Bajo La Niebla

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Capítulo 3

Sábado

07:03 a. m.

 

     Violetta bajó rápidamente por las escaleras, sorbo un poco de jugo de naranja que estaba servido en el comedor y se despidió de sus padres. En cambio, Milo agarró dos tostadas y les echó mermelada de fresa, saliendo detrás de ella.

       Al salir se dieron cuenta de que todo fue una burla del clima, no hubo ninguna tormenta. Sin embargo, el cielo incoloro formaba una mañana triste y silenciosa.

       —Qué frío hace —dijo Milo.

       —Eso te pasa por no bañarte —repuso Violetta.

       En la plaza, Luke, Enzo y Liz cubiertos cada uno con un abrigo.

       —No sean exagerados, y tú Enzo, quítate ese saco; pareces mi abuelito —dijo Violetta.

       Violetta y su banda de rock se ubicaron delante de la puerta de la Escuela de Música y sonrieron al notar que estaba entreabierta. Al entrar el vigilante dormía en una silla de madera con las manos enlazadas sobre la barriga, los pies juntos, roncando.

       — ¡OIGA, SEÑOR! —gritó Violetta.

       El vigilante se levantó de un brinco, se acomodó el uniforme gris y se limpió la saliva que se le deslizaba por la boca.

       —Si jefe, no hay ninguna novedad —dijo adormilado.

       —Gracias —dijo Violetta alisándose su pelo rojo—, ¿ahora si podemos ensayar?

       —Con que son ustedes, son una molestia...

       —Con permiso, señor —dijo Milo.

       —Solo hasta las once, y no hagan tanto escándalo.

       Diez minutos después, comenzaron a ensayar y sacaron corriendo al silencio, causando que las paredes temblaran. El vigilante cada cinco minutos se asomaba, espiándolos con sus diminutos ojos.

        —Ese vigilante me cae gordo —dijo Milo, mientras se comía una barra de chocolate.

        —Es un pesado —siguió Enzo, arrebatándole el chocolate a Milo.

        —Es un sangrón —dijo Liz, quitándole el último pedazo de chocolate a Enzo.

      Violetta empezó a cantar. Luke y Enzo con fuerza tocaban las guitarras, hasta dolerles las manos. Al tercer ensayo, Liz oyó dos voces airadas que procedían de afuera, y por un estrecho hueco en la parte derecha de la puerta Liz echó un vistazo para averiguar de quienes eran las voces.

       — ¿Qué hacen ellos aquí? —dijo, cuando vio al profesor Lafuente y a la señorita Carlota, que era la profesora de literatura.

       Todos dejaron de tocar y caminaron hacia la puerta. Milo con la curiosidad al tope, se tropezó con la guitarra de Luke. Alargó el brazo para impedir la caída, la gorra salió despedida de la cabeza y él aterrizó junto a las zapatillas de Enzo.

        —Sí que eres torpe —dijo Enzo, levantándolo.

        — ¿Y quién es el otro señor? —susurró Luke.

        —Es el que hace que los niños estudien —explicó Violetta.

        —Sí que está gordo —musitó Enzo.

        —Mira quién habla —dijo Liz, tocándole la panza.

       Aparecieron de repente los Genios de la Rima: Joaquín y Tolosa. Sus caras parecían estar tatuadas con una sonrisa enorme y burlona. A Luke se le revolvió el estómago al verlos, y le mostró una mirada asesina.

       —Hola, perdedores... —dijo Joaquín.

       —Cállate, o te aplastó esa nariz —dijo Luke.

       —No me hagas reír, si estás en una banda de niñitas lloronas.

       —Te voy a...

       Liz abrazó a Luke para que no se lanzara encima de Joaquín, y se formara una batalla épica.



Gio Vela

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En el texto hay: montruos, niebla, niños

Editado: 21.07.2019

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