Bajo la misma luna

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Capitulo 2

Eran exactamente las 12:30 del día, Jorge Antonio había salido de forma apresurada de su departamento, así que optó por vestir de forma casual, ansioso como se encontraba no pensó mucho en qué combinación elegir, ciertamente cualquiera que hubiese elegido le hubiera sentado bien, era un hombre de complexión media, si bien no era atlético, se mantenía en forma gracias a la actividad física que demandaba su trabajo y a la alimentación balanceada que acostumbró desde niño, con 1.80 mts. de estatura y de tez morena, se asemejaba a los guerreros azteca de los cromos que su madre coleccionaba, siempre destacó del resto de sus compañeros por su galanura.

Ansioso, se encontraba sentado en una de las mesas del Café La Condesa, muy cerca del Centro Histórico, había acordado reunirse con Yohualt en punto de las 12:30, -¿cómo la reconoceré?- le preguntó al acordar la cita, -yo lo conozco, pero sin duda cuando usted me vea, sabrá que soy yo- le contestó.

Miró su reloj, eran las 12:30 en punto, y la vió entrar, tal como le había dicho, sabía que era ella, una joven mujer indígena de exquisita belleza, de cuerpo menudo y tez morena, con grandes y profundos ojos oscuros, caminaba con tal delicadeza que parecía flotar, mientras su pelo negro azabache, que caía suelto hasta su cintura, se mecía suavemente con el movimiento, llevaba la vestimenta tradicional de la mujer milpaltense, blusa blanca decorada en punto de cruz rojo, verde y azul marino, una faja tejida de color rojo, falda larga de lana color azul marino y un rebozo verde, como calzado llevaba unos exquisitos huaraches tejidos en cuero, de no ser porque sentía que el corazón se le salía del pecho y le faltaba el aire, hubiera pensado que se trataba de una ilusión.

Cuando ella llegó a su mesa, él se levantó para ofrecerle una silla, -la verdad me ha dejado usted sin habla- le dijo él, ella sonrió con discreción. -Como le dije me llamo Yohualt, vivo en Villa Milpa Alta, lo hemos estado siguiendo muy de cerca, usted nos necesita a nosotros y nosotros a usted-, -un momento, me prometió que si nos veíamos me diría que es lo que me está pasando, he llegado a pensar que estoy enloqueciendo- dijo Jorge Antonio poniendo la mano derecha sobre la mesa, -¿ha escuchado hablar de los Tlacatecólotl?-, preguntó ella bajando el volumen de la voz, -sí claro, he estudiado algo de antropología social, son seres malévolos, mágicos, mitad hombre, mitad animal- contestó él queriendo resumir en pocas palabras todo lo que había leído acerca de esos enigmáticos seres, -son servidores del mal, los hombres búho son los maestros de la oscuridad, su sola presencia es el presagio de las peores desgracias- dijo ella haciendo una mueca de preocupación, -¿quiere decir que lo que he estado viendo es un hombre búho, que me ha estado acechando?....tengo entendido que son mitos, son leyendas, son……….el fruto de un intento por explicar lo inexplicable- dijo él resistiéndose a creer lo que escuchaba, entonces inesperadamente ella tomó su mano, y como en tropel llegaron a su mente una serie de imágenes incomprensibles, se veía a sí mismo transformándose en un enorme jaguar y correr por el bosque a la luz de la luna llena, pero no estaba solo, junto a él veía a otros seres iguales a él, con quienes se comunicaba sin hablar, instintivamente Jorge Antonio retiró su mano con brusquedad y las imágenes mentales cesaron, -¿¡qué me hizo, qué fue eso!?- exclamó sin entender lo que ocurría, -le permití ver en su interior, lo que no acepta….no es usted cualquier persona y lo hemos estado buscando por muchas lunas, pero ellos lo encontraron antes que nosotros, no tenemos mucho tiempo, ellos están cada vez más cerca-, Jorge Antonio se levantó de súbito de la silla, y exclamó tratando de no llamar la atención -discúlpeme señorita, pero no entiendo porque se quiere burlar usted de mí-, se dió media vuelta y abandonó el lugar, dejándola sola.

La incertidumbre lo estaba matando, caminó sin rumbo varias cuadras tratando de aclarar su mente, en vano buscaba de darle forma a todo lo que estaba pasando, de una cosa si estaba seguro todo lo que experimentaba era tan real que de solo recordarlo se le erizaba la piel, de pronto recordó los relatos sobre seres mitad hombre y mitad animal que su abuelo le contaba cuando niño; lo dudó un momento, sin embargo sacó su celular y le marcó, -¿abuelo?, ¿tienes tiempo para vernos?, necesito preguntarte algo-.

Eran cerca de las 5 de la tarde cuando, Jorge Antonio, llegó a la propiedad de su abuelo, era una bonita casa blanca estilo campirano en la zona del Ajusco, una edificación bastante antigua pero muy sencilla y bien cuidada, para llegar a la casa se tenía que atravesar un amplio jardín, en el que, desde que se tenía memoria, se habían cultivado diversas hortalizas, las cuales fueron pasando de generación en generación, adicionalmente en la parte trasera, el lugar contaba con 2 pozos artesianos de los cuales el lugar se abasteció de agua por muchas generaciones, pero que ahora yacían secos completamente, además, por raro que pareciera, el lugar era alegrado, y, porqué no decirlo, resguardado, por dos diminutos perros chihuahua, Tata y Nene, que parecían vivir eternamente, ante la obligada pregunta al abuelo del porque la longevidad de los canes, él se limitaba a decir que no eran los mismos, si no que eran las crías, de las crías…..realmente no era un tema que ameritara la inversión de tiempo y Jorge Antonio prefería no ahondar en ello.



M. Rocha-Ruiz

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Editado: 03.03.2018

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