Bastián Castell

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Capítulo 8

Cayó sobre unas suaves y enormes flores redondas de color rosa, se cubrió la nariz y la boca observando el aire lleno de esporas que hacen que el cielo se vea en una mezcla de color blanco y rosa. Hasta que escuchó la risa de una mujer. Guiándose por aquella avanzó hasta al fin poder ver a la mujer. Cruzó los brazos moviendo la cabeza sin dejar de sonreír por los extraños gestos de la joven bibliotecaria.

 

—¡Que tonto es usted, señor conejo! —habló Valentina volviendo a reírse.

 

Bastián avanzó saltando sobre las flores hasta llegar a la mujer que sobre sus rodillas parece compartir una taza de té imaginario con un ser imaginario. El hechicero la tomó del brazo levantándola del suelo. Esto no pareció agradarle ya que le dirigió una furibunda mirada apenas la había tocado.

 

—Aja, con que el hombre malo y poderoso ha venido a buscarme —cruzó los brazos molesta—. No señor, usted se va, ¿No ve que estoy con el señor conejo ahora? Por lo menos él es considerado y no andaría dejando caer a una dama al vacío, así como así.

 

—Vámonos de aquí, "Alicia" —la subió a su hombro y se la llevó a pesar de la débil resistencia de la mujer—. Estas esporas ya te han emborrachado demasiado.

 

—No estoy borracha —habló con una voz clara de alguien ebrio—. ¡Auxilio, señor Conejo, ayúdeme a huir de este hombre malo!

 

—Debo sacarte de aquí antes de que pierdas la realidad para siempre —el hechicero sonrió, aunque está preocupado.

 

—¿Y qué hay de malo en eso? —murmuró la mujer lánguidamente.

 

La observó sin entenderla ¿Acaso de cierta forma se da cuenta que las esporas la hacen ver cosas que no son reales? La mujer desvió la mirada apoyando la cabeza en su espalda sin permitirle saber si está consciente de lo que acabó de decir.

 

—No tengo respuestas para eso —respondió el hechicero arrugando el ceño.

 


A medida que Bastián se alejaba del lugar llevándola consigo poco a poco Valentina se aferró a su espalda sin decir palabras, aun adormecida por las esporas, sus piernas aun no le responden. Y aunque se siente avergonzada de la cercanía, la respiración y el latido del corazón del hechicero la hace sentirse relajada.

 

—Pensé que de verdad me abandonarías en ese lugar —masculló.

 

—Eres mi llave —respondió sonriendo—. Te necesito.

 

—Bueno supongo que gracias, amable señor... conejo —susurró.

 

Abrió los ojos impresionado ¿Señor conejo? ¿Acaso ese "señor conejo" de su imaginación era él mismo?  Se rio por la ocurrencia de la mujer, pero al darse cuenta de que se quedó dormida suspiró tranquilo. Ya pronto llegaría en donde están las bayas que necesita para que salgan de aquel lugar.

 

*****************

 

El dolor de cabeza le es insoportable apenas logró despertar y corrió al baño a devolver todo lo que había comido el día anterior. Se arrastró devuelta a la cama antes de reaccionar y sentarse sorprendida, está en una enorme habitación decorada con elegancia. Un teléfono al costado sobre un velador la hizo darse cuenta de que está en su mundo. A pesar del malestar no volvió a recostarse en la cama y caminó hacía la sala encontrándose en la puerta justo frente a un hombre desconocido que viste de traje y le sonrió mostrando una perfecta hilera de dientes blancos, sus ojos verdes la observan con dulzura, de cabello castaño, bien peinado. Anonadada retrocede, confusa sin entender por qué esta aquí, recuerda difusamente que Bastián la sacó de ese extraño lugar pero luego de eso no recuerda nada.

 

—Tranquila, estas en buenas manos —señaló el hombre tomándola por la cintura en forma atrevida.

 

—¿Dónde está Bastián? — preguntó empujandolo y alejandose de su lado con desconfianza..

 

—Él té vendió, y yo pagué un precio justo —murmuró acorralándola y contemplándola en forma audaz. 

 

Valentina siguió retrocediendo hasta sentir que su espalda chocaba con la pared, al voltear y fijar su mirada en el desconocido este estaba tan cerca de ella que pudo sentir su tibio aliento, aquel hombre cerró los ojos dispuesto a besarla cuando la mujer dio un grito que lo hizo retroceder retorciéndose de dolor. Sorprendida por la exagerada reacción del individuo aprovechó a alejarse hasta chocar con otro hombre que acababa de entrar al lugar. Bastián quien con el cabello mojado y una toalla atada a la cintura venía llegando luego de darse un baño observando sorprendido la situación.

 

—Vaya veo que al fin te has levantado ¿Cómo te sientes? —le preguntó a Valentina.



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 19.06.2019

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