Berlín y el chico desconocido (15+)

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El tiempo pasaba volando...

Berlín ya tenía 23 años, y no había vuelto a ver nadie de su familia.

Porque su familia solo era Damián... y el pequeño ser que habitaba en ella.

Berlín tenía dos meses de embarazo.

 

Si era niña, su nombre seria Helen.

Y si era niño, Dylan.

 

Nunca estuvo en sus planes embarazarse a esta edad, y mucho menos con un chico que no fuera Domenic. Berlín había aprendido algo en este lapso de su vida. No planees, deja que la vida te sorprenda.

Berlín Prinmet ya había planificado una vida con Domenic, y no salió como lo planearon, ¡Oh! Y tampoco importa los años en que lleve en una relación.

Berlín y Domenic tenían un año.

Berlín y Damián, meses... semanas cuando se enamoraron.

Los momentos favoritos de Berlín, era cuando ambos se acostaban y Damián sobaba su vientre, y hablaba con el bebé. En otras veces, le cantaba alguna canción, o solo sonaba la guitarra.

Todos los días había amor, risas y regañadas a Kiki.

A Berlín le gustaba sentarse en el sofá con un libro en manos y las piernas en una pequeña cubeta con agua tibia.

Damián era muy buen dando masajes. Masajeaba su cuello, sus pies o su espalda. Claro, no olvidando los besos de improvisto.

Damián le había regalado un anillo de compromiso a Berlín. Eso fue en una cena romántica, hace un par de meses. Berlín tomaba libremente de su bebida, pero cuando se la termino se dio cuenta que algo había adentro, ella asustada la abrió, tal vez se le vino a la mente que era un animal muerto o algo así, pero no.... era un anillo de compromiso para Berlín.

Damián se había puesto de rodillas a su lado, derramando un poco de salsa en el mantel por la velocidad que Berlín había abierto el vaso.

Ese día, Berlín lloró y rio como nunca.

Berlín y Damián iban a su país favorito, donde iba a quedarse a vivir el resto de sus vidas, o bueno... eso habían dicho ellos, tal vez cuando nazca el bebé cambien de parecer.

Canadá.

Yellowknife, Canadá.

Querían ver juntos por primera vez las auroras boreales.

Tenían música de Pink Floyd a todo volumen, mientras empacaban todo. Hoy salían a tomar su vuelo.

Berlín solo está enamorada.

Y, cuando uno está enamorado... nada es imposible.

Berlín iba a dejar todo su pasado ahí, se iba a ir lejos de todo y de todos. Lista para una nueva vida... junto al amor de su vida.

Iba a dejar de ser la Reyna de zorras para ser una mamá.

 

Oh bueno... eso pensaba ella.

Berlín estuvo a un par de minutos de ser feliz. Solo a unos cuantos.

Si tan no hubiera tardado tanto en bañarse...

 

Tocaron la puerta cuando Berlín ya había terminado su segunda maleta, era la última.

Damián fue a abrir, tenía una camisa Armani azul remangada hasta los codos. Damián se había hecho un hombre.

Abrió la puerta solo un par de centímetros, cuando del lado contrario la abrieron salvaje, tomaron a Damián y lo dejaron pecho bajo tierra y lo esposaron por el área de la nuca.

Me sobresalté, y unos hombres entraron después encapuchados y con armas listas para disparar.

Era la policía.

Miré de nuevo a la puerta.

Mamá...

Mamá tenía las manos juntas alrededor de su boca con lágrimas alrededor de ella.

—¡Hija mía! —Corrió hacia a mí.

Que mujer tan hipócrita.

Me abrazo tan fuerte que lastimo un poco mi vientre, no le mencioné nada.

Solo lloraba por ver a Damián. Me miraba con un par de mechones castaños cubriéndole los ojos. Y tratando de regalarle una sonrisa de todo estará bien.

Damián Flavvethe había hablado de esto con Berlín Prinmet.

Que, si un día venían por él, que dijera que sí.

Que ella había sido secuestrada por él, que fue privada de su libertad.

Damián sabia de la familia que era Berlín.

Él sabía que, si se diera a conocer un poco lo suyo, las empresas de su padre caerían en lo más bajo, y por consecuencia, eso le afectaría a ella.

La dignidad antes que el amor.

Damián no quería perjudicarla, quería darle todo

Y si él se iba, le estaba dando todo...

Damián le sonrió mientras lo llevaban como un animal, no iba a ser débil frente a ella. Ni frente al bebé.

Berlín no quiso dejar de verlo, pero fue así, cuando salió por la puerta.

 

No volvió a saber nada de Kiki.

 

Pero escucho su último parloteó y eso le destrozo hasta donde no.

—¿Damián?... ¿Berlín?, ¿Mini Damián, mini Berlín?

 

...Kiki, do you love me? Are you live?

 

Berlín había hecho tantas cosas a sus 23 años.



MarnneRodd

Editado: 25.09.2018

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