Berlín y el chico desconocido (15+)

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Todo el mundo conoce a Prinmet.

Llegó a la escuela un mes después de clases, ya que sus padres se estaban mudando y acababa de llegar.

 

Berlín Prinmet solo tiene un hermano menor, Orlando Prinmet.

Berlín Prinmet tiene un novio perfecto, Domenic Miller.

Berlín Prinmet, no tiene amigas, todo el mundo la envidia.

Berlín Prinmet, quiere ser empresaria.

Berlín Prinmet... sólo quiere vivir.

 

Ahí iba caminando ella por los pasillos, su chófer acaba de dejarla en la entrada con un Mercedes Benz AMG S 65 Coupé.

Ningún chico se atrevía a hablar con ella, nadie quería tener problemas con Miller.

Todas las chicas tomaban nota, ese día... Prinmet vestía todo de Dior, salvo sus tacones Chanel y mochila de siempre, Michael Kors. Y Dolce de fragancia para el verano.

Nadie podía evitar ver a Prinmet, simplemente era hermosa.

Todos la miraban.

 

Los nerds.

Los frikis.

Los del americano.

Los lectores.

 

¿Y las más odiosas?

Las porristas.

 

En especial, Kim Gilbunn.

 

La ex novia de Domenic.

¿Quieren saber qué tan perra puede ser Gilbunn?

Hace dos meses, una chica había escrito una carta de amor para su actual novio—antes de que llegara Berlín— Kim se enteró y tomó la carta. Se paró en frente de toda la escuela con un micrófono y su espantoso uniforme de perrista... perdón porrista. Leyó la carta, al día siguiente en los baños de mujeres.

MIRIAM ES UNA ZORRA

Sí, les digo que la vergüenza y el odio hacia ella fue tanto, tanto que se suicidó cuatro días después.

Pobre chica.

Berlín Prinmet sólo estaba con Domenic por una razón: el bullying hacia ella paraba un 12% estando a su lado. Claro que lo quería, llevaban juntos un par de meses, de hecho, hoy cumplían un año. A los 7 meses ya habían planeado su vida juntos.

París.

Un husky.

Una casa con piscina.

Tres hijos.

Los Prinmet adoraban a Miller.

Ese día, después de clases, Domenic tenía entrenamiento. Berlín Prinmet era la única chica que estaba sentada en las bancas, mirando a los jugadores, esperaba a Domenic porque prometió llevarla a cenar hoy en su aniversario. Tomó el celular porque la lluvia de notificaciones no se hizo tardar y eso le fue extraño.

 

LOS OJOS DE BERLÍN SON VERDES COMO LA HIERBA.

 

BERLÍN HUELE A ORINA DE ZORRILLO.

 

BERLÍN ES UNA PERRA.

 

LAS BRAGAS DE BERLÍN ESTÁN ROTAS.

 

— ¿Nos vamos, bebé? —Alzó la cabeza asustada hacia Domenic, no se dio cuenta cuanto tiempo había pasado ahí, él llevaba su equipaje de americano en manos, estaba sudando y se veía muy sexy a través del sol.

No le dijo nada, sólo tomó su mochila y se encaminó hacia él rápido.

Berlín estaba decepcionada. Metía y sacaba su patata de la salsa de tomate.

Domenic Miller la había llevado a cenar a McDonald's, Domenic le había prometido mariscos caros la semana pasada.

Sabía que Domenic traía dinero, y a pesar de eso la trajo ahí.

Berlín se giró lentamente hacia Domenic.

Él ni siquiera había abierto su hamburguesa, estaba pegado al celular, sonriendo como estúpido, decía que eran chistes entre los del americano, y trató de creerle.

Berlín ignoró a su novio y miró al frente, vio a una pareja muy joven conviviendo juntos, entre risas y besos, nada de celulares.

—Mis papás quieren que vayas a cenar este fin de semana —le dijo mientras mordía la punta de la patata remojada.

Domenic la ignoró, de nuevo.

— ¿Domenic? —se estaba desesperando, medio restaurante los veía.

— ¿Hmm? — alzó su ceja, sin mirarla.

Tomó su mochila, sacó su cartera y tendió veinte dólares.

— ¡Vete a la mierda, Domenic!

Por primera vez la miró, estaba asustado, no por ella... sino del como lo miraba todo el lugar a él. 

Salió de ahí, y Domenic no se molestó, no la siguió.

No hubo ni un maldito "feliz aniversario, mi amor".

Nada.

Berlín había empezado a sospechar algo de Domenic.



MarnneRodd

Editado: 25.09.2018

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