Bastián Castell

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Capítulo 15

—Estamos listos —exclamó Bastián apareciendo en cubierta y sorprendiendo a Asterus y Marcela. 

 

El morfog observó a Valentina que camina detrás del hechicero. Cuando sintió en ella la mirada de Asterus se mostró más nerviosa de lo habitual, eso provocó que él confuso mirara a su mujer la que sonrió en forma pícara. 

 

El hechicero sin esperar respuesta tomó a Valentina de la cintura acercándola a su lado, y de un salto junto a un hechizo ambos descendieron a la isla. Asterus cruzó los brazos. 

 

—Llevamos esperándote horas y tu impaciente ni nos esperas —le reclamó. 

 

Marcela ordenó a sus hombres bajar un bote y luego nombro algunos para que los acompañaran, Asterus prefirió bajar con ella que volver a tomar su forma no humana para bajar. El Sol comienza a asomarse en el horizonte, pero extrañamente al llegar a la isla la oscuridad es mayor. Hay un poder que impide al sol llegar a aquel lugar, tal vez la Luna o peor, una maldición. Bastián y Asterus se contemplaron en silencio antes de avanzar por el piso de rocas negras, a lo lejos las ruinas de una enorme ciudad que parecen aferrarse al cielo se muestran lúgubres dando al ambiente una sensación de frio y soledad. Caminan con cautela llegar a lo que antes fue una ciudad y ante sus sorpresas las antorchas de fuego se encendieron por su solas y un rey en su trono de piedra se levantó obligándolos a retroceder. 

 

El sonido de roca resquebrajándose junto al quejido del soberano que se levantaba de su sueño los hizo retroceder. Cuando aquel logro ponerse de pie, sin mover sus labios, preguntó con una voz profunda y extraña. 

 

—¿Que buscan aquí, extranjeros?  

 

Se quedaron en silencio sin responder mirándose unos a otros, al final el hechicero avanzó ante la expresión incrédula de sus acompañantes, endureciendo su semblante sin mostrar atisbo de miedo exclamó: 

 

—Venimos en busca del vellocino de oro. 

 

Hubo un instante de silencio, hasta que el rey de piedra respondió. 

 

—¿Por qué buscas algo que nos condenó a la misma miseria?  

 

Valentina arrugó el ceño preocupada ¿A la miseria? ¿Acaso fue el vellocino el que provoco que todo este reino fuera tragado con sus aguas? Dirigió su mirada alrededor y comenzó a darse cuenta de que todas aquellas estatuas extrañas, en gesto de terror, como si intentaran huir de algo, habían sido los habitantes de esta isla ¿Acaso esto era la condena del vellocino contra los habitantes de este lugar? 

 

—¿Está diciendo que todo esto fue a causa de aquel objeto? —preguntó para confirmar lo que había entendido la bibliotecaria sin moverse de su lugar. 

 

—El vellocino cumple tu deseo, pero tras cumplirlo trae consigo la desgracia y el dolor—le respondió girando su cuerpo duro en dirección de la mujer—. Cuando un hombre deseo volver a estar al lado de la mujer que amaba y que se ahogó en el mar, se desató una guerra que acabo por hundirnos y ser devorados por el mar.  Se hundió la isla completa por su deseo de estar con su amada que perdió en el mar.

 

Asterus tensó su rostro, había escuchado algo como eso, pero solo habían sido rumores, como todo lo era respecto a esta isla, claro que ahora escucharlo de la boca de uno de los seres de aquel lugar cambiaba las cosas. O sea, tal como lo había pensado esa vez aquel objeto es un arma de doble filo, peligrosa y que puede llevar a la misma muerte a quien pide su deseo. Volteó hacia el hechicero, pero aquel en vez de verse impresionado o desconcertado mantiene su rostro serio y aunque entrecerró los ojos no pareció dispuesto a retroceder en su cometido. 

 

—Solo dinos en donde esta —habló Bastián en tono seco.

 

El rey de piedra se quedó quieto sin responderle en el momento. Pareció pensar sus palabras antes de decir algo. 

 

—Hechicero, estas advertido, si aun así quieres el vellocino ve al centro del volcán, pero ten cuidado, un alma sedienta de venganza lo resguarda y no te dejara obtenerlo con facilidad... 

 

Estas palabras provocaron que Asterus tomara del hombro a Bastián dispuesto a hacerlo retroceder en la idea de buscar ese objeto, aun cuando es la única opción que tiene ahora su amigo para liberarse de las ataduras que lo impiden usar su poder. Pero aquel le dirigió tal mirada fría que hizo que sus palabras se quedaran detenidas en su garganta y lo soltó dejándolo ir. 

 

Marcela extrañada por la actitud de Asterus se acercó a él. 

 

—¿Lo dejaras ir? —le preguntó preocupada. 

 

—No hay nada que pueda hacer —respondió desconcertado—. Bastián esta tan empeñado por conseguir dicho objeto que nada podrá detenerlo. 

 

Dirigió su mirada dolida a su mujer la cual en silencio apoyo sus manos sobre las de él. 



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 19.06.2019

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