Belleza Oscura ©

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Capítulo I

«A veces buscamos lo que todavía no estamos listos para encontrar»
—  Libba Bray.

🌹🌹🌹

Julietta. 

Silencio, oscuridad. Dos cosas que me han estado acompañando desde que empezó mi juventud. Siento el líquido espeso de un oscuro color rojo resbalando por mis brazos hasta gotear por los dedos de mis manos.

Hace frío, las nubes se acumulan y se tornan grises, todo listo para dar inicio a una tormenta.

Cierro los ojos, y es cuando los recuerdos comienzan a aparecer. Vagas imágenes de mi familia, escasos recuerdos de sus voces. Convierto mis manos en fuertes puños, respiro varias veces para poder tranquilizarme.

Todo parece tan lejano, tan ficticio que he llegado en muchas ocasiones a creer que nada fue real. Que todo simplemente lo he inventado.

Pero no es así. Ellos existen, están con vida en algún lugar de la tierra. Solo tengo que seguir buscando, buscar la belleza en esta extensa y horripilante oscuridad.

Mientras tanto, seguiré haciendo lo que he hecho hasta ahora.  Matar a esas bestias, salvar las pocas vidas que quedan.  Es lo único en que puedo ser útil en estos tiempos, en lo único que debo enfocarme. 

¿Como comenzó todo?   No tengo la menor idea.  Lo único que si se, es que un día era una chica ordinaria que vivía con su familia en una granja.  Una chica que le gustaba montar a caballo y regar las plantas,  que amaba leer y ver el atardecer. 

Luego, todo acabo.  Lo conocido quedó atrás y las bestias aparecieron.  Destruyeron todo lo que nos hacía ser humanos, nos convirtieron en presas frágiles y asustadizas que se ocultan para no morir. 

Suelto un agobiado suspiro. 

Recordar me asusta, me estremece y me hace odiar más a esas cosas.  Aun así, es lo único que puedo hacer para ver a mi familia.  A los seres que un día amé, y que ahora deseo encontrar más que a nada. 

—Partimos en cinco.

La orden de Evans me hace abrir los ojos y volver a la odiosa realidad. 

Observo a mi alrededor en donde varios hombres y mujeres se encuentran descansando y recuperando fuerzas del recién enfrentamiento con los licántropos. 

Veo las puntas mis botas, y junto a ella, a un par de centímetros, el cadáver de uno de ellos.  Aborrecible, monstruoso, con enormes garras y colmillos afilados.  De pelaje oscuro y con una flecha clavada en el cráneo. 

Es simplemente perturbador. 

Doy media vuelta y me acercó a una mujer que me duplica la edad. Cabello oscuro al igual que sus ojos y algunas arrugas visibles.

Al notar mi presencia levanta la mirada para poder verme a los ojos.

—Un día más con vida—dice con una sonrisa que en seguida noto que es fingida. 

Por mi parte, me cuesta mucho mentir,  por ello siempre procuro decir la verdad.  Aunque eso no siempre es lo mejor. 

—Quisiera que fuera lo mismo para ellos—le digo volteando a ver los cuerpos humanos sin vida.

El rostro de Marceline tiene un drástico cambio de expresión.  Pero luego noto que su sonrisa vuelve, aunque no tan emotiva como la primera.

—Al menos estarán en un lugar mejor.

Volteo para verla.  Aprecio mucho su compañía, ella ha estado conmigo desde que me rescataron de unos licántropos.  Es como mi segunda madre, sana mis heridas, se preocupa por que coma y arregla el daño en mis vestimentas.  También la consideró como una buena amiga.  De aquellas que saben cuándo preguntar y cuando no.

Las llamas de fuego llaman mi atención, dejó a Marceline y me acercó al abrasador fuego que consume los cadáveres humanos.  Distingo a varios hombres y algunas mujeres, lo que más me enfurece es ver los pequeños cuerpos de inocentes niños siendo consumidos por las llamas.

Ellos que comenzaban a vivir, crecieron en medio de la oscuridad y murieron de una manera tan cruel y despiadada.  Me quedo observando nada más, quizás Marceline tenga razón y ahora están en un lugar mejor. 

Me sobresalto al sentir una mano sobre mi hombro.  Volteo para encontrarme con su verde mirada. 

—Tenemos que irnos.

Vuelvo a ver el fuego una vez más para luego verlo a los ojos. 

—Esta cerca.

Sus cejas se funden confundido.

—¿Qué cosa? 

—El lobo, el de mis pesadillas.

Su rostro se relaja al entender de que hablo.  Más no deja de apretar los labios en señal de desacuerdo.  Suelta un suspiro y pasa una mano por su cabellera castaña que está un poco más largo de lo habitual.

—Jul, creí haberte dicho que lo olvidarás.  Solamente son malos sueños.

Voltea a ver a el resto que ha comenzado a irse. 

—Hay que andar o nos quedaremos atrás.

Evans camina esperando a que lo siga. No me gusta que me trate como una lunática.  Los sueños que he tenido se sienten tan reales, y ese lobo, es real.  No pude haberlo inventado.  



Mischelle Bonilla

Editado: 12.12.2019

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