Bastián Castell

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Capítulo 11

—Aun no hay pista de él —indicó Asterus saliendo a cubierta sorprendiendo a Valentina que con una gruesa chaqueta se cubre del frio viento. El barco se balancea con suavidad anclado al costado de la isla en donde Bastián había desaparecido.

 

Se acercó a la joven mujer ofreciéndole una taza de café la que recibió con agrado y gratitud. Valentina suspiró dirigiendo su mirada a la playa, pero la oscuridad nocturna no dejaba ver demasiado, y aunque se esforzara empieza a entender que el hechicero no aparece con facilidad. Levantó la cabeza observando la enorme cantidad de estrellas, estrellas que no pertenecen al cielo al que está acostumbrada pero que le dan quietud a la noche. Solo el ruido de algunas olas que se golpean entre sí irrumpen en el susurrar del viento.

 

—Hablé con la capitana y dice que en caso de que Bastián... no vuelva puedes quedarte con ellos, muchos de los tripulantes son forajidos, huyen de la justicia, así que agregar un forajido más como miembro de la tripulación no será problema —señaló sin mirarla.

 

—Él volverá... —musitó Valentina arrugando el ceño preocupada.

 

Asterus le sonrió con tristeza.


—De todas formas es bueno tener otras opciones —apoyó sus brazos en la baranda del barco, no quiso agregar que sabe que ella no podrá regresar a su hogar ya que si los guardianes la atrapan la encerraran.

 

Valentina entrecerró los ojos, sabe que lo que dice es cierto, pero vivir huyendo no es vida. Aunque agradece la ayuda y entiende que si Bastián no aparece no tendrá otra opción. Dirigió su atención al morfog quien estupefacto ante la mirada de la joven abrió aun más los ojos.

 

—¿Quien es Leonor? —ante la pregunta de la bibliotecaria tensó su rostro.

 

Volteó hacía el mar buscando las palabras adecuadas, pero su silencio inquietó aun más a Valentina. Y no es porque no sabe mucho respecto al tema, sino al contrario. Un pasado triste que preferiría no traerlo al presente, sin embargo entiende la inquietud de la joven mujer, más aun después de contarle que la herida en su vientre había sido causado por Bastián al creer que ella era Leonor. Aunque eso es algo que su amigo jamás haría, y eso se lo dijo a Valentina, por mucho que la hubiera odiado, y aunque merecido, nunca hubiese sido capaz de herirla. Y aquella ocasión la joven bibliotecaria pareció sentirse aliviado de eso. 

 

—¿Es la novia de Bastián? —interrogó Valentina otra vez.

 

—Es difícil de explicar —habló al verse en cierta forma acorralado—. Pero sí, ella fue la novia de Bastián. Y es quien lo traicionó y cuyo testimonio lo condenó a cadena perpetua...

 

O sea Leonor la mujer que amaba a su vez fue causante de su desgracia ¿Pero acaso ella no lo amaba? Comenzaba a entender el peso que el hechicero arrastraba de su pasado, como una cadena que lo mantenía atado a la desilución y el rencor.

 

—¿Ella nunca lo amó? —arrugó el ceño sin entender.

 

—Bastián la amaba más que a su propia vida, los cuatro fuimos amigos desde la infancia, Bastián, Leonor, Arturo Dagora y yo,  pero Leonor era una niña muy débil la mayor parte del tiempo estaba en cama enferma. Ataques de fiebre que la hacía convulsionar poco a poco mermaron su salud hasta que un día no pudo levantarse más de la cama. Desesperado Bastián buscó como ayudarla, como curarla, pero no encontró nada en los libros de hechiceros —ensombreció su mirada—. Entonces buscó en lo prohibido, en la magia maldita. Fue descubierto por el consejo, entre los que estaba el padre de Leonor, fue castigado con cien latigazos. Pero a los días todos los miembros del consejo fueron asesinados. Leonor declaró que vio a Bastián matar a su padre por lo que se le acusó del asesinato de todos los hechiceros que formaban parte del consejo, ya que sus muertes habían sido perpetradas de la misma forma. Condenado a cadena perpetua, Bastián fue encerrado en un libro, Leonor poco después se casó. Se comprometió cuando Bastián esperaba su condena y eso terminó por destruirlo. Leonor terminó casandose con Arturo Dagora.

 

Al decir este nombre, Valentina se quedo estupefacta, ese es el nombre de aquel hombre encapuchado que conoció en la biblioteca, el mismo encargado de la guardia que los ha estado persiguiendo. Quiso preguntar algo más pero su cabeza esta tan confusa con esta nueva información que no encuentra palabras para expresarse.

 

—Entonces, aquel Arturo y Leonor son...

 

—No —la interrumpió bajando la mirada y fijó su atención en el oscuro mar—Leonor falleció meses después del matrimonio, algunos dicen que se lanzó al mar, otros que su enfermedad la terminó por consumir, la verdad es que su muerte nunca fue aclarada del todo, la familia de Arturo nunca aclararon las circunstancias de su muerte, solo alcanzó a vivir cinco meses casada con él.



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 19.06.2019

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