Bajo la luz

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(II)

El cuerpo flacucho de Salvador se interponía entre la luz que emanaba de la ventana y Jidá, que comenzaba a desorientarse en el suelo. A cierto punto Jidá notó que Salvador no crispaba los ojos si no que los tenía totalmente abiertos hacia la luz. 

La chica batallaba para tener registro de lo que los rodeaba, las sillas, las mesas, el pretil que los dividía de la caja registradora y la cocina. Alargó su mano hasta el pantalón de Salvador y no lo encontró, su mano se meneó en el aire frenéticamente, el chico se había movido, más y más cerca a la ventana a paso lento. 

-¡Alejate de la ventana!

Dicho esto la luz de la ventana se hizo un hilo pequeño que apuntaba solo a los ojos de Salvador. El horrendo y metálico artefacto que se asomaba estaba listo para atravesar la ventana de un plomazo y arrastrar a Salvador para siempre de la existencia. La gran linterna que había consumido el cuarto en un resplandor doloroso se había transformado en una trampa que atraía a Salvador, el sonido de un taladro emanó de un tentaculo seguido de un golpe asestado en las pantorrillas que desequilibró a Salvador, el estruendo del vidrio se esparció por todo el lugar y el tentáculo parecido al de aquellas máquinas cazamuñecos se cerró en el vacío. 

El tentaculo se retorció en el aire, Jidá no perdió tiempo, tomó un plato vacío que descansaba en una de las mesas para tirarlo justo en uno de los focos de la máquina y se agachó a arrastrar a Salvador detrás del pretil, la mirada de Jidá estaba afectada por la fuerte luz a la que había sido expuesta y Salvador no mostraba signos de espabilación, asi que su recorrido hasta el pretil se atrasaba, la máquina de nuevo volvía a hacer ese sonido de taladro y la linterna que Jidá había golpeado parpadeaba en un intento por volver a prenderse sobre el cuarto.

Los dedos de la chica se habían encajado en la chamarra de Salvador y a cada tirón la tela se estiraba y rompía, en alguna otra ocasión, Salvador hubiese entrado en conflicto, pero hoy no importaba. Un compartimento al frente de la máquina se abrió de golpe y de el emanó un halo de luz nuevo. En un intento de llegar detrás del pretil, Jidá no pudo más que soltar un alarido de terror, largo y fuerte, uno que no pudo sacar momentos atrás por el shock. Una mano le tapó los ojos y el resto de su cuerpo abrazado por alguien más la arrastró hasta el fondo del restaurante.



Ekilore

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En el texto hay: alienigenas, romance, ovnis

Editado: 16.09.2019

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