Besos con sabor a verano ©

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Capítulo Diez: Lo bueno dura poco. +18

Día número doce, y ya está entrada la tarde, mis manos tiemblan por causa del nerviosismo, es por eso que me cuesta maquillarme. April lo nota y con una cálida sonrisa me ayuda.

— ¿Estás segura de lo que vas a hacer? — Me extiende el hermoso vestido rojo para que me lo pruebe.

— Totalmente. — Sonreí.

Tomo el vestido que más me gustó, es vinotinto y muy ajustado, tres cadenas doradas separadas están adornando la desnudez de mi espalda, el escote es recto, unos tirantes de color dorado dan un toque chic y hermoso. Decidí utilizar unos tacones no muy altos de color dorado, mi cabello suelto y con ondas completaban mi look.

— Te ves muy hermosa. — Halagó mi prima. 

— Gracias. — Caminamos hasta la entrada del hotel, los chicos nos estaban esperando, contuve el aliento al ver a Kalet tan atractivo. Una camisa manga larga de color azul oscuro hacía resaltar sus hermosos y cautivadores ojos que brillaron al verme. Unos pantalones no muy ajustados con unos zapatos de vestir negros.

April a mi lado con un lindo vestido rosa, habló primero. — Mierda, se ven calientes.

Evan de verdad se veía muy guapo vestido absolutamente de blanco. Nos sonrió y silbó.

Kalet por su parte, se nos acercó con una sonrisa, le dijo a April que era una vista muy encantadora, a mí, en un susurro cerca de mi oído, dijo que era la mujer más preciosa que sus ojos han tenido la fortuna admirar, luego de  eso, besó delicadamente detrás de mi oreja. Decir que me derretí, es poco.

El restaurante al que fuimos era hermoso, lujoso y llamativo, la cena estaba deliciosa, y el postre exquisito. Al terminar de cenar caminamos un poco por los alrededores, discretamente April y Evan se despidieron de nosotros. Kalet tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos, en el camino hablamos de tantas cosas, tan importantes y tan tontas. En un momento, me entregó una cajita, en ella, un hermoso collar con dije de corazón, es de oro blanco y en la piedra del centro un rubí, muy hermoso aunque me pareció súper costoso.

— No debiste molestarte. — Dije sonrojada.

— Es por tu cumpleaños. — Se encogió de hombros restándole importancia. — No podía no regalarte algo.

— ¿Por qué no?

— Soy muy detallista, me encanta buscar cosas para regalar, creo que es algo que me inculcó mi madre, juntos pasamos horas en la búsqueda del regalo perfecto, nos debe recordar a esa persona para poder dárselo.

— Gracias Kalet. — Me acerqué y nos besamos dulcemente, sorpresivamente ni él no yo pasamos más allá de un roce de labios.

— Vámonos Kalet. — Susurré contra sus labios.

— ¿Dónde quieres ir, Aspen? 

— A un sitio donde puedas darme mi otro regalo de cumpleaños. 

Su respiración se aceleró y no dudó en replicarme. — Eres audaz, sirena.

***

Llegados a la puerta de su habitación, yo me sentía un poco nerviosa. Kalet rozó mi espalda ocasionando que mi piel se erizara.

— Aspen, ¿de verdad estás segura de ésto? Si te arrepientes y quieres irte, lo entenderé perfectamente.

— ¿De verdad lo entenderías? — Respondí retándole con la mirada.

Él clavó su mirada en la mía y sin ningún tipo de titubeo, respondió. — Prefiero mil veces pasar por la frustración de haber perdido un encuentro sexual a sentir que me aproveché de una mujer... por eso repito... ¿estás consciente y segura de lo que va a suceder entre nosotros si entras, verdad?

— Sí, lo sé. Y sí quiero entrar a tu habitación, Kalet.

Entramos en ella y lo que vi me dejó sorprendida, rosas rojas por todas partes, algunos globos en forma de corazón adornaban toda la habitación. Mientras que la luz estaba tenue, un ambiente muy romántico.

— Sí que sabes como hacer sentir a una chica especial. — Comenté al sentirlo en mi espalda, su aliento rozando mi oreja, y sus manos acariciando levemente mi cintura. Con ganas de bromear pregunté. — ¿Dónde está la champaña que va con la decoración?

— Nada de eso, sirena. — Respondió con voz profunda. — Te quiero atenta a todo lo que va a ocurrir, sin un toque de alcohol en tu cuerpo, ya te tomaste una en la cena. Pero ahora serás mía y espero que recuerdes con exactitud cada momento de esta noche.

Me giró y unió sus labios con los míos, este es un beso caliente y puramente sexual, las yemas de sus dedos tocaban la parte desnuda de mi espalda. Lo llevé hasta la puerta haciéndolo recostarse en ella, mis manos buscaban su abdomen, se posaron y acariciaron allí largo rato. Cuando se cansó de que yo tuviese el control me giró pegándome a la puerta, no tuvo reparo en bajarse un poco y acariciar mis piernas, subió lentamente mirándome con una sonrisa pícara, sus manos subieron la falda de mi vestido hasta mi vientre y volvió a besarme nuevamente de manera más lenta y seductora, tomando mi pierna izquierda la levantó y colocó al lado de su cadera, eso hizo que se presionara contra mí. Un bulto imposible de ocultar se presionó en mi centro, gemí en sus labios.



Carolina_Silva212

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En el texto hay: comedia, erotico, drama

Editado: 09.08.2019

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