Bastián Castell

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Capítulo 3

—No lo permitiré —Ágata apretó los dientes golpeando la mesa exasperada provocando un eco con su voz dentro de la biblioteca que en estos momentos estaba aun cerrado al público. 


Le dio la espalda intentando calmar su estado de ánimo, pero es imposible luego de escucharlo hablar. Trató de arreglar su desordenado cabello sin embargo su nerviosismo se lo impidió ¿Acaso de verdad Arturo piensa perseguir a Valentina como si fuera una delincuente y condenarla al encierro eterno? Entiende que es el proceso habitual con los no magos que son considerador llaves, pero una chica tan joven con toda una vida por delante que acabe encerrada en una esfera, le duele. 


—No puedes oponerte, tu lo viste, aquella muchacha es una llave —habló Arturo con seriedad aunque entiende la preocupación de la mujer—. Es una lástima, pensaba hacerla mi esposa, pero hay que cumplir las reglas, su sola existencia es un peligro para nosotros.


Ágata se volteó y caminó desesperada por la sala. Aun le es difícil creer lo que ha pasado ¿Como nunca pudo sentirlo? Si lo hubiera sentido claro que la hubiera ocultado, el solo imaginarse la condena que ahora la perseguira es doloroso.


—¿Como pudo pasar esto? —giró más—. Una llave y justo tenía que ser Valentina. Eso no es posible, es una humana normal, en la familia de mi difunto marido no hay magia ni magos.  He sido una tonta, no es justo, pobre niña, nunca debí haberla traido a este lugar. 

 

—Precisamente por ser normal y no hechicera es que es una llave.


Arturo entrecerró los ojos con severidad y se colocó su capucha ocultando su rostro. Aunque quisiera hacer algo por ellas eso va contra las normas de los guardianes y lo sabe, debe cumplir con su deber sí o sí, es algo que sabe que no debe cuestionar por sus sentimientos. Un detalle que su padre siempre le había criticado en sus inicios como guardián cuando más joven solía dejarse llevar mucho por el sentimentalismo. Y aunque aprendió a ser más duro le es difícil no sentir compasión hacia Agatha, a quien conoce hace muchos años y hacia su joven sobrina, a quien incluso aún que la conociera desde hace poco había sentido una conexión especial, que no sentía hace años, que lo hizo creer que era la mujer destinada para casarse con él. 


—Mi misión ahora junto a mi equipo es detener a Bastián Castell antes de que logre su cometido y capturar a Valentina Fábregas porque es un peligro para la sociedad de magos —habló con sequedad Arturo evitando que su compasión saliera a flote. 


La mujer quiso decir algo pero no hubo palabras y solo guardó silencio observando cómo Arturo se retiraba junto a dos hombres más dispuestos a cumplir la misión encomendada. Capturar al hechicero y la llave.

 

Cuando la puerta de las bibliotecas se cerraron tras de ellos la mujer se dejo caer al suelo cubriéndose el rostro y lamentándose aun por el cruel destino que le espera a su joven sobrina ¿Cómo podría explicarle a Paulina -la madre de Valentina- lo que había pasado?


 

——————————o—————————


Bastián detuvo sus pasos, hasta ahora había observado en silencio aquellos extraños transportes sin caballos, intentando actuar normal aunque lo intrigaban, pero cuando uno de ellos enormes y ruidosos estuvo a punto de arrollarlo no pudo evitar quedarse paralizado ¿Que ha pasado con el mundo? Sí, han pasado más de 200 años desde que fue condenado a estar atrapado dentro de un libro, pero  no se esperaba que el cambio fuera tal que lo hiciera sentir como si estuviera varado en otro mundo .

 

—¿Que hicieron con los caballos? —preguntó el hechicero admirado señalando aquellas maquinas que al parecer se mueven por si solas.

 

—Son maquinas que no necesitan de caballos para moverse, la mayoría cuenta de cuatro ruedas y tiene la capacidad de generar su fuerza para avanzar —respondió Valentina,  levantando el dedo índice como si estuviera dando una clase, luego lo contempló con curiosidad, es cierto que estuvo muchos años en prisión.

 

—Genial... —señaló Bastián sonriendo emocionado intentando ver a aquellos transportes más de cerca y a la vez evitando ser atropellado.

 

Y aunque su sonrisa es sincera y su expresión afable, la joven mujer no olvida que está al lado de un criminal profugo de la justicia. Por lo que retrocede para mantener una distancia prudente sin que aquel se dé cuenta, tal vez pudiera correr y escapar pero sus habilidades fisicas son tan malas que es seguro que aquel individuo la alcanzaría antes de que lograra huir.

 

—Me puede hablar más de lo que respecta una llave —le preguntó con desconfianza, aun le es difícil creer en aquel hombre.

 

—Tu eres una llave, un pobre ser humano, que no posee poderes mágicos ni nada, que solo es un catalizador para otros magos y un peligro para la sociedad de magia —le dirigió la mirada con expresión tranquila—. Pero juntos podemos hacer mucho...

 

Su expresión adquirió una malignidad que la confundió, retrocedió haciendo que la distancia entre ambos fuera mayor. Bastián la observó con fijeza sin borrar su inquietante sonrisa. Los ojos ahora de tono negros del hechicero incrementaban la perversidad de su rostro ¿Podría estar en las manos de un completo loco?

 

—¿Que quiere decir con eso? —arrugó el ceño tragando saliva sin estar segura si seguir haciendole preguntas es lo más seguro.

 

—Te imaginas lo que podemos lograr, alcanzar uno de los tesoros más grandes de los magos —levantó ambos brazos—El objeto más valioso, y el más peligroso...

 

Ensombreció su mirada con misterio, con un aire denso. La mujer dio dos pasos atrás con cautela, no sabe lo que puede esperarse de aquel individuo, ni mucho menos imagina de que objeto puede estar hablando, algo tan valioso por los magos puede ser algo que este muy fuera del alcance del resto de los humanos. 



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 19.06.2019

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