Bastián Castell

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Epílogo

Valentina, con el pelo bien amarrado y un largo vestido azul, observó a Bastián y aunque sonrió se siente triste de que él deba partir. Desde que fue liberado por la asociación de magos fue contratado por esta misma para resolver casos difíciles, no es algo que le guste, pero entiende que es su trabajo.

 

—Volveré —le señaló el hechicero juntando su frente a la suya. Y luego la besó.

 

—Eso espero, sino yo misma iré a buscarte —arrugó el ceño y luego sonrió—. Cuídate, te estaré esperando.

 

Junto a Asterus, Bastián alzó su mano despidiéndose antes de desaparecer.

 

—Es difícil ser la mujer de un hechicero de la asociación —su tía Ágata colocó su mano en el hombro de su sobrina sonriéndole.

 

—Sí —suspiró—. Pero en fin es algo de lo que uno terminara acostumbrándose.

 

Sonrió. Su tía le devolvió la sonrisa.
—Bien, es hora de trabajar —señaló la mujer entrando a la biblioteca.

 

Valentina movió la cabeza en forma afirmativa y luego giró su atención al lugar en donde Bastián había desaparecido. Levantó su mando observando su anillo de bodas y entrecerró los ojos con ternura.

 

—¿La primera misión de tu marido? —preguntó Arturo caminando hacia ella.

 

—¿Arturo? ¡hola! —lo saludó sorprendida—. Sí, así es.

 

—Yo fuera Bastián no dejaría a mi mujer por nada del mundo —alzó sus cejas.

 

—Mentiroso —se río—. Tu serías igual a él, saldrías a cumplir tus misiones como guardián.

 

Pensaba decir algo, pero guardo silencio porque ella tiene razón.
—¿Y bien, cual es la razón de tu visita? —le preguntó mientras ambos caminan hacia la biblioteca.

 

—Necesito la información de un objeto —dicho esto se colocó serio.

 

Valentina se quedó mirándolo con seriedad.
—Bien, vamos adentro, vamos a buscar el objeto que necesitas.
 



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 19.06.2019

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