Besos con sabor a verano ©

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Capítulo Doce: Por fin se dijo.

Papá está retorciéndose las manos de manera compulsiva, su nerviosismo  evidente, está tan pálido como la camisa blanca que trae puesta, su mirada fija en April. 

— Yo... — Empieza a hablar él. —... debo decir que es una gran sorpresa. — Sus ojos verdes pasan de nosotras a mamá sentada a su lado tan tensa como una cuerda. — No sabía la existencia de algún novio, April.

La rubia se endereza en su asiento, con las manos temblando. Todos estamos sentados en los sofás negros de nuestra sala, viéndonos cara a cara. — Tío Robert... no tengo novio. Fue en las vacaciones de verano. 

Papá dio un respingo. — Oh... ¿Evan o Kalet? — Al escuchar el nombre del hombre por cual que mi corazón se derrite, me enderecé. Mi mamá me mira y algo cruza por su mirada... entendimiento y certeza de lo que ocurrió entre él y yo.

— Evan. — Los ojos de April vuelven a llenarse de lágrimas. — Yo lo siento tanto, oh Dios. Por favor, no me odien, les pido perdón. — Sus sollozos empezaron a incrementarse. — Perdón, por favor. Yo... siento todo ésto. Me iré de la casa, no se preocupen, que ya no los cargaré más con mis problemas, pero les suplico que no me odien. — Estaba tan mal, tan desgarrada. Creo que la única vez antes que la vi tan destrozada fue cuando éramos niñas, en la sala de hospital después de declarar a sus padres muertos. La abracé de un lado tratando de darle apoyo emocional.

Papá abrió los ojos sorprendido, con prontitud se acercó a nosotras para abrazar fuertemente a April, yo me aparté mientras él le susurraba al oído palabras dulces para tranquilizarla, una vez calmada, papá habló. — No te odiamos. Cariño, por favor no pienses eso. Jamás te odiaría por más errores que cometas, eres mi hija, mi dulce muñequita rubia. — Al decir eso, los ojos de mamá se llenaron de lágrimas, ella todavía estaba sentada en una silla, tan tranquila que parecía una estatua. Papá continuó hablando. — No te voy a negar que esto es un giro monumental a lo que tenía planeado para tu futuro, y sí, me siento herido, me siento mal y decepcionado porque opino que estás muy joven para esta responsabilidad. Pero confío en que ayudé a criar a una chica fuerte que sabe hacerse cargo de lo que le corresponde, a una valerosa guerrera que será capaz de enfrentarse a lo que sea y aprender a vivir con este cambio.

Parpadeé para disipar las lágrimas a causa de tan emotivo momento.

Mamá se puso de pie, su falda tubo negra bajó un poco a sus rodillas, quitó una pelusa invisible de su hermosa blusa azul y habló. — Como dice Robert, no te odiamos, lo que te ocurrió es algo que a cualquiera le puede pasar. — April la miraba con expectación.

» Por otro lado, tienes veinte años, próximamente veintiuno, no eres una niña, April, ni por un momento he llegado a pensar que me fallaste a mí en ningún aspecto.

» No tienes, ni debes irte de aquí, esta es tu casa, aquí está tu familia, porque eso somos, tu familia. Ten por seguro que ni tú, ni el bebé que viene en camino, serán rechazados o dejados a un lado, ¡eso ni pensarlo! Ambos son parte de nosotros siempre.

» No tengo nada que perdonarte, es tu vida, nunca he sentido que seas una carga para mí, tampoco una huerfanita invasora que mete la pata. — Eso salió con ira, mi madre despreció esas palabras de April. Pero después de eso, su semblante decayó como si no tuviese fuerza. 

April se soltó de papá y trató de acercarse a mamá, pero ella se alejó, diciéndole con un gesto de sus manos que no la interrumpiera. — Sé que no soy tu madre, April. Pero te juro por todo lo sagrado que te amo como si lo fuese. Nunca me he planteado sustituir a tus padres, tampoco deseo que los olvides, espero que siempre los tengas en tu corazón y los ames. — Mamá la miraba fijamente con dolor.

» No me decepcionó la noticia de tu embarazo, esas cosas pasan, pero si hubo algo que me destrozó el corazón enormemente fue escuchar de tu boca como nos dejabas a un lado, como le escupiste en la cara a la que te considera su hermana el hecho de que nosotros somos sus padres y no los tuyos. — Mi corazón se rompió un poco, porque sí, eso fue muy duro de escuchar. — Nunca tuve ni excepciones ni favoritismos, siento que las amo por igual. La realidad de ver, que no confiaste en ese amor tan inmenso que te tengo es lo que me carcome, y soy yo la que te pido perdón si en algún momento te has sentido tan degradada que no consideras esta casa tu hogar. Quiero que sepas que no habrá reproches, y cual sea tu decisión, espero que tomes en cuenta que en ningún lugar estarás mejor que aquí, donde te amamos incondicionalmente, sin importar lo que hagas o digas.

Escuché un sollozo y noté con tristeza que era mío, es increíble lo mucho que las lágrimas han embargado a los integrantes de esta casa.



Carolina_Silva212

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En el texto hay: comedia, erotico, drama

Editado: 09.08.2019

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