Berlín y el chico desconocido (15+)

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Escuché la voz de Domenic abajo en la primera planta, pensé que mi mente jugaba sucio como siempre, pero no, Domenic estaba abajo jugando FIFA con Orlando en la sala mientras mamá hacia la cena.

Sonreí mientras lo veía desde mi habitación.

Arruinó nuestra cita, pero no la cena de hoy.

Hoy quería impresionarlo, hacia un par de meses que no me decía que estaba linda.

Me bañé y me maquillé con algo de Dior, una fragancia de CHANEL.

Sonreí malvada hacia mi vestuario, estaba perfecto.

Un corto y precioso vestido rojo con encaje de completo de seda. Domenic amaba este vestido. Deja ver un poco de mis senos con ese sujetador de Victoria Secret.

—¡Berlín baja a cenar, por favor!

—¡Ya voy, madre! —Le dije mientras me amarraba mis tacones a conjunto, pero mi cabello largo me lo impedía un poco, por consecuencia me volví a peinar el ante el espejo.

Ahora que me vea con aquellos grandes ojos esmeraldas y la boca pintada de rojo, había pasado tanto tiempo que no me arreglaba así, solo la primera vez que salí con Domenic, fuimos a comer pizza.

Me regalé una sonrisa, y bajé.

Mamá era muy buena cocinera, y quería impresionar a Domenic, a veces pensaba que lo quería más a él que a mí.

 

Berlín vístete bien para Domenic.

Berlín, Domenic necesita más vista de tus pechos.

Arréglate un poco más hija, estate linda para Domenic.

 

Todo Domenic.

 

Mamá me sonrió con complicidad y me regaló un guiño.

Papá sólo con su mirada decía toda su desaprobación.

Orlando se atragantó con su puré en la boca.

Domenic, seguía viendo su celular.

—¿No se ve hermosa, Domenic? —Mamá se dio cuenta, y llamó a Domenic, parece que ya no le agrado tanto.

Domenic nervioso porque mi madre le había hablado, me miró, de pies a cabeza.

—Sí, muy hermosa —menciono muy rápido para volver a su celular.

Eso no me gustó, no creí en sus palabras.

Me senté junto a él y en el momento en que lo hice apagó su celular con una sonrisa estúpida junto a él.

Tomó su primera mordida de la carne que había preparado mamá.

—Le quedó estupendo, señora Prinmet.

Mamá se llevó la mano al pecho agradecida, Domenic siempre le decía lo mismo, y siempre se emocionaba como la primera vez.

—Muchas gracias, Domenic; sabes que adoramos que vengas a visitarnos cuando quieras.

Me sentía sucia y estúpida, me había vestido para un chico. Un error muy grande. Joder.

Orlando me metió una patadita debajo de la mesa, siempre lo hacia cuando me veía distinta.

Se veía preocupado por mí, vaya, el primer chico que se preocupa por mí.

Le regalé una sonrisa mientras tomaba el tenedor. No me creyó. Y yo menos.

Mamá se fue a lavar los platos, Orlando se fue con unos amigos —no sin antes darme un beso en la frente y un llámame si necesitas algo— Papá se fue a hacer unos papeleos de su empresa.

Llevé a Domenic a mi habitación.

Necesitaba comprobar algo.

Entrando él cerré la puerta con seguro, se sentó en mi cama en la punta de ella con las piernas abiertas esperándome arriba de él.

Caminé hacia él y me senté, decía que le gustaba mucho mi trasero.

Lo bese, y él me siguió.

Coloqué mi mano por su cuello y fui bajando hasta su pecho duro y firme, me encantaba. Sus labios tenían olor a otro Yves Laurent. Casi derramo una lágrima.

Dejé sus labios para bajar un poco su camisa y besar su cuello, olía a chica. Olía a perrista.

Sí, maldito

Bajé la mano hasta llegar a su cinturón. Si reclamaba era porque algui...

—Berlín, bebé...

Cerré los ojos, dejando una lágrima llegar hasta mi mejilla.

Sí, maldito Domenic.

Lo mire con tristeza.

—¿Me estas engañando con Kim?

Se sobresaltó con el nombre, y parecía asqueado.

—¡Por qué carajos siempre la metes en nuestra vida, Berlín! ¡Entiéndelo, es mi ex!, ¡Tu eres mi novia, bebé!

Me dejo ahí, se fue y cerró la puerta. No le dije nada y no me dijo nada, no abrió la puerta de nuevo.

Me quedé en el piso llorando, con un vestido precioso, y una chica caída, con el corazón roto.

Sólo había una chica que usaba un pintalabios de Yves Laurent.

Sólo había una chica que usaba fragancia de Gucci.

Solo había una chica llamada Kim Gilbunn.

No lloraba por esa chica, lloraba por Domenic.

Teníamos mucho tiempo juntos, más tiempo que lo que ellos estuvieron, estaba llorando porque esta noche nuestros sueños futuros se estaban cayendo del cielo y yo no podía tomarlos todos a la vez. No podía tener un futuro con Domenic Miller.



MarnneRodd

Editado: 25.09.2018

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