Bastián Castell

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Capítulo 9

Bastián y Valentina avanzan por el oscuro túnel. El hechicero lleva una bola de luz que ha formado con su magia, el lugar fue construido de ladrillos de piedra desde el cielo hasta el suelo. Ningún ruido llega hasta ellos así que no saben lo que podría estar pasando con Asterus. Solo sus pasos revotan por las paredes y se devuelven a ellos, ninguna palabra sale de sus bocas.

 

—¿Hasta dónde nos llevara este túnel? —preguntó la joven preocupada luego de avanzar sin ver el final de este..

 

—Saldremos cerca del mar —respondió el hechicero metido en sus pensamientos, preocupado de haber metido a Asterus en problemas..

 

—Así que Vestania es la Atlántida... no pensé que realmente existiera, triste final para toda esa gente —señaló Valentina suspirando.

 

—Sembraron lo que cosecharon —respondió Bastián sin mirarla—. El odio, la guerra y la venganza los llevaron a eso, imagínate una pequeña isla en que hechiceros se atacan de un lado a otro, esa magia llena de rencor, sedienta de sangre, infectó todo el lugar lo que provocó la erupción y luego el hundimiento de aquel lugar. Y todo por el egoísmo bandos rivales enfrentados por un trono y una corona.

 

—Por poder —murmuró Valentina—. El poder siempre corrompe...

 

Detuvo sus pasos y eso provocó que el hechicero se volteara deteniendo su mirada en ella, es claro que ese mensaje va hacía él que está en busca de hacerse más poderoso. Ambos se quedan en silencio contemplándose con una seriedad que no da a lugar las palabras. Hasta que una enorme araña se atraviesa provocando el susto de Valentina que da un salto hacia atrás a punto de caerse.

 

—¡Justo lo que buscaba! —sonrió Bastián tomando la araña entre sus manos.

 

—¿Vas a seguirla para que nos ayude a salir de aquí? —preguntó Valentina temerosa recordando haber visto esto en una película.

 

—Eh... la verdad es que pensaba comérmela —se ríe y ante la expresión de asco de la bibliotecaria agrega de inmediato—. Pero es buena idea, vamos a pedirle que nos ayude a salir de aquí.

 

Abre las manos dejando ver la enorme y peluda araña, el hechicero la observa fijamente.

 

—Ya has oído araña, la chica te ha salvado de ser mi comida, llévanos a la salida —exclamó y ante la sorpresa de Valentina el arácnido pareció entender ya que dio un salto y avanzó adelante de ellos—. Vamos sigámosla.

 

La siguieron a través de los largos pasillos avanzando en un camino que parecía interminable. Hasta que al fin lograron ver la luz que se colaba a través de los oscuros túneles. La araña se detuvo en la salida y giró hacia ambos. 

 

—La salida —exclamó Bastián sonriendo y caminando hacia afuera—. Vez te dije que...

 

Y desapareció de repente de la vista de Valentina. La joven bibliotecaria corrió preocupada al ver que paso hasta que notó que el túnel terminaba en un acantilado. Asustada miró hacia abajo, pero Bastián parado a unos metros en el aire solo se mantenía serio con los brazos cruzados.

 

—¿Estás bien? —le preguntó preocupada.

 

—¡Maldita araña, trataste de matarme! —exclamó el hechicero.

 

El arácnido al sentirse aludido corrió hacia dentro de la cueva. Bastián no se demoró en nada en volver a la cueva y en cuanto puso el pie en ella se echó a correr detrás de la araña.

 

—¡Vas a ver que cuando te pille te voy a comer! —le gritó persiguiéndola.

 

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Arturo Dagora alzó sus cejas girando alrededor de Asterus que sentado en una silla hacia el respaldo no dejaba de mirarlo, ambos parecen no llevarse muy bien, o es así como lo sienten el resto de los presentes ya que el tenso ambiente no pasa desapercibido.

 

—Bastián Castell huyó —repitió el guardia—. Junto a una mujer de cabellos oscuros y bonitos ojos marrones.

 

—No los he visto —respondió el morfog con tranquilidad cruzando los brazos —. ¿Cuántas veces debo repetírtelo?

 

Arturo sonrió con amabilidad, aunque por su expresión parece molesto ante la altiva actitud de su interrogado. Bajó su cabeza a la altura del morfog con cierto gesto altanero.


—Es parte del protocolo —exclamó.

 

Asterus sonrió con ironía sabiendo que eso le molestaría..


—Me extraña esa ansiedad de volver a encerrar a alguien que una vez fue amigo de ambos —señaló el morfog entrecerrando los ojos intentando leer su expresión.

 

El guardián lo contempló sorprendido antes de sonreír otra vez y colocó ambas manos sobre los hombros del empresario hotelero.



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 19.06.2019

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