Bailando con el diablo

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 8

Entre los tres, más tarde cuatro, limpiaron algunas de las habitaciones para así no respirar polvo. Abrieron los grandes ventanales y dejaron entrar el aire fresco, que parecía que no se movía por el interior de la mansión desde hacía mucho tiempo.

Luka trajo comida cuando llegó, no le dijo a nadie la razón por la que había dejado la casa de esa forma, y eso preocupaba a Nydia y también a Zaya, más de lo que admitiría.

- Deberíamos traer a Reina, para que no esté en peligro – propuso Luka, después siguió comiendo – también a tu familia, Zaya.

- Podría ser una mala idea... - lo contradijo su hermana – estaríamos todos en un mismo sitio... solo debería encontrar a uno para encontrarnos a todos.

- Me gustaría ponerlos a salvo, la verdad – Zaya apoyó a Luka, ya que era su familia y su mejor amiga. Caín se mantenía en silencio, aunque le dolía, no tenía a nadie a quién salvar, pensó que era lo mejor en ese momento.

- Sigue siendo una mala idea, chicos – razonó Nydia – te entiendo, pero si están todos aquí y alguna de las marcas falla por algún motivo... las he revisado para estar más seguros y también he hecho de nuevas, pero nunca se sabe, hay formas de romperlas, ¿me entiendes?

- Aún así, esto es más seguro, Nydia, han estado en su casa, ella no tiene nada que la proteja, mis padres podrían ir con mis abuelos unos días, pero no eternamente, también necesitan protección extra... y mis hermanos – se pasó las manos por el pelo con nerviosismo - no saben absolutamente nada de esto, de nuestro mundo, no saben que están en peligro, esto es mi culpa – susurró. Caín fue el único que la oyó, estaba sentado a su lado, así que le pasó un brazo por los hombros.

- No es tu culpa – le susurró, cerca de la oreja.

- ¡Déjame! - se quitó el brazo de encima y se levantó - ¡Esto si es mi culpa, es nuestra culpa! - gritó. Luego salió de la sala y se encerró en su habitación.

Aquella mansión le seguía pareciendo familiar, y también la habitación que eligió para dormir mientras estuvieran allí. No estaba decorada en exceso, una enorme cama en el centro de la pared izquierda, un tocador en la pared de enfrente y en el fondo de la habitación una puerta blanca, al igual que todas las paredes, y unas puertas dobles también blancas. Zaya supuso que uno sería el baño y el otro el vestidor, pero no abrió ninguna de las dos puertas, estaba demasiado cansada como para seguir limpiando.

*****

Se despertó por el ruido de gente entrando y saliendo de su habitación. Se frotó los ojos, desorientada por los sonidos y vio a varias mujeres entrando y saliendo del baño y del vestidor, cargadas con ropa, accesorios y productos de baño y los dejaban en unos baúles a los pies de la cama. La chica, sin controlar sus acciones, se levantó de la cama y salió de la habitación, pasó por el salón de baile y caminó descalza por el jardín, llegando al cenador, ahora vacío y bien iluminado. Se sentó en el banco, esperando algo que nunca llegaría. Cerró los ojos, imaginando dos noches atrás, si las cosas hubiesen sido distintas...

Volvió a la habitación, que ahora estaba completamente vacía y cogió el diario que la noche anterior había escondido bajo la almohada, entró en el vestidor y caminó hasta casi el final, a la derecha, movió uno una madera, que hacía de fondo, y lo metió, luego lo volvió a cerrar y se marchó de allí, sin mirar atrás.

*****

Zaya se despertó aún de noche y se levantó de la cama. Sentía que su sueño era mucho más que eso, así que entró en el enorme vestidor y se dirigió a la derecha, tal como había visto, movió la madera correcta y vio el hueco, con un diario dentro. Lo cogió y volvió a la cama. Se sentó con el libro en las manos, indecisa sobre que hacer ahora. Abrió el libro y encendió la luz.

Se encontró con una caligrafía preciosa, como si estuviera muy practicada para que fuera perfecta. Para Zaya. Decía la primera linea. A continuación, una frase la dejó desconcertada. El espejo te enseña la verdad si esta está oculta. Pasó página, dispuesta a empezar a leerlo, pero en lugar de encontrar letras del alfabeto, unos símbolos extraños se agrupaban a lo largo de la página. Volvió a pasar página y los símbolos se repetían, agrupados en diferentes proporciones, tres, cuatro, cinco... No sabía que clase de letra era esa, tampoco sabía si era una lengua o una invención de la escritora del diario para poder mantener sus secretos ocultos. Cerró el diario y lo observó en sus manos un par de segundos. Le parecía algo completamente normal. Normal como su vida poca menos de una semana antes.



Dafne De La Vega

Editado: 15.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar