la mirada, pero Caín se acercó a ella otra vez y levantó su barbilla con su dedo índice. Una tira de metal entró en contacto con la piel del ángel, causándole un ligero escalofrío.



Dafne De La Vega

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En el texto hay: hibridos, demonios y angeles, amor

Editado: 15.09.2018

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