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PSICOLOGÍA Y ARAÑAS

 

¿Crees en el destino?

 

Empezaré dejando esta pregunta  en el aire.

No por que quiera dejarte con intriga, ni mucho menos.

Resulta que yo mismo no tendría idea de que responder si me la preguntaran.

 

En cierta ocasión me encontraba en un bar (como era costumbre hace algunos años). Ese día en especial me desperté con mucha energía.

Sin pensarlo mucho, salí a caminar por las calles esperando que sucediera algo especial. No sabría decir lo que esperaba realmente. En realidad no importa, porque en todo el día que pase caminando no paso absolutamente nada.

No me encontré con nadie. No conocí a nadie. Nadie me llamo.

A decir verdad yo llame a varias personas de mi lista de contactos y como si el mundo estuviera en mi contra, nadie pudo salir.

Al estar muy aburrido y en vista de que no pude hacer nada especial, decidí ir en la noche a tomarme unas cervezas en el bar que solía frecuentar los fines de semana.

Una vez más me encontraba sentado: en la misma silla, bebiendo la misma cerveza, rodeado del mismo tipo de personas y escuchando la misma música.

Pero note casi de inmediato que había algo diferente.

Una chica que no había visto antes y me llamo la atención justamente ella. 

Aunque, no era la más hermosa que he visto, tenía un singular atractivo que cautivaba a todo el que la mirase y yo no era la excepción.

Ella era un poco más alta que las chicas promedio, de hecho al usar unos zapatos de tacón tenía la gracia de una garza rosada con sus largas piernas.

No era para nada tímida, su amplio escote que desviaba la mirada de cualquiera así lo afirmaba.

Incluso desviaba la atención de sus grandes ojos negros, que eran resaltados por aquellos anteojos que hacían apreciar una inteligencia más allá de lo que uno pudiese imaginar.

En fin, ella era una mujer que levantaba el lívido de cualquier hombre que la conociese e incluso de aquellos que no la conocían, pero que tenían el privilegio de poder admirarla.

Si la hubiese visto un año después de seguro que me hubiera acercado a ella con cierta gracia y trataría de conquistarla. Pero en ese momento no tenía el valor de hacerlo.

Es así que recurrí a la habilidad en mis manos y decidí hacer algo para poder acercarme a ella.

Pero debido a mi inexistente romanticismo, cursilería o algo de agallas, lo que hice fue una pequeña araña de alambre.

Quisiera contarles que me acerqué y se la entregué en sus manos junto con un profundo mensaje de la vida que hizo que ella se enamorara profundamente de mí y salimos de ese lugar a tomarnos un café y pasar una noche de lujuria y perversión.

 

¡¡¡ PERO NO!!!...

 

Lo único que hice, fue quedarme en mi asiento, terminándome la cerveza que tenía en la mesa en la que me encontraba con nadie.

Tome un trago más y salí del bar con las esperanzas de nunca saber su nombre, pero no sin antes acercarme a ella, colocar la araña en sus manos y decirle: “te deseo una buena noche y espero que te vaya muy bien en todo lo que hagas”.

Entonces me retiré sin siquiera preguntar su nombre.

Al despertarme el día siguiente ya me había olvidado de lo que ocurrió esa noche, de hecho mi vida transcurrió de manera normal sin que algún pensamiento de ella pasara por mi mente.

Pero un día en particular que jamás esperé que ocurriera y claro no lo había hecho ya que había transcurrido un año desde aquel momento.

Para serles franco nunca pensé que volvería a saber de esta chica ya que de verdad la había olvidado.

Un día como cualquier otro, un año después de aquel encuentro, en el lugar menos pensado, en contra de cualquier pronóstico, sucedió.

Ella estaba allí, en un concierto de rock en el que me encontraba por la invitación de un amigo que por cierto nunca llego.

Se encontraba con su novio, yo no sabía siquiera si se acordaría de mí.

Pero si.

Ella se acercó a mí y mientras su acompañante estaba sentado en el césped mirando como se me acercaba. Ella dijo:

“Desde hace mucho quería agradecerte por el obsequio que me diste, las arañas son lo que más me fascina en este mundo, muchas gracias y espero que podamos conversar algún día.” 



Héctor V.

Editado: 05.10.2018

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