Bastián Castell

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Capítulo 17

—El hecho es que debemos ir por ese cofre —habló Asterus ante el preocupado rostro de Bastián.

 

El barco avanza con tranquilidad bajo la oscuridad de la noche. Luego de las palabras de Leonor "No temas amarla" el vellocino los trajo de vuelta a la isla la que comenzó a hundirse y tuvieron que subir a los botes y amarrarlos al barco pirata antes de que fueran arrastrados por la corriente de Vestania que desaparecía tragada por el mar. Se han quedado sin saber qué pasos seguir, salvo el de probar la inocencia de Bastián. Porque por más que ha intentado llamar a sus poderes, estos aún siguen siendo débiles. Desilusionado el hechicero observó por unos momentos el vellocino de oro, que hasta ahora no ha mostrado más presencia de magia ni nada. El recuperar los poderes de Bastián parece solo aferrarse a demostrar su inocencia y que le quiten la condena impuesta, pero aquello no solo bastara con encontrar las pruebas sino meses o hasta años en un juicio en que acepten que dichas pruebas son veraces. Pero teme que ni aun con eso logre recuperarlos.

 

Ante el silencio del hechicero, el morfog alzó la mirada afligido. Entiende por qué esta algo distinto además sumando que a pesar de que Valentina volvió en sí, su silencio y su actitud esquiva los ha dejado a todos algo confundidos. Bastián desvió la mirada deteniéndose en el rostro de su amigo, la verdad es que tampoco se siente con valor de hablar con la joven bibliotecaria y agradece en parte que ella no lo busque. Aún no sabe ni siquiera que pasos seguir, odio por tantos años a Leonor que al descubrir la verdad aun no puede perdonarse por arrastrar por tanto tiempo aquel sentimiento y esto lo hace sentir que no merece el cariño de otra mujer aun cuando la misma Leonor le pidió que la cuidara.

 

—Debemos buscar ese cofre y detener a Fredeck —exclamó Asterus.

 

—Sí —el hechicero arrugó el ceño—. Lo sé.

 

Eso es cierto, detener a ese hombre es tal vez la única causa para seguir adelante. Porque si aquel fue capaz de causar tanto daño por su ambición. Nada les asegura que se haya rendido. Aunque atacar al general de los guardianes también significa involucrarse en un asunto más peligroso de lo que imaginan.

 

Marcela entró a la cubierta quitándose su sombrero y dejando su largo y rizado cabello a la vista de ambos hombres. Suspiró cansada y desalentada.

 

—¿Como esta Valentina? —le preguntó su marido.

 

—No ha dicho palabra alguna, se queda ahí sentada sin decir nada, tal vez tú deberías ir a verla —estas últimas palabras se las dirigió a Bastián.

 

Pero aquel no respondió, solo se puso de pie y salió a cubierta. Marcela apenas lo vio salir sonrió con malicia, su marido la observó sin entenderla, mientras ella se sentaba sobre la cama cruzando los brazos.

 

—Valentina es tan atolondrada como Bastián, ella le hace el quite porque no sabe cómo decirle lo que siente, teme que la rechace después de haber hablado con Leonor —entrecerró los ojos con ternura—. Me recuerda a mi cuando me enamoré de un morfog don Juan.

 

Asterus sonrió bajando la cabeza.

 

El hechicero estiró los brazos y caminó sintiendo el aire frio, busca como quitarse la sensación de culpabilidad que lo atosiga por el rencor que arrastró por años contra Leonor. Aunque siquiera el pensar en eso lo hace sentirse peor. Se detuvo de golpe al ver a Valentina observando el oscuro cielo, no se esperaba verla a estas horas en ese lugar. El viento sopla haciendo que su largo cabello se mueva al son del vestido de color blanco y sencillo que lleva encima.

 

La mujer suspiró sin notar su presencia.

 

—Bastián —habló practicando dirigiéndose al vacío—. No sé cómo decirte esto, pero de verdad tu... tu ¡No puedo decirlo! Marcela está equivocada —se interrumpió exasperada.

 

Empuñó sus manos perdiendo la paciencia consigo misma.

 

—Vamos Valentina no seas tonta —se reprendió y es claro que aún no se da cuenta que el hechicero la observa—. Bastián, sé que tal vez aun te siga gustando Leonor, pero yo no he podido evitar que... ¡No, no puedo decir eso! Bastián, necesito que aclaremos lo nuestro, es que tú me gustas.

 

—¿Te gusto? —preguntó el hombre abriendo los ojos sorprendido.

 

Al escucharlo, Valentina impresionada por su presencia y más aún porque escuchó su declaración retrocedió de golpe, con tal brusquedad que al golpearse contra la orilla de la embarcación perdió el equilibrio. Bastián con rapidez la tomó de la cintura para que no cayera, pero en vez de esto provocó que ambos perdieran el equilibrio y cayeran al mar.

 

—¡Hombre al agua! —gritó el vigía al verlos caer.

 

Temblando de frio Valentina se aferró al cuerpo del hechicero apenas salieron a flote. Aquel sin embargo aún estupefacto no reaccionó que estaban flotando en el mar hasta que la mujer arrugó el ceño, molesta.



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 19.06.2019

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