Bajo Mil Espinas

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Cap. 4

Pov: Lucía


   Sus palabras me llenan de algo que no sabría describir, puede que sea curiosidad, o tal vez miedo; miedo a lo desconocido. Miedo a descubrir que no soy el único fenómeno existente.

    Le miro expectante, con el corazón corriendo un maratón, toda mi atención puesta en él, esperando a que me diga qué es y, cuán diferentes somos. 

   Muchas veces creí que mi condición era una maldición, que yo estaba pagando las malas decisiones de mí padre, que a mí se me estaba cobrando la vida de todas aquellas personas que mí padre torturó, descuartizo, y se comió- sí, se comió- pues mí no tan adorado padre es un hombre caníbal, es un tigre viviendo en el cascarón de un hombre. Alguien sin corazón y dispuesto a todo por sobrevivir.

   Viendo que mí acompañante aún no se ánima a hablar, le hago un ademán en señal de que le estoy esperando, a esto responde con un supiro y separa sus labios para lo que creo, hablar.

—Existo desde tiempos incontables, por más sequías que hayan pasado, mí caudal sigue fluyendo. Soy un ser de tierra, pues fluyo de está. Vivo para recorrer grandes poblados y llevo vida a donde quiera que voy. Soy soy energía, soy quién carga las nueves gracias al proceso de evaporación hecho por mí madre. Fui creado para que exista vida en la tierra, pues sin mí todo lo que conoces no existiría.- termina diciendo.


   Le miro callar a la espera de que diga algo, y yo, me encuentro aquí, tratando de procesar todo lo que me ha dicho, pero aún así me encuentro en el limbo. Por más que trato de analizar lo dicho por él no logro entender, no soy capaz de deducir qué ó quién es él.

   Es vida, es energía, existe desde tiempos incontables, pero yo no se de que demonios me habla ¡No se que carajos es!.

   Busco en su mirada con la esperanza de en contrar algo, tan sólo una pequeña pista que me ayude a deducir qué es, pero no encuentro más que sus ojos cafes, pero está vez hay algo que no vi la última vez que los miré. En ellos se pueden ver dos pequeñas motitas azuladas y esto me parece imposible. Son dos pequeños puntos un tanto imperceptibles, pero que gracias a mí condición de ser extraña puedo ver.


   Él sonríe dándose cuenta al parecer de mí descubrimiento, cierra sus ojos y cuándo los vuelve a abrir su color a cambiado totalmente. Ahora ya no son negros, sino que ahora son de un azul aqua ¡Esto no puede ser!.

   Abro la boca a más no poder y señalo en dirección a sus ojos en forma acusatoria.

—Déjate de tonteriasy dime de una buena vez que demios eres.- le digo entre dientes.

   Él en respuesta resopla y niega con la cabeza, para luego darse la vuelta y caminar en dirección al rio. Le miro de forma sospechosa y le sigo.

   Cuando hemos llegado ya a la orilla del rio, él da media vuelta quedando frente a mí. 

—Espero que con esto si logres entender quién soy.- y sin más se lanza al rio.

   Mí cuerpo entra en parálisis, no logro mover un mísero dedo ¡Joder que se acaba de tirar al rio!

   Una vez mí cuerpo se ha despertado del letargo, empiezo a buscar desesperada con la mirada pero sin ningún éxito, no logro encontrarlo. Muevo la vista de un lugar a otro y le llamo-obvio que no por su nombre pues no me lo sé- pero no recibo respuestas, literalmente se lo ha tragado el rio.

   ¡Pero que tonto es! ¿¡Cómo fue capas de lanzarse al rio!? Por más fenómeno que sea, no puede ir por ahí tentando la suerte ó al menos yo no lo haría.

    Cansada de buscar decido darme por vencida, pero cuándo estoy apunto de alejarme de la orilla y dar la vuelta para regresar a casa a lanentarme la muerte de alguien que pudo haber sido mí amigo por el simple echo de que compartíamos algo en común, siento como algo tan frío como el hielo me hala para atrás y caigo al rio.

   Desesperadamente busco salir de las profundidades del mismo pero no lo consigo, algo me hala más abajo mientras yo trato de emerger de las profundidades. Siento como el oxígeno que guardaban mis pulmones se va agotando por cada segundo que paso dentro de los aterradores caudales que lleva el rio más feroz que posee mí pueblo, pero cuando creo dar el último suspiro siento como unos cálidos labios se pegan a los míos enviando calor a mí cuerpo y oxígeno a mis ya ahogados pulmones.

   



A. Suero

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Editado: 30.04.2018

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