Belleza Oscura ©

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Prólogo

«Todo es peligroso. Pero de no ser así, no valdría la pena vivir » (Oscar Wilde)

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Julietta.

Hace cuatro años me encontraba muy asustada.

Había discutido con mi madre, estaba furiosa y por ello me fui lejos de casa en mi caballo marrón oscuro. Cabalgué en el bosque por largas horas, no quería regresar. Estuve tres días fuera de casa, durmiendo al aire libre con el caballo como única compañía.

Quería ser libre, no estar amarrada a nada. Deseaba cumplir mis sueños y que nada me detuviera, por ello estaba tan molesta con ella. No comprendía que no deseaba comprometerme. Que ella eligiera con quien debía compartir todos los días del resto de mi vida.

Aun no estaba lista para eso, y casarme impediría que cumpliera mis sueños. Me impediría ir a una universidad y viajar. Quedaría eternamente atrapada en este pueblo, en esta vida.

Para el tercer día ya me había tranquilizado. Entonces decidí volver.

Había pensado en preparar alguna tarta como disculpa de haber desaparecido sin dejar rastro, y luego hablarles de lo que estaba dispuesta a hacer para negociar lo de mi compromiso.

Primero pasaría a comprar algunas cosas para poder hacer la tarta, antes de ir a casa.

Nunca hubiera imaginado que nada volvería a ser igual.

No podía dejar de llorar, tenía miedo, no; estaba aterrada. Me encontraba detrás de un viejo vehículo en donde la sangre manchaba los vidrios.

Escuchaba como esas bestias se comían a mi caballo, a quien habían derribado hace cinco minutos. El corazón me palpitaba rápidamente.

Estaba segura de que pronto como terminaran, vendrían por mí. Tenía que escapar. Pero las imágenes de la destrucción, los cuerpos sin vida despedazados y la sangre en todas partes me tenían paralizada. Tuve que parpadear un par de veces para tratar de procesar lo que sucedía. No podía quedarme ahí, tenía que escapar o moriría.

Aún escuchaba el relinchido de mi caballo. 

Se lo estaban comiendo vivo.

Busque por todas partes una salida, mis ojos se abrieron con sorpresa y alivio al reconocer un arma cerca del cadáver de un hombre, el dueño del arma. Me acerque con sigilo tratando de no hacer mucho ruido y a la vez obtener el arma rápido. Cuando toque el metal con las gemas de mis dedos, suspire. Volví a ocultarme tras el vehículo y al estar lista, salí corriendo lejos de ahí.

Escuche los gruñidos de las bestias, dispare nerviosa—lo único que estaba a mi favor era el hecho que mi padre me había enseñado a usar un arma—, pude ver de reojo como una de las tres bestias que me perseguían cayo. Mas no pude alegrarme tanto, aun tenia a dos que podían matarme.

—¡Ayuda, por favor, ayúdenme! —grite en busca de esperanza.

No había encontrado vida humana en los últimos días desde que descubrí lo que sucedió, más esperaba que alguien apareciera en esos momentos.
Como en toda película del terror, y momento de suspenso; comenzó a llover. En muchas ocasiones creí que caería, mas no estaba dispuesta a hacerles la tarea de devorarme tan fácil.

No te rindas, aun tienes que encontrarlos. Me repetí una y otra vez.

¿Qué haría? Nunca me prepare para esto. Todo siempre era tan irreal en las películas, pero si algo había aprendido de mi padre, era a no rendirme.

Me escabullí entre las calles del pueblo desierto, vi una enorme iglesia en la que podría esconderme o al menos estar a salvo.

Corrí con todas mis fuerzas, la lluvia me dificultaba la tarea, aun así, logre entrar y antes de que ellos lo hicieran cerré rápidamente la puerta y coloque seguro. Comenzaron a empujarla una y otra vez, la iban a derribar.

Escuchaba sus gruñidos y las garras contra la madera. Coloqué todo lo que podía como bloqueo y corrí hacía el otro lado. Me oculte entre las bancas con el arma en mis manos.

Estaba sudando, tenía gotas de lluvia frías humedeciendo mi ropa y solo pensaba que la puerta no resistiría por mucho tiempo.

Hubo silencio, un horrible silencio en el que solo escuchaba a mi acelerado corazón. Escuche un fuerte estruendo y relámpagos caer con la lluvia. La puerta se había abierto.

Escuche como uno se acercaba, sostuve con fuerza el arma mientras derramaba algunas lágrimas. Cuando vi la sombra muy cerca, me levante y dispare.



Mischelle Bonilla

Editado: 12.12.2019

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